Su precio: 2.000 euros. D’Addari asegura tener pruebas, billetes de avión e incluso grabaciones que demuestran que su relato es cierto. Cuenta que fue reclutada en octubre pasado por el empresario Giampaolo Tarantini, y que tras acordar el precio éste la trasladó a Roma en avión, la alojó en el lujoso hotel de Russie y la llevó hasta el palacio Grazioli en un coche con cristales oscuros en el que viajaban otras chicas. ‘Me dijeron que mi nombre sería Alessia’, narra Patrizia. ‘Como aperitivo nos dieron pizza y champán, habría allí unas 20 jóvenes más. Llegó Berlusconi, nos saludó a todas, nos enseñó el vídeo de su encuentro con Bush, las fotos de sus villas, y luego cantó y contó chistes’.
Ese día, D’Addario no se quedó a dormir, de modo que Tarantini le pagó ‘solo 1.000 euros’ y no los 2.000 prometidos. La segunda visita, añade la joven, fue dos semanas más tarde, en noviembre, la noche del triunfo electoral de Barack Obama. ‘Hubo otra fiesta, solo con otras dos chicas. Había un buffet con dulces y el pianista habitual. Berlusconi me pidió que me quedara’.
Semanas después, explica la joven al Corriere, Tarantini le pidió el currículo con la idea de convertirla en candidata del PDL a las elecciones europeas. ‘Pero surgió la polémica de las ‘velinas’ y me dijeron que no podía ser’, recuerda. Más tarde, en mayo pasado, D’Addario entró como candidata en las listas municipales coaligadas al PDL, el partido de Berlusconi. En las elecciones obtuvo siete votos.
La joven, conocida en Bari como profesional del sexo, fue invitada otras veces por Tarantini a visitar al Cavaliere. Se negó, aclara, porque Berlusconi no le ayudó a sacar adelante un proyecto urbanístico en Puglia como le había prometido. Como consecuencia, afirma D’Addario, su casa fue desvalijada. ‘Se llevaron discos, el ordenador, vestidos y lencería’, recuerda, ‘fue un robo muy extraño’.
Berlusconi emitió el miércoles una nota en la que define las noticias del Corriere como ‘falsedades’, y afirma que ‘los periódicos solo publican basura’. Su abogado, Niccolò Ghedini, descartó querellarse contra el Corriere, y afirmó: ‘Aunque fueran verdad las declaraciones de esta chica, que no son, el primer ministro sería solo el usuario final, y por tanto no sería penalmente perseguible’.
La frase tiene miga, porque Tarantini, el presunto facilitador del supuesto encuentro amoroso, está siendo investigado hace meses por la fiscalía de Bari por corrupción, y ahora también por inducción a la prostitución, según confirmaron el miércoles de forma oficiosa los fiscales. La primera investigación analiza si Tarantini, codueño con su hermano Claudio de la empresa Tecnohospital, obtuvo en los últimos años contratos sanitarios, en concreto de prótesis, a cambio de sobornos. Al interceptar las llamadas telefónicas, la fiscalía, según el Corriere, los agentes escucharon a Tarantini hablar de pagos de dinero a mujeres por acudir a Palazzo Grazioli y a la villa sarda de Berlusconi. El diario milanés recuerda que Giampaolo Tarantini es un viejo conocido del Cavaliere y pasa los veranos en una espléndida casa cercana a Villa Certosa.








