Italia: Un impuesto al sexo explícito


Si el papa Julio II gravó fiscalmente a las de Roma para la construcción de la actual basílica de San Pedro del Vaticano, el Gobierno conservador italiano de Silvio Berlusconi no se ha quedado corto. El material pornográfico que se produzca en la Península pagará un impuesto del 25%. Pero el mercado anda revuelto, porque el decreto del Ejecutivo afecta a la prensa en general y a revistas especializadas, DVD, publicaciones de regalo y “cualquier obra literaria, teatral y cinematográfica, audiovisual o multimedia” en la que estén presentes imágenes o escenas que contengan “actos explícitos” y no simulados entre adultos concordes.
Habrá que preguntarse si el entre Marlon Brando y Maria Schneider en Último tango en París fue de mentira o de verdad, ya que los muslos de ambos ocultaron la respuesta. Habrá que ver también qué sucederá con el Kama Sutra. La lista es inagotable. ¿Qué hacer con la reproducción de la escena del Nuevo Reino del Museo Egipcio de El Cairo? ¿Y con las pinturas murales etruscas de Tarquinia, y las romanas de Pompeya, y la escena de Leda y el cisne de Erculano? ¿Y Rembrandt con su Cama francesa? ¿Dónde se colocan la Virgen autosodomizada de Dalí o las Amigas de Gustave Courbet? ¿Y las mil editoriales que reproducen obras de arte de la historia universal con sexo explícito y muy explícito, y las casas de subastas de material ? ¿Y los calendarios ilustrados sobre cómo hacerlo de forma diferente durante los 30 días del mes o los 365 del año? Se dirá que son pinturas y no “adultos (vivos) concordes”. ¿Que ocurrirá entonces con las novelas, que son
“obras literarias”? ¿Pagará Michel Houellebecq por el sexo mecánico de La posibilidad de una isla? ¿Y Phillip Roth por Everyman? ¿Qué hacer con el Moravia de Él o el de Ella, o con el Pasolini de Sodoma y Gomorra?
Hay quien afirma que tal vez habría engordado mejor las arcas públicas legalizar la prostitución y cobrarle impuestos, porque, así las cosas, el Gobierno se ha metido en un berenjenal. Los italianos se preguntan si el Ejecutivo nombrará ahora a un inspector para que, en los rodajes, visualice in situ si se trata de sexo real o de astuta ficción. ¿Producirá reglamentos detallados sobre qué es sexo real en una pintura, novela o película? Una eyaculación precoz, ¿cómo será considerada? ¿Deberá intervenir Bellas Artes para decidir si una escena es arte y otra no? Tal vez la nueva tasa llevará el duro a la clandestinidad completa y a la evasión total. Y el sexo en internet, ¿lo gravará el fisco de Roma aunque sea de importación, en cuyo caso con inéditos filtros aduaneros?
Los editores del sector creen que, en busca de dinero para taponar la crisis, el Gobierno quería tasar solo la pornografía, pero al soslayar unas obvias acusaciones de moralismo ha puntualizado tan concretamente el nuevo ámbito impositivo que resulta de imposible aplicación. ¿Pagará también la tasa Berlusconi, patrón de una gran editorial, por publicar las novelas de Gerard de Villiers sobre el agente secreto SAS, repletas de escenas de sexo explícito, algunas francamente originales?

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=589550&idseccio_PK=1007&h=

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