Mi padre es una de las personas más pragmáticas que conozco. En una ocasión, al salir de un hospital tras someterse a una dolorosa y humillante colonoscopia, me dijo: “ahora sí que no entiendo a los maricones”. Para quitarle hierro al asunto y hacerle ver la burrada que acababa de decir le dije: “eso es que te lo han hecho mal”. Y nos reímos a carcajadas porque, al fin y al cabo, el humor negro siempre ha sido marca de la casa. Mientras abandonaba el recinto sanitario con mi padre agarrado a mi brazo andando como John Wayne en busca de su caballo, pensé en cómo hemos cambiado los hombres en este país. Algunos. No muchos. Pero por algo se empieza.
No era el lugar ni el momento, ni posiblemente el interlocutor más adecuado, para hacer una encendida defensa de las posibilidades sexuales del esfínter anal, desde luego. Y mucho menos intentar hacerle entender que una prueba médica tiene lo mismo que ver con el sexo anal que la matanza del cerdo con el mostrador de una charcutería.
Estimulador del punto G masculino.En cualquier caso, es indiscutible que el terror atávico del género masculino hacia cualquier tipo de maniobra estimulante en esa zona del cuerpo se dio de bruces con la realidad el día que se supo que el punto G de los hombres se encuentra en el interior del ano, concretamente en la próstata. Muchos tiraron la toalla definitivamente y entendieron que se irían al otro barrio sin jamás haber experimentado un orgasmo de dimensiones cósmicas. Eso sí, con el culo intacto. Otros decidieron ponerse manos a la obra y olvidar prejuicios e ideas preconcebidas que confunden culo y témporas, o hablando más claro, determinadas prácticas con la orientación sexual de una persona.
Aunque este artículo sea el último hasta el mes de septiembre, no es mi intención dar a entender que estoy encomendando una tarea extraescolar veraniega, como los libros de ejercicios para el periodo vacacional de los niños. Ni mucho menos. Aunque agosto es un mes que se hace muy largo, cada uno mata el tiempo como quiere. Sin embargo, si a alguno le pica la curiosidad, que sepa que ciertos lubricantes y juguetes sexuales pueden ser la mejor manera de combatir la monotonía del ferragosto, como dicen los italianos, indagando aspectos ocultos, ignotos y olvidados de nuestra anatomía.
Como se ha hecho toda la vida.Aunque existen en el mercado multitud de estimuladores prostáticos pensados para el público masculino, el Rude Boy es uno de los más conseguidos. Su tamaño, razonable y nada aparatoso, permite ser usado sin necesidad de emplear lubricantes para prácticas extremas. Además, su forma anatómica permite llegar al quid de la cuestión, o sea al punto P (el punto G masculino), sin necesidad de mapas o GPS. Acompaña al invento una cápsula vibratoria que favorece, y mucho, su labor estimuladora.
Con un poco de tiempo y algo de paciencia, el descubrimiento del punto G no es una quimera ni un imposible. Tanto si decidís salir en su busca como si preferís quedaros en casa o ir de vacaciones al sitio de siempre, que paséis todos un feliz verano. ¡Nos vemos en septiembre!
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/31/camaredonda/1249022272.html








