A Eva Longoria le gusta que, de vez en cuando, su marido, el baloncestista Tony Parker, le ate a la cama. Eso sí, usando pañuelos de seda. Al fin y al cabo, será una ‘mujer desesperada’ (lo digo por la serie que protagoniza, tranquilidad) pero no tiene un pelo de tonta. Sin duda, donde esté la seda que se quiten las bolsas del Carrefour o unas esposas de juguete compradas en los chinos.
Otra famosa, la ex Spice Girl Mel B, asegura que cada día hace el amor con su marido nada más y nada menos que cinco veces para mantener la línea. Por su parte, la actriz Kirsten Dunst ha confesado que todavía se le pone la piel de gallina cuando piensa en el polvo que echó con un amigo en los probadores de una tienda de ropa…
Tanta sinceridad sexual se la debemos a la edición norteamericana de la revista ‘Cosmopolitan’, que acaba de inaugurar una sección en la que famosas de toda clase y condición comentan algún aspecto curioso o peculiar de su vida sexual. No me gustaría estar en el pellejo de la persona que tenga que conseguir realizar dichas entrevistas. Seguro que le van a salir canas. O quizás en Estados Unidos la cosa funciona de otra manera.
Recuerdo las penas y trabajos que pasaba la coordinadora de invitados de mi ex programa ‘Todos a 100′ para pactar una entrevista con algún personaje popular. Y eso que era buena profesional. Sin embargo, la temática del programa hacía que muchos famosos temieran ser sometidos a un tercer grado para confesar cómo lo hacen o qué les gustaría hacer en la cama.
A pesar de asegurar que no, que a nosotros como programa la vida privada y sexual de cada uno nos importaba un pito y lo único que pretendíamos era charlar un ratito de manera distendida del sexo de los ángeles, la lista de negativas llegaba hasta Andorra. Y cuando no eran los propios interesados estaban los representantes, algunos de los cuales velaban por la virtud y la castidad de sus representados como la madre de una folclórica. No diré nombres, porque la vida es muy larga y nunca se sabe con qué extraños compañeros de viaje uno puede terminar su vida laboral, pero alguna que otra actriz que nos negó ha terminado mostrando impúdicamente partes de su anatomía en alguna revista ‘para hombres’. ¡Qué cosas! Bueno, el dinero en ocasiones obra milagros. O ‘pagant, Sant Pere canta’, como decimos en catalán.
Si a las personas anónimas (iba a decir normales, perdón) les cuesta hablar de sexo, a muchos famosos todavía más. Y no sólo los que temen que de sus palabras, cuando hacen alguna declaración al respecto, se pueda desprender algún aspecto de su sexualidad que les haga vender menos discos o que las espectadoras de su programa dejen de suspirar por sus hechuras. La exposición al ojo público, sobre todo cuando hablamos de algo tan privado como la sexualidad, activa todas las alarmas del sentido del pudor, incluso en personas que se ganan la vida dejándose la vergüenza en casa.
A pesar de todo, a veces se producen extraños fenómenos como el libro que acaba de editar el periodista David Barba, titulado ’100 españoles y el sexo’ (Ed. Plaza y Janés). Se trata de cien testimonios de personajes tan variopintos como Manuel Fraga, Alaska, Bigas Lunas, Manolo Escobar, Albert Boadella, Nacho Vidal, Pedro Ruiz, María José Cantudo…
Por un lado, los que busquen morbo y cotilleo quedarán más que satisfechos conociendo cómo fue la primera vez de la actriz Verónica Echegui o cómo se las apañaba Jesús Vázquez para disimular su homosexualidad cuando era ídolo de fans.
Sin embargo, el libro va más allá y permite observar, gracias a las vivencias u opiniones de sus protagonistas, cómo ha evolucionado sexualmente nuestro país. Desde el oscurantismo del franquismo (genial la anécdota de Alfredo Landa y la bronca que le echó un guardia por bañarse en la playa de San Sebastián sin camiseta o el desconcierto de un obispo granadino al inaugurar el Hotel Sexi en Almuñécar, nombre fenicio de esta población, de la mano de Manuel Fraga) al desmadre que trajo consigo la transición (como bien queda reflejado en el relato de Nazario recordando a su compañero de correrías ‘rambleras’, Ocaña), hasta llegar a una época tan compleja y llena de contrastes como la actual, en la que personas tan opuestas como Boris Izaguirre o Aquilino Polaino pueden compartir las páginas de un mismo libro sin que tiemble el misterio. Un trabajo periodístico muy interesante, sin duda.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/15/camaredonda/1247640778.html








