
La prostitución en las calles Cervantes, Pelayo y Villar tiene los días contados. La ausencia de mujeres jóvenes, en beneficio de la Alameda o la periferia, y la progresiva rehabilitación del casco histórico han puesto cerco al futuro de los cinco bares de alterne que quedan, lejos de aquellos 20 locales con 200 prostitutas de hace años.
Las prostitutas apenas aparecen por el lugar porque no hay clientes y éstos no van porque no encuentran lo que buscan. Es la pescadilla que se muerde la cola. Esa es la nueva realidad de los cinco bares de alterne que quedan en las calles Villar, Cervantes y Pelayo, el corazón del viejo ‘barrio chino’ de Ourense.
Este lugar, en el casco histórico de la ciudad, albergaba más de 20 bares hace tan sólo 10 años, y en ellos llegaron a contabilizarse hasta 200 mujeres dedicadas a la prostitución. El viejo negocio comenzó a extinguirse con la llegada del PERI para la zona monumental y el inicio de una etapa de rehabilitación que ha arrinconado el barrio chino hasta provocar su práctica desaparición, en beneficio de clubes de la periferia y de puntos de prostitución como la Alameda do Concello.
Ahora, en los cinco bares trabajan unas 10 mujeres, la mayoría de edades superiores a los 50 años. Dos de ellos abren hasta el amanecer pero el resto, curiosamente, cierra al llegar la noche. ‘Esto ya no es lo que era’, relata una de las trabajadoras del llamado oficio más viejo del mundo.
En el lado de los clientes, Adolfo, uno de los clásicos en estos bares, recuerda que hasta la llegada de la fiebre rehabilitadora ‘había muchas mujeres para escoger, pero ahora siempre son las mismas’; además, las obras de recuperación de edificios cercanos limitan el trato entre cliente y prostituta porque ‘los obreros están siempre pendientes de quien entra y sale’, dice este cliente habitual.
La verdad es que al ponerse de moda el casco histórico como barrio residencial, el ‘barrio chino’ acabará por desaparecer. Esa es, desde luego, la intención de la Tenencia de Alcaldía, que lidera la rehabilitación. De hecho, técnicos municipales ya se reunieron en diferentes ocasiones con las propietarias de los locales para negociar un cierre de los mismos o su reconversión en mesones y bares de tapas, de acceso para todo tipo de clientes. ‘Temos un amplo proxecto para ese entorno aproveitando As Burgas, no que encaixa a actividade de mesóns pero non a de bares de alterne que se desenvolve neste momento’, precisaba recientemente el propio Alexandre Sánchez Vidal.
El teniente de alcalde explicaba que algunos de estos bares son alquilados por un largo período de tiempo, por eso negocian con los arrendatarios para un cese de la actividad ‘ordenado, que respete os seus dereitos e favorecendo a súa integración noutra actividade’; os servicios sociais do Concello xa traballan no tema’, señala.
El departamento municipal que dirige Sánchez Vidal tiene previsto instalar en esta zona y su entorno una oficina de la Policía Local, un centro cívico, ya en construcción, el de nuevas tecnologías y hasta un hotel de cuatro estrellas, aparcamiento para vehículos y 300 viviendas para jóvenes. ‘Todo está contemplado no Plan estratéxico de termalismo, que convertirá esta parte do casco antigo nun dos mellores barrios da cidade’, incompatible, claro, con los locales de alterne, reconoce el concejal.
Pero es que, además, en los últimos años el ya escueto ‘barrio chino’ atrajo a personas con problemas de drogadicción, que también ejercen la prostitución, también la masculina, como fuente de ingresos para adquirir más estupefacientes. Y ‘eso non o podemos consentir’, advierte Sánchez Vidal. ‘Parte das mulleres que quedan alí son boas persoas, que se adican ó seu, que ata fan de nais e ás que hai que respetar e defender. Pero a chegada doutro tipo de xente debe ser cortada de raíz e por iso optamos por abrir no lugar unha oficina da Policía Local’, explicaba el teniente de alcalde.
La Alameda, el ‘futuro’ de la prostitución callejera
Mientras, en la Alameda do Concello cada vez es mayor el número de mujeres que se prostituye, aunque el invierno merma la afluencia tanto de ellas como de los clientes. La actividad comienza al caer la noche pero allí no hay bares, se trabaja al aire libre y eso gusta a muchas porque ‘lo que ganas es para tí, no pagas comisiones’, explica Marisa una de las mujeres más habituales en la trasera de la Alameda. Sólo en una noche puede obtener 70 euros por vender su cuerpo o llegar hasta los 200 si hace buen tiempo. ‘Depende de los clientes, pero se gana más que en el barrio chino. Allí ahora no hay nadie, no van los clientes’, asegura.
Fuente: http://www.laregion.es/noticia/81954/Ourense/barrio/chino/cierre/mesones/








