El arte de la felación

Ilustración: Ricardo Fumanal

Por Josep Tomás

Hace unos años, en el programa ‘Me lo dices o me lo cuentas’ nos pasó algo muy gordo. Tanto, que está colgado en Youtube desde hace tiempo y su protagonista debe estar maldiciendo la hora en la que decidió ir a la tele.
La anécdota la protagonizó una chica que vino al programa a preguntarle a Lorena Berdún cómo debía realizar correctamente una felación a su pareja, puesto que él siempre se quejaba del daño que le hacía. Cuando la chica llegó a los estudios de Telemadrid nos dimos cuenta de la dimensión del problema: su dentadura era tremendamente aparatosa. Ni qué decir tiene que en cuanto salió al aire su testimonio, el ataque de risa del público de plató fue mayúsculo.
Los problemas de ortodoncia suelen despertar la crueldad de los demás, sin duda. Sin embargo, a mí me pareció un acto muy valiente que la chica se atreviera a exponer en público sus problemas en esas artes, sobre todo teniendo en cuenta la mala prensa que siempre ha tenido la felación entre la población en general, desde los albores de la Humanidad. Para hacernos una idea, incluso los romanos, con lo que eran, consideraban la felación como una práctica indigna para un ciudadano.
Como explica Alfonso Cuatrecasas en su obra ‘Eros en Roma’ toda práctica sexual que implicara la pasividad (en este caso dar placer con la boca) estaba muy mal vista socialmente. De hecho, uno de los peores insultos que te podían decir en el foro era ‘irrumabo te’, textualmente, ‘haré que me la mames’… De todas maneras, para las romanas, la felación era un auténtico señuelo para captar clientes. Muchas de ellas masticaban hojas de menta antes de entrar en materia para dar más placer a sus clientes. El clásico contraste frío-calor que algunos siguen practicando con unos enjuagues de elixir Licor del Polo. Vamos, que está todo inventado.
En algunos grafittis descubiertos en Pompeya se puede leer: «Lais la chupa por dos ases» o «Félix la chupa por un as»… Vamos, como la página de contactos de cualquier periódico actual… Bueno, ahora le llamamos beso francés. A este respecto, hay que aclarar que el ‘french kiss’ anglosajón es el beso con lengua o morreo de toda la vida. ¿Por qué en castellano a la felación se la denomina francés? No sé, quizás se deba al espíritu del 2 de mayo tan arraigado en nuestro inconsciente colectivo. O puede que la causa sea la tradicional identificación de todo lo ‘francés’ con un erotismo elaborado y desatado. No en vano, la estimulación oral de los órganos masculinos no ha sido algo muy frecuente en muchos dormitorios hasta hace cuatro días… Sea como sea, y ya que me he levantado didáctico, la felación es sólo una de las diferentes modalidades del oral. Los entendidos en la materia también hablan de la irrumación. La diferencia entre ambas se debe al rol pasivo o activo de quien realiza la estimulación oral de los genitales masculinos. Si mantiene una actitud activa, se trata de una felación. Si se limita a abrir la boca, dejando que sea el dueño del pene el que se mueva, estamos hablando de una irrumación.
Personalmente nunca he creído demasiado en ‘manuales tipo Aprenda alemán en 7 días’, sobre todo cuando se trata de cuestiones sexuales. Aunque está bien tener una buena base, este tipo de divertimentos se aprenden, sobre todo, practicando. Sin embargo, para los más inquietos en cuestiones orales, les recomiendo la lectura de ‘El arte de la felación’, del sexólogo francés Mark Emme (seudónimo de Christian Boisson-Jacob), una auténtica eminencia en este campo en el país vecino. Se trata de una completa guía de posturas orales con nombres tan poéticos como Cibeles, Agripina, Artemisa o Cleopatra, por cierto, una extraordinaria felatriz según la historiografía más apócrifa.

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