La Policía protege a 20 extranjeras víctimas de la explotación sexual

Cometen uno de los peores delitos que se contemplan. Se sirven de engaños y falsas promesas para captar a las víctimas, que quedan a merced de sus carceleros. El tráfico de personas está íntimamente relacionado con las redes de inmigración ilegal que se dedican a la explotación de jóvenes extranjeras. Un delito que se persigue desde el Grupo Operativo de Extranjeros (GOE) del Cuerpo Nacional de Policía, que en los últimos tres años ha dado custodia a 20 testigos protegidos en Gijón. Mujeres que se decidieron a denunciar los abusos que estaban sufriendo, actitud que no es habitual debido al temor que les infunden a las víctimas sus captores.

El pasado año, los agentes lograron desarticular dos redes que operaban en el municipio y que llevaron a prisión a 11 personas. La operación Dora , que tuvo lugar en el mes de abril del 2008, se puso en marcha tras la denuncia presentada por los padres de una joven rumana ante el posible secuestro de su hija, de 19 años. Tras la voz de alerta, los policías descubrieron que las sospechas eran ciertas y un grupo –integrado por tres hombres y otras tantas mujeres– obligaba a la chica a ejercer la prostitución. La víctima, a la que controlaban las 24 horas, había sido captada en su país de origen por un conocido suyo, que le había prometido encontrar un puesto de trabajo dentro del sector de la hostelería en España.

MODUS OPERANDI La manera de actuar es similar en todas las redes de inmigración ilegal centradas en la prostitución. Así, la otra banda desarticulada en Gijón el pasado año –dentro de la operación Costa , que se saldó con cinco detenidos– también seguía el mismo modus operandi que la primera. Según explica el inspector jefe Alperi, responsable del GOE, el miembro más importante de la red es el captador, que se encarga de localizar a las mujeres, proporcionarles la documentación necesaria y el billete de avión, así como de ponerse en contacto con los receptores, es decir, las personas de la organización que recogerán a las víctimas en el aeropuerto. Las técnicas para localizar a chicas van desde abordarlas en la calle y clubes de hasta el boca a boca y anuncios en prensa.

Hace años, existía el pasador, que acompañaba a las mujeres en el viaje, pero esta figura casi ha desaparecido por el peligro de que las víctimas alerten, durante el vuelo, del engaño. Una vez en el destino, entran en juego los propietarios de los clubes donde se ejerce la prostitución. Los integrantes de la red le comunican a las chicas que han contraído una deuda por el viaje y les retiran la documentación, así como lo que van ganando. La cantidad, que suelen pagar en tres meses, varía en función de las nacionalidades.

Así, las brasileñas tienen que pagar entre 2.000 y 3.000 euros, mientras que las nigerianas hacen frente a una deuda de unos 36.000 euros. El inspector jefe Alperi asegura que la mayoría de estas mujeres están coaccionadas o bajo diversas amenazas, como la de matar a sus familias –en el caso de las brasileñas– o el vudú –práctica temida por las nigerianas–. «Las hay que saben que van a , otras no. A algunas mujeres las engañan con el dinero que cobrarán y a muchas no las dejan marchan al pagar su deuda», explica Alperi. Pero todas tienen el mismo derecho a su protección.

Fuente: http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=467996

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