El tema de la prostitución es recurrente: cada cierto tiempo surgen situaciones que invitan al diálogo, hasta a la controversia. En esta ocasión, las protestas vecinales en un barrio de Valencia –Velluters- han vuelto a abrir el debate.Se dice que la prostitución de la mujer es la profesión más antigua del mundo. De entrada llamar a la prostitucion profesión me parece una aberración: son mínimas, mucho, las mujeres que ejercen “esa profesional” con voluntad de ejercerla; la inmensa mayoría lo hacen por necesidad, por presiones, por amenazas.
En España es delito el proxenetismo. Lo es pero con “reparos”. Porque tengo para mí que el proxenetismo se ejerce en los llamados clubs de alterne aunque se presenten como negocios y sus dueños como empresarios; unos empresarios cuya “voracidad económica” es considerable: abogan por “recibir” el ejercicio de la prostitución en sus locales. ¡Vaya cara! Y “vaya cara” porque la prostitucion encierra lacras bien visibles: desarraigo social, amenazas, chulería, problemas sanitarios, etc. Si nos referimos a la prostitución no podemos obviar los pisos de alterne, esos que se anuncian con profusión en los medios de comunicación, y que también tienen que ver con proxenetas, mafias, “secuestros” y otros atentados a los derechos humanos. ¿Legalizar el ejercicio de la prostitución? ¿Cuáles serían las condiciones para su ejercio, en dónde, cómo? El debate esta ahí, con partidarios y opositores. No tengo ideas claras al respecto. Sí tengo una idea muy clara: hay que acabar con el proxenetismo, con la explotación sexual de las mujeres, con las mafias. Y hay que ayudar –con todos los medios disponibles- a las mujeres prostitutas para que puedan rehacer su vida, encontrar medios dignos para vivir, libertad para sus decisiones, etc.
Es un tema, el de la prostitución, al que la sociedad no debe volver la espalda ni cerrar los ojos. No es digno el encogerse de hombros diciendo que siempre ha existido, y que es imposible acabar con ella. Pienso que en el tema de la prostitución está muy presente la hipocresía: nos escandalizamos con la prostitución callejera, nos lamentamos con las mafias que esclavizan a mujeres, pero miramos hacia otro lado cuando se nos habla de los pisos del sexo o los clubs de alterne.
http://www.diariocriticocv.com/opinion/columna/jose/antonio/burriel/3451.html







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