Al final, triunfó la peor opción: la de no hacer nada. Entre el maximalismo de las posiciones prohibicionistas que exhibió Charo Carracedo y la de quienes se mostraron partidarios de regular distintos aspectos de la prostitución (Valerie Tasso), se impuso la de no hacer nada, la de volver la cara, a mi juicio la más hipócrita y la más teñida de la ideología y ya se sabe que la ideología y el pragmatismo se llevan fatal.
La propuesta de ERC de legislar -como “un mal menor”- sobre la prostitución fue rechazada el martes en el Parlamento. Desde el PSOE la iniciativa fue torpedeada porque en el interior del partido se han impuesto las posiciones abolicionistas que consideran la prostitución sinónimo de esclavitud. En el PP, porque se considera que existen medidas contra la trata de blancas que ni siquiera han sido puestas en marcha. Desde CiU porque creen que sería un mal mensaje para la sociedad. La propia ERC rechazó cualquier enmienda transaccional para que no se desvirtuara su planteamiento.
En fin, todo el mundo se ha quedado muy contento con sus propios principios y las prostitutas siguen en la calle, ejerciendo su oficio en la más absoluta precariedad, molestando a los vecinos, y convertidas en objetos de codicia de las mafias.
VALERIE TASSO SOBRE LIBERTAD DE PROSTITUIRSE
EL ESTADO NO ENTRA EN LA CUESTIÓN
UTOPÍA Y PRAGMATISMO SOBRE LA PROSTITUCIÓN
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/23/vueltamundojohnmuller/1253703000.html







Para ellos (los políticos) es la mejor opción, y permíteme que te lo explique. Tomar una decisión supone poder equivocarse, así que la inacción les garantiza que no van a meter la pata. No se dan cuenta de que no hacer nada también es una de las decisiones posibles, y como efectivamente apuntas, la peor de todas PARA NOSOTROS. A ellos no les resulta demasiado importante puesto que la prostitución no es una de las prioridades en la agenda política, no existe ningún movimiento fuerte que exija un cambio legislativo ni tampoco ningún tipo de presión social. Está en nuestras manos cambiar esto.
Por cierto, lo que Rosario Carrecedo defino como utopía es más bien una DISTOPÍA, muchas veces al intentar conseguir un paraíso se obtiene un infierno, como por ejemplo denunció Orwell en su magnífica obra 1984. Otros ejemplos de distopías fabulosas los tienes en “Un mundo feliz” de Huxley o, aunque no se considera como tal, la considerada como primera obra utópica, “Utopía” de Tomás Moro. Precisamente condena con la pena más grave (la capital) los delitos sexuales: promiscuidad, adulterio, y de la prostitución no habla pero ya uno se imagina. Los regímenes totalitarios siempre comienzan por atacar la libertad sexual. Muy curioso.
Por cierto, estaba Nereida y no me avisó. Este sábado la veo y la pregunto.
Cliente X, temeroso de las “utopías”
Hola Cliente X
No aprenden. Es que no aprenden. Y no quieren aprender, lo cual aún es peor.
No escuchan, esta semana lo hemos visto en las intervenciones de la supuesta María. (Su discurso me suena a machito retrógrado, reprimido, salvador de almas de infelices mujeres).
Ellos/as (los/las abolicionistas) llevan razón. ¡Claro que sí!
Su discurso es impecable. Los clientes, vosotros, sois lo peor, y nosotras estamos enajenadas, locas, somos alcohólicas o drogodependientes. Y, el mejor argumento, nos dejamos vejar, humillar y someter por vosotros, los clientes, porque padecemos Síndrome de Estocolmo.
Y votar sí a la legalización parece más que un pecado. Es mucho mejor la ilegalización tal como la han ejecutado en Suecia, no cabe duda alguna. Ahora las profesionales deben salir en un barco y mantenerse a milla y media de la costa. Eso las aporta mucha seguridad…
Sin embargo, el nuestro es un discurso simple.
Tan simple como lo es, defender la libertad del individuo para hacer, sin dañar a terceras personas, aquello que le plazca. Teniendo en cuenta, y sin olvidarlo en ningún momento, que ni nosotras ni vosotros estamos cometiendo ningún acto ilegal.
Que busquen las ilegalidades de las mafias, de la trata, de la esclavitud, de los proxenetas. Que trabajen haciendo aquello por lo que les pagamos, hacer cumplir la ley. Detener y encarcelar a esta chusma. Ellos sí son deicuentes.
Eso sí les molesta a los abolicionistas. Que no somos delincuentes. Que no están, ninguno de ellos, exentos de que su hermana, su tata, su tía, o su hija, estén trabajando como trabajadoras sexuales sin que ellos puedan ni siquiera imaginarlo.
Somos más que ellos, y sabemos de qué hablamos.
Nos falta unidad y fuerza de voz, amigos.
Paula