Marcar paquete

Por Josep Tomás

De la manera más tonta. Como quien no quiere la cosa. El otro día estaba yo navegando por la Red, una de esas tardes en las que simplemente te dejas llevar sin buscar nada en concreto cuando, de pronto, el título de un vídeo me llamó poderosamente la atención: ‘Big Sarko’.

Sabiendo cómo se las gasta Nicolás Sarkozy y su reconocida afición a montar pollos, pensé que se trataba de alguna de las clásicas salidas de tono del presidente francés durante una entrevista o en la inauguración de una feria agrícola. También me pasó por la cabeza que quizás se trataba de un discurso vibrante del señor Bruni, durante la última campaña electoral, lleno de orgullo, patriotismo y ‘grandeur’.

Ya, todo esto lo pensé mientras se cargaba el vídeo. Definitivamente, tengo que comprarme un ordenador, porque el que tengo va a pedales… En fin, en cuanto sonó el consabido clic y empezaron a sucederse las imágenes, me quedé de pasta de boniato. Sí, en el vídeo se puede apreciar cierta ‘grandeur’. Concretamente de bajos. Los del señor Sarkozy. Aquí os lo dejo.

Juzgad por vosotros mismos e imaginaos por qué Carla Bruni sonríe tanto y canta tan bajito. Será para no despertar a la bestia, digo yo.

Además de alucinar con que alguien se haya dedicado a poner fondo musical de película de acción al descenso de la pirámide de Sarkozy y su baguette-entrepierna, no deja de sorprender la afición por marcar paquete de muchos hombres. Incluso estadistas de talla internacional, como es este caso. Por supuesto, en aquellos hombres en los que la naturaleza ha sido más generosa, hay formas y bultos que son difíciles de evitar. Sin embargo, con no ponerse unos pantalones muy ceñiditos, problema solucionado. Se conoce que Nicolás Sarkozy hacía tiempo que no salía de excursión, en plan ‘sport’, y los vaqueros le han quedado estrechos por culpa de tanta cena oficial.

En la actualidad, entre los especímenes más jóvenes del masculino no se lleva nada marcar paquete. De hecho, la estética imperante y mayoritaria consiste en llevar unos pantalones tres tallas más grandes, caídos a medio culo y con los calzoncillos más arriba de la cintura (tipo Julián Muñoz). Sin embargo, hasta hace pocos años, marcar paquete procedía. Sobre todo si eras ‘heavy’. Yo tenía unos vaqueros en los que me tenía que embutír pegando botes. Todavía no sé cómo no se me gangrenaron las piernas. O me dio una embolia. Lo que sí recuerdo perfectamente es la incomodidad y la tortura atroz que suponía llevar esos pantalones (además, manchados de lejía, para desazón y berrinche de mi señora madre). Por suerte, gracias a mis dimensiones genitales más modestas que las de ‘Big Sarko’, apenas provocaron desmanes o desórdenes públicos durante mi turbulenta pubertad.

La época dorada del paquete marcado hay que situarla en los años 70 del siglo pasado. La revolución y el aire de libertad imperante en aquellos años contagiaron inmediatamente al mundo de la moda, subiendo faldas, vaporizando tejidos y, en el caso de los hombres, marcando genitales. El resultado estético, a años vista, no sólo es dudoso sino que en algunos casos incluso es cómico. Basta recordar a los cantantes melódicos de aquella época (Pablo Abraira, Juan Bau o el mismo Camilo Sesto), cantándole al amor de manera sentida, con unas protuberancias inauditas a la altura de la entrepierna. ¿Quizás se ayudaban de un calcetín para conseguir tales espectaculares efectos visuales? No se sabe. La moda tiene estas cosas.

A pesar de todo, algo parece indicar que el tema del paquete vuelve a estar de moda, después de la epidemia metrosexual y andrógina de los últimos años. En la Red es posible encontrar entusiastas del paquete masculino, como los responsables de esta página. La galería de fotos de famosos es inenarrable. Incluso está George Bush, el día que se disfrazó de aviador para anunciar que se había acabado la guerra de Irak. Marcaba paquete. También hay que destacar que algunos fabricantes de ropa interior masculina han creado unos slips cuya característica fundamental es que realzan la genitalidad del usuario gracias a su diseño. Todo para arriba, que decía Paulina Rubio. En cualquier caso, no está de más recordar que una ropa interior o unos pantalones excesivamente ajustados pueden dañar seriamente la capacidad fertilizadora del hombre debido a la temperatura elevada a la que se somete a los testículos. De todas maneras, estoy seguro que la fertilidad no es la máxima preocupación de los potenciales compradores de estos calzoncillos. Creo.

¿Y las mujeres? Pues también marcan paquete. O pueden hacerlo. En este caso, los anglosajones llaman al fenómeno ‘camel toe’ (pezuña de camello) y parece ser que también goza de muchos seguidores y practicantes. Al menos, para ir a la playa. Cuestión de poderío. Ah, y en esta web venden unas prótesis estupendas para marcar pezuña. Si es que está todo inventado…

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