Funciona de manera similar a un sistema de vasos comunicantes: cuando se aprieta por un lado, la presión se alivia en otro. La prostitución callejera en Barcelona, concretamente en Ciutat Vella, no escapa a esta regla. Así, y casi de manera automática, la presión policial que empieza a ejercerse sobre las prostitutas nigerianas de las Ramblas —cien detenciones en seis redadas de la Policía Nacional en lo que va de año— ha tenido una traducción automática en la Ronda de Sant Antoni, donde en los últimos meses se ha apreciado un importante rebrote de esta actividad.Ubicadas en el cruce de la calle Joaquín Costa con la Ronda, en las inmediaciones del Teatro Goya, los vecinos denuncian la presencia cada vez más descarada de chicas de color, que algunos identifican claramente como del mismo grupo que trabaja en las Ramblas.
A diferencia de lo que ocurre allí, donde sus modos agresivos y los robos a a clientes han disparado la alarma, en Sant Antoni su actitud es más relajada, sin que por el momento hayan protagonizado incidentes mayores. Captan a los clientes en la Ronda para luego dirigirse a rincones más apartados, en el pasaje Sant Bernat o la parte trasera de plaza Castilla.
Desde la Guardia Urbana se reconoce que en Sant Antoni se producen rebrotes puntuales de una actividad contra la que dicen resulta casi imposible luchar: mientras que es prácticamente inabordable desde el punto de vista penal —el único asidero es la infracción de la ley de Extranjería—, la ordenanza de Civismo es un arma nada eficaz.
Sea como fuere, los vecinos de Sant Antoni se muestran quejosos, ya que a su entender el Ayuntamiento no hace bastante. «Cuando les interesaba al reabrir el Teatro Goya —octubre 2008— el problema de la prostitución en la zona cesó. Ahora se han relajado y vuelve el problema», señala un vecino, en una opinión que comparte de lleno Josep Iglesias, presidente de la Asociación de Comerciantes de la Ronda.








