Entre las 5.083 muchachas prostitutas que , según Parent Duchatelet, existían en París en 1839 , había 285 sirvientas seducidas por sus amos y arrojadas después a la calle . Había comisionistas , oficiales y estudiantes que depravaban a las jóvenes llegadas de provincias o del campo y se las llevaban a la capital, en donde las abandonaban y eran recogidas por la prostitución Duchatelet cifraba su número en 409. En todos los grandes centros industriales , en Reims, en Lille, especialmente , había compañias organizadas para el reclutamiento de los burdeles de París . La obra documental Condición de los obreros , de M. Villermé , recoge estos y otros hechos igualmente explicativos. Se podía ver a los rufianes apostados a la entrada de los talleres , acechando los tiempos de escasez de trabajo y de penuria, los días de desesperación y de enfermedad — apostilla Legouvé — , y que, luego de haber pactado con la miseria , expedían su mercancía a la capital . El hacinamiento de los obreros en departamentos que servían de dormitorio a los trabajadores de uno y otro sexo , terminaba de provocar el clima necesario para establecer la pendiente.
Las ganancias de las mujeres ni siquiera bastaba para mitigar el hambre . Esta circunstancia ha sido igualmente comprobada por algunos publicistas españoles.
Adolfo Llanos Alcaraz que publicó su libro ” La mujer en el siglo XIX ” ( Madrid 1864 ) coincide también en señalar que ” para las mujeres , a cierta edad , buscar novio no es ni más ni menos que un oficio ” . la languidez y la palidez de las mujeres era producto , según el autor español , de la reclusión a que se hallaban sometidas . Están excluidas por el peso de los convencionalismos sociales del amor. Cualquier hombre puede llamar a su puerta y a ellas sólo les cabe resignarse a que la aparición del varón no sea muy desventajosa . Machaconamente se repite en la literatura de la época el consejo inveterado de que la mujer na debe tentar al destino , sino que ha de esperar pacientemente . Llanos Alcazar dice textualmente : ” No olvidéis nunca que vuestro destino es esperar. Que deben venir a buscaros. Que ni debeis buscar ni salir al encuentro . Mujer que espera siempre es digna . Mujer que busca siempre es miserable ” La mujer ni siquiera debe lamentarse de que la espera sea vana y de que nadie llame a su puerta pidiendola en matrimonio . El autor, representativo de los valores establecidos en su época , las consuela haciéndolas saber que , tal vez, de haber conseguido marido , la suerte hubiera sido funesta. Y si, a pesar de todo, consiguen casarse y el matrimonio fracasa , a la mujer no le queda ninguna salida , salvo la resignación . Nunca es el hombre el que se equivoca , Buscad, sino, las causas de la disolución del matrimonio y siempre encontrareis a una mujer frívola , manirrota , sensual, y egoísta. Les aconseja que no se dejen llevar por la vergüenza en el caso de que el matrimonio haya fracasado ; deben resignarse al sufrimiento y ” llevar la cruz ” , aunque no tengan culpa alguna.
la mujer es un juguete para el marido . la constante de esta afirmación la encontraremos una y otra vez en los escritos de la época. En ocasiones , este juguete puede resultar peligroso y comprometer , consiguientemente , a quien lo usa . Por ello , los tratadistas al estilo de Llanos Alcaraz proponen una mayor instrucción de la mujer , alarmados por la nefasta influencia que ésta puede ejercer sobre los hombres.
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