‘Outsourcing’ sexual

Dice la sabiduría popular que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Aunque estrictamente hablando eso no puede ser verdad (en todo caso, el oficio más antiguo sería el del cliente que frecuentó a la primera , puesto que necesitaba haber trabajado en algún oficio para poder comprar sus servicios), lo que en realidad nos dice la frase es que la prostitución ha existido siempre y se ha dado en todas las civilizaciones. La universalidad del negocio del indica que no se trata de un fenómeno cultural sino biológico.

Analicemos, pues, el proceso evolutivo: dado que los hombres pueden tener un hijo cada vez que copulan, nuestros padres ancestrales más lujuriosos tuvieron mayor descendencia que los que practicaron la castidad. En cambio, dado que una mujer sólo puede tener entre 12 y 15 hijos a lo largo de la vida, las hembras de conducta ligera tuvieron tantos hijos – entre 12 y 15-como las que no fornicaban con tanta compulsión. La selección natural darwiniana sugiere, pues, que al ser nosotros descendientes de hombres extraordinariamente libidinosos (y con una preferencia por tener relaciones con muchas hembras) y de mujeres de vida más o menos ordenada, nuestro código genético actual dice: el hombre es más promiscuo que la mujer.

Pero la naturaleza del acto (hetero) sexual es tal que, cada vez que hay un hombre que hace el amor, también hay una mujer. ¿Cómo se compagina eso con el hecho de que el deseo carnal y la preferencia por la diversidad masculina sean mayores que las femeninas? Pues con unas pocas mujeres practicando el sexo con muchos hombres… a cambio de una compensación económica. Nace, pues, la prostitución.

Quizá fuera porque entendieron que las raíces del fenómeno eran biológicas y, por tanto, de difícil control, dos importantes teólogos cristianos como san Agustín o santo Tomás de Aquino llegaron a decir que la prostitución debía ser tolerada como “válvula de escape social”. Ese mismo principio debería ser entendido por Jordi Hereu, el alcalde de Barcelona que ha encendido el debate sobre la legalización de la prostitución.

En principio, en una democracia liberal el Estado no debería oponerse a que un hombre y una mujer intercambien servicios por dinero. Al fin y al cabo, si se permite que una mujer le haga un masaje a un hombre, le analice la vista, le defienda ante el juez o le haga una clase de yoga a a cambio de dinero, ¿por qué va a prohibir que le haga una felación?

Una posible respuesta es que la felación no la hace por su propia voluntad sino por dinero. Esa respuesta es insatisfactoria, puesto que con ese razonamiento deberíamos prohibir casi todos los oficios del mundo. ¿O es que las mujeres de la limpieza lavan los urinarios por placer? ¿O es que los empleados de banca van a su puesto de trabajo cada lunes por amor al arte? ¡No! Lo hacen por dinero…, igual que las operarias del amor.

Otra respuesta común es que las son objeto de tráfico de personas, obligadas y esclavizadas por los . Eso tampoco es un buen argumento a favor de la prohibición. Es un argumento a favor de perseguir las mafias que trafican con personas, eso sí, pero del mismo modo que cuando se descubre a traficantes de orientales que trabajan esclavizados en establecimientos de Barcelona no prohibimos los restaurantes chinos, tampoco debemos hacer lo mismo con la prostitución. Es más, el hecho de que las trabajadoras del sexo se dediquen a una actividad ilegal dificulta su liberación, porque, si denuncian a sus explotadores, ellas pueden acabar en la cárcel, ya que también están fuera de la ley.

Algunos prohibicionistas dicen que vender sexo es “moralmente reprobable”. Tampoco vale: si el legislador o el obispo pensaran que es moralmente reprobable que se corten los cabellos a cambio de dinero, ¿dejaríamos que el Estado aboliera las peluquerías? Respuesta: no. A diferencia del asesinato, el sexo no es obviamente perjudicial para las partes. Y fíjense en que nadie quiere obligar a vender sexo a la gente que lo encuentra inmoral. Pero hay que dejar libertad de elección a quien no comparta esa misma moralidad.

Existen dos argumentos poderosos a favor de la legalización. El primero ya ha sido esbozado: la mejor manera de combatir el tráfico de blancas es legalizar la prostitución para que cualquier explotación pueda ser denunciada sin miedo. Además, eso permitiría a las empresas del sector contratar a las trabajadoras en origen y a pagarles el viaje de ida y vuelta, eliminando así el negocio del traficante.

 El segundo es que, en el proceso de intercambio de sexo por dinero, hay una persona inocente (y engañada) cuya salud es puesta en peligro por la conducta temeraria del hombre: la esposa. El marido tiene derecho a arriesgar su propia salud, pero no la de su pareja (o la de los amantes de esta, si los hay). Es decir, la amenaza a la salud de inocentes es una externalidad que necesita ser corregida.

 ¿Cómo? Los economistas han pensado dos maneras distintas… y ambas pasan por la legalización. La primera es la regulación: obligar a las trabajadoras de sexo a un control sanitario que garantice su salud y la de sus clientes. La segunda es la introducción de impuestos pigouvianos, parecidos a los que se usan para combatir la contaminación. Eso, además de equiparar la prostitución a todos los demás oficios que cotizan a Hacienda, encarecería la transacción, reduciría la demanda de servicios y disminuiría los incentivos económicos del hombre para practicar, voluntariamente, su outsourcing sexual.

http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20090917/53785951329/outsourcing-sexual.html

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One Response to ‘Outsourcing’ sexual

  1. JESS says:

    Sobre tu opinión, que está bien argumentada, hay algunos detalles que no comparto. En las líneas finales donde mencionas cómo enfocar la prostitución desde la Economía, creo que si una mujer desarrollase su actividad tributando a Hacienda, cobrando el I.V.A. o declarando anualmente beneficios, que no serían escasos porque la inversión se basa en el cuerpo legado por los progenitores de esa mujer, terminaría no tanto con el “outsourcing sexual” de los hombres, sino que se desarrollaría una guerra de precios (al estilo de los proveedores o de los hipermercados de bienes de consumo). Finalmente, salvando casos de “pseudo-contrato sentimental jajaja” entre clientes de alto poder adquisitivo, se generaría una competencia basada en el “low-Cost” y terminaría hundiendo las virtudes de la legalización de esa actividad (la Prostitución o comercio de favores sexuales a cambio de dinero, generalmente en efectivo, inmediato y sin rastro). Pues muchas no-profesionales, inclusive exóticas extranjeras (la diversidad genética “tira” mucho cuando un hombre busca copular), harían el mismo trabajo por menos o al margen de la Ley y volveríamos a una situación parecida a la actual.
    Por esta razón, entre otras, veo difícil creer que con la Ley se resuelvan los problemas sociales-sanitarios-económicos de la prostitución. Sería un sector como el de los servicios de asistencia para el hogar, ya se sabe, el fontanero, el electricista, etc…al final puedes hacer muchas “faenas” en B.
    ¿Por qué? porque tratamos de uno de los instintos más antiguos de la Naturaleza junto al hambre, así como los Principios de Maslow.
    Además, si simplemente una pareja de jóvenes que salen de marcha puede acostarse después de que él gaste dinero en copas, regalos, entradas a espectáculos y otros gastos, ¿qué tan diferente será gastarlo todo ese dinero junto para tener esa hembra en la misma noche entre sus brazos, aunque ella no se comprometa sentimentalmente? otra cosa es desear un hijo con esa mujer, que equivale a desear formar una familia con ella.
    Finalmente, todas las mujeres se acuestan con aquel que las impresione, y luego les demuestre cuánto dinero puede gastar para complacerla. Son interesadas en general y el sexo es la palanca más poderosa que la Naturaleza ha dispuesto a favor de una mujer frente a un hombre, simplemente por ser macho y hembra.
    Creo que intelectualizar hombre-mujer como algo no-animal es engañarse con fantasías de gran valor trascendental, pero inútil cuando se trata de acercarse al sexo opuesto con intenciones “amorosas”.
    Es todo por mi parte.
    Saludos

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