Yo no sé de qué nos extrañamos tanto. Vale, suena un poco raro, al menos el titular: un franciscano polaco ha escrito un Kamasutra católico. Y a muchos les ha entrado la risa. Claro, tantos años de “no te toques”, “apaga la luz”, “que sea lo que Dios quiera” o “a mí me da que esto con la lengua tiene que ser pecado”, pesan mucho en el inconsciente colectivo.
La culpa de todo la tiene la concepción del Kamasutra como un simple catálogo de posturas raras para hacer en la cama, o un listado de perversiones y delicatesen sexuales. Sin embargo, si nos ponemos estrictos a la hora de analizar el Kamasutra y lo que significa y conlleva, llegaremos a la conclusión que la obra del padre Ksawery Knotz, que es como se llama el religioso, no se debe a un simple subidón de testosterona provocado por años de celibato. De hecho, el propósito del Kamasutra original, un tratado hindú recopilado por Vatsyayana, no fue otro que ordenar una serie de consejos y recomendaciones milenarias para una buena vida conyugal. No sólo sexual.
Salvando todas las distancias espacio-temporales, ¿no van de esto los cursillos y charlas pre-matrimoniales que reciben los que deciden casarse por la Iglesia? Pues eso. La novedad, sin duda, del enfoque del padre polaco (que asegura contar con el beneplácito de sus superiores) es que, al menos en su génesis, no cae en la fobia al sexo de la que han hecho gala (algunos sólo de puertas afuera) tantos ministros de la Iglesia. El autor del Kamasutra católico asegura que la sexualidad dentro del matrimonio católico no tiene porque estar exenta de pasión, alegría y fantasía y que, durante el coito, las parejas pueden emplear la estimulación oral y manual sin temer ofender a Dios. Realmente revolucionario. Más que nada por venir de donde viene.
Me consta (de primera mano) que muchos católicos se lo pasan bien en la cama, sin embargo, es una novedad que por parte de un religioso se planteen estas cuestiones de una manera tan abierta y positiva. Enhorabuena. No sé si se tratará de una simple maniobra relacionada con el marketing (como no católico me da lo mismo), pero contrasta con, por ejemplo, lo que aconsejaba en su día la Sección femenina de la Falange a las mujeres casadas: “Si tu marido sugiere la unión, accede humildemente, teniendo en cuenta siempre que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar”. Chimpún.
Los tiempos han cambiado mucho y vivimos una cierta ‘kamasutritis’ sexual. No en la práctica, porque la verdad es que hay que tener una condición física admirable para intentar reproducir alguna de las posiciones amatorias propuestas en el libro original, pero sí en la forma. Basta darse un garbeo por el apartado de sexualidad de cualquier librería para comprobarlo. Si lo tiene, claro, porque en algunos centros comerciales los libros de contenido sexual suelen estar ‘camuflados’ en el apartado de psicología o ciencias ocultas, no vaya a ser que alguien se sienta escandalizado si lee el prefijo ‘sex’ en un cartel. O lo vea un niño, dónde vas a parar… El caso, decía, es que en los últimos años han aparecido en el mercado varios títulos que usan la fórmula del Kamasutra como anzuelo y reclamo comercial. En muchos casos se trata simplemente de un compendio de posturas, ilustrado con fotos más o menos explícitas, y para de contar.
En otros casos, como el del ‘Carmasutra’, que ya comentamos en su día, la gracia del título estriba en un juego de palabras que relaciona el libro de Vatsyayana con las diferentes posiciones amatorias que se pueden recrear en el interior de un automóvil.
Otros libros aprovechan la circunstancia para adaptar el Kamasutra original a los tiempos que vivimos. Tal es el caso de gays y lesbianas. En el 2003 el periodista inglés Terry Sanderson escribió ‘El kamasutra del hombre gay’ y desde entonces no han parado de aparecer réplicas. En nuestro país, por ejemplo, tenemos un par de ediciones diferentes sobre el mismo tema. Uno escrito por Sabas Martín y Diego J. Cruz y otro por Alicia Gallotti. Por cierto, esta periodista argentina afincada en nuestro país es la autora de ‘Kamasutra lésbico’.
Como hemos visto, todos tenemos un Kamasutra.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/19/camaredonda/1242758238.html








