La poesía de Safo


En la isla de Lesbos en la antigua Grecia, existió una especie de escuela o academia, al estilo de la Platón, en la que se enseñaba arte, canto, danza y literatura, a un grupo de mujeres jóvenes. Este centro fue creado por la poetisa Safo, poeta lírica griega cuya fama hizo que Platón se refiriera a ella dos siglos después de su muerte como la décima musa.

No hay muchos datos biográficos fiables de Safo, pero se coincide en que perteneció a la aristocracia de la isla de Lesbos, donde nació (probablemente en Mitilene) y vivió casi toda su vida, excepto por un periodo que pasó en el exilio por luchas políticas internas. Fue contemporánea del poeta lírico Alceo, de quien se supone fue su amante, y de Stesichorus. También se dice que se casó con un hombre rico de la isla de Andros y que tuvo una hija llamada Cleis. Si se sabe que vivió hasta la ancianidad ya que en su últimos textos se describe a si misma como una anciana apacible.

Dedicó su vida a esta escuela en la que las chicas aprendían distintas disciplinas artísticas y de ella se dijo que mantuvo relaciones sentimentales con algunas de sus alumnas. Se conservan odas dedicadas a muchas de ellas que Safo les componía cuando iban a dejar la escuela para casarse. De estos hechos proviene la palabra y , ya que la escuela estaba en Lesbos.

En la poesía de Safo, la sensualidad, el deseo y la religión se confunden en un afán de búsqueda de un nuevo valor opuesto a los tradicionales: la belleza. Su poesía, y delicadamente carnal, es una de las expresiones más sorprendentes de la Grecia preclásica.

Safo y su compatriota Alceo son considerados los máximos representantes de la poesía griega arcaíca. De su obra, que al parecer constaba de nueve libros de extensión variada, se han conservado algunos Epitalamios, cantos nupciales para los cuales creó un ritmo propio y un metro nuevo, que pasó a denominarse sáfico, y fragmentos de poemas dirigidos a algunas de las mujeres que convivían con ella. Su composición más importante fue el Himno a Afrodita:

¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y tedio
Ruégote, Cripria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado. (*)

(*)traducción extraída de la wikipedia.

http://historiadelsexo.marqueze.net/2009/03/la-poesia-de-safo/

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