Esta periodista acaba de publicar ‘Barcelona calenta’, un libro sobre la prostitución durante la posguerra
Entre artículos de rímeles y de pintalabios una editorial ofreció a Elisabet Parra escribir un libro sobre la prostitución en la Barcelona de la posguerra. La periodista se lanzó a la aventura. Una aventura que comenzó de una manera particular: preguntando a todas aquellas personas de más de 70 años que se cruzaban por su camino: “¿Conoce usted a alguna prostituta de su época?” o, lo que es más comprometido: “¿Frecuentó usted alguna vez un burdel?” Parra asegura que “eran preguntas incómodas pero los que se atrevían a contestar aportaban grandes dosis de información”. Así pudo confeccionar una red de fuentes para, finalmente, poder describir perfectamente el día a día de un burdel, los mitos que existían entre las paredes del pecado y los distintos personajes que movían los hilos de este negocio. La periodista de belleza, Elisabet Parra, nos habla de la Barcelona caliente del año 1939 al 1956.
Comencé devorando la bibliografía sobre el tema. También saqué mucha información de hablar con gente que antiguamente había estado en contacto con ese mundo. Muchas veces estos contactos me hablaban de una época más reciente y a mi sólo me interesaba del 39, cuando entran las tropas franquistas a Barcelona, al 59, cuando se prohíben las casas de tolerancia. Estas personas me llevaban a otras y así iba confeccionando mi red de contactos. Por ejemplo, hablé con el que había comprado los locales dónde antes estaba la pensión Lolita y La Criolla.
¿Por qué en una época de represión hubo una proliferación tan grande de prostitutas?
Cuando llegaron las tropas franquistas se produjeron muchas violaciones con lo que se vio la necesidad de legalizar la prostitución. Por otro lado, cuando entraron los soldados muchas prostitutas huyeron a Francia porque pensaron que con esa moralidad tan represiva las pondrían en la cárcel. Barcelona se quedó sin prostitutas y los soldados que querían tener contacto con una mujer iban “en plan salvaje”. El gobierno vio la necesidad de legalizar este trabajo.
Legalización pero con control….
La prostituta legal tenía que ser mayor de 23 años y pasar una revisión médica semanal para demostrar que estaba sana. Estas mujeres recibían el carnet sanitario que les servía para hacerse publicidad: “Tengo el carnet con lo que estoy limpia.”
¿No existía la prostitución ilegal?
Esa era la otra realidad. Muchas mujeres o niñas que se veían con la obligación de prostituirse para salir adelante, no querían sacarse el carnet de “puta” (así se llamaba) porque no querían figurar en un listado con esa etiqueta.
¿Quién querría acostarse con estas niñas que no pasaban revisión médica?
Usaban otra estrategia comercial: “Señor, me veo con la obligación de prostituirme por dinero pero esta es mi primera vez.” Entonces el hombre picaba. Eran mujeres que no querían aparecer como prostitutas y sólo lo hacían temporalmente.
Incluso citas a una chica de clase alta que se tuvo que prostituir.
Se llamaba María y era hija de un prestigioso notario de Barcelona. Su marido la abandonó con dos hijos. Esta mujer, acostumbrada a un ritmo de vida, tuvo que prostituirse.
¿No podía limpiar casas?
Le resultaba más fácil meterse en la cama con un hombre que limpiar, que nunca lo había hecho. Ganaba mucho más dinero y era extremadamente guapa. Ahora, que debe tener 75 años, sigue siendo guapa.
¿Cómo llegaste hasta personajes como María?
Confeccionando mi red. Cada vez que me cruzaba con alguien de más de 70 años le preguntaba si conocía a alguna prostituta o algún burdel de la época. (risas)
(risas)Tus amigos debían salir corriendo…
Es un tema violento y muchos no quisieron contestar pero los pocos que lo hicieron me condujeron hasta personajes muy singulares. Un contacto me habló del mito de la prostituta a la que llamaban “La Siete Coños” porque tardaba 7 minutos por cliente.
Un cliente entra en un meublé…
Por ejemplo, en el Diagonal o el Pedralbes. Llegaba acompañado por la prostituta y detenía su vehículo en la entrada del hotel donde el conserje tapaba el coche para que nadie viera quien salía de su interior. En la habitación tenían servicio de bar, luces insinuantes y todo tipo de lujos. Cuando habían terminado llamaban al conserje que les acompañaba hasta la salida (siempre por otro lado que la entrada para evitar que los clientes se encontraran de cara). Para dar coartadas a los hombres, los recepcionistas apuntaban en unas pizarra los resultados y todos los detalles del partido de fútbol. Cuando los clientes llegaban a sus casas podían comentar el partido como si hubieran estado en el campo.
¿Qué hay de la vida en los prostíbulos?
El cliente entraba sin mujer. Si era un habitual le traían a su favorita, de lo contrario le sentaban en el salón, le servían una copa de champagne y las prostitutas desfilaban para que él eligiera. La gobernanta era una mujer que vivía el día a día, que conocía a los clientes y controlaba a las prostitutas. Las palanganeras tenían como misión recoger la habitación rápidamente después de cada servicio.
En el libro hablas de las gateras.
Era un personaje que desconocía totalmente antes de escribir el libro. Estas mujeres captaban a hombres por la calle, seduciéndolos a pasar un buen rato con una chica guapa. Entonces lo llevaban a una habitación de una casa y lo dejaban con la prostituta. Lo que no sabía el cliente es que detrás del perchero dónde colgaba la ropa había un agujero y la gatera, sigilosamente, robaba la cartera o el dinero que encontraba en los bolsillos.
¿Qué truquillos tenían las prostitutas de esa época para evitar el embarazo y para ser más higiénicas?
Al lado de las pensiones y prostíbulos siempre había una tienda que se llamaba “Gomas y Lavajes”. Aparte de comprar condones, los hombres podían lavarse sus órganos sexuales después del servicio y así disminuían las probabilidades de contagio. Antes de cada servicio las prostitutas lavaban a sus clientes, por un lado, porque era más higiénico, y por otro, porque así los preparaban, la eyaculación era más rápida y podían hacer más servicios.
¿Por qué se acaba prohibiendo la prostitución?
Fue en el año 1956 cuando se decidió cerrar las casas de tolerancia y burdeles. No se sabe muy bien porqué pero desapareció una cosa que hubiera sido importante mantener: el control sanitario.
¿Qué ha sido lo más difícil de escribir el libro?
Conseguir testimonios de prostitutas porque las de aquella época ya no están. Si en el año 39 tenían 23 años, imaginase. Y encontrar documentación seria del tema. Me interesaba el día a día en los burdeles que, con tanto secretismo, era muy difícil de encontrar información.








