Entrevista a Paula en La Razón

10 Octubre 09 – David Moralejo – Madrid

Por mucho que se debata sobre la «normalización» de la prostitución, la vida de las trabajadoras del sexo no suele ser «normal». En pleno debate sobre si hay que abolir o regularizar, cuatro de ellas nos muestran cómo es su día a día.

Lo más probable es que Paula no se llame Paula. No nos dice su nombre real, pero tampoco se lo preguntamos. Para qué. Con quien queremos hablar es con ella, Paula Vip, no con la mujer de 36 años que trabaja de ocho a tres como eficiente contable en un despacho de Barcelona. La doble vida de esta prostituta comenzó cuando, tras avalar a su ex marido en una inversión fallida, la amenazaron con embargarle el piso. La urgencia económica fue decisiva para dar el paso. «Escort» de lujo, puta, trabajadora del sexo… Paula acepta cualquier definición menos la de «mujer pública». Montse va más allá. Ha convertido su blog en una plataforma para luchar por los derechos de las prostitutas, y su voz sirve para mostrar un punto de vista personal, implacable y muy alejado de la palabrería política. Licenciada en Ciencias Políticas, entró en el mundo de la prostitución a los 29 años bajo el seudónimo de Marien para dar de comer a su familia y como única alternativa a robar o mendigar. En la actualidad sigue ofreciendo sus servicios, que compagina con el estudio de un curso de posgrado y numerosas actividades académicas. El caso de Raquel se acerca más al estereotipo «clásico»: colombiana, llegó a España hace tres años con la intención de trabajar como empleada doméstica. De hecho, eso es lo que creen que hace sus tres compañeras de piso. Pero no. Ejerce la prostitución en los aledaños de la calle Montera, en Madrid, donde saca el dinero justo para enviar la mayor parte a su madre y a su hijo y seguir tirando con el resto. Nada de lujos ni lencería fina. Margarita Carreras también hace la calle en el polémico Raval barcelonés. Desde hace años, es la portavoz de otras mujeres que, como ella, defienden el derecho de cada individuo a hacer con su cuerpo lo que quiera. Y que los políticos se preocupen por los delitos de extorsión, pero no por abolir una profesión que ella ha elegido y que le sirve «para alimentar y dar una educación a mis hijas».

«No soy ambiciosa»
Paula sólo responde al teléfono de su clientela a ciertas horas. Las que dedica a su trabajo, «como es lógico. Yo prefiero tener un solo cliente diario, eso me permite organizar mejor el resto de mi vida». Cuando hablamos por primera vez con ella aún no son las nueve de la noche y ya ha cenado. Está tirada en el sofá, viendo la televisión y revisando su blog antes de acostarse. Mañana será otro día duro.
«Me levanto pronto para ir a mi trabajo. Nunca me he planteado dejarlo, también necesito esas horas para relacionarme con los compañeros, para compartir los problemas cotidianos con mi gente. Así compenso la otra parte de mi vida, porque la soledad que genera no poder comentar qué tal te ha ido el día al llegar a casa es enorme. A partir de las dos de la tarde estoy disponible como “escort”,  pero a mí manera. Concierto una sola cita diaria, aunque podría tener dos o tres si quisiera. O más. Ya tuve que trabajar a destajo hace tiempo y ahora no me hace falta pasar por aquello. No soy ambiciosa: podría ganar mucho más dinero, pero no es mi objetivo». Paula tiene un discurso que sorprendería a más de un escéptico: culta, pausada, cercana… Por eso, casi ni sorprende que acabe de redactar su primer libro: «Todo comenzó cuando abrí mi blog. El tiempo libre que tengo lo aprovecho para escribir, y también ofrezco mi ayuda a otras mujeres». Porque Paula lo tiene claro: «La prostitución es algo muy duro, por eso desanimo a muchas chicas cuando me piden consejo para comenzar en este mundo. Para empezar, si rondan los 20 años o menos, soy tajante: “No te metas”. Si lo tienen muy claro, al menos les ruego que saquen el dinero que necesiten cuanto antes y que, después, rompan todos los vínculos creados».
Paula comprende que su manera de trabajar no tiene nada que ver con la situación a la que se ven abocadas muchas mujeres extranjeras que llegan a nuestro país: «Mis tarifas son elevadas, elijo a mi clientela y dispongo de un apartamento para mis citas. Además, gran parte de mi trabajo consiste en acompañar a cenas, visitar exposiciones, ir a conciertos… La parte sexual me la tomo como una profesional que ayuda al hombre a descubrir nuevos terrenos. Incluso a muchos clientes les he ayudado a romper tabúes que les impedían disfrutar de una vida plena con su pareja».
En unas semanas, Paula presentará su libro, pero seguirá sin mostrar tu rostro: «Mientras mantenga mi doble vida prefiero no hacerlo. Algunas compañeras mías sí se han dejado ver y eso las ha perjudicado más que ayudarlas, así que asumo que así debe ser».  Sobre la polémica de los anuncios de contactos en los periódicos, Paula ironiza: «Creo que, en los tiempos que corren, están obsoletos. Cualquiera puede entrar en internet y buscar webs dedicadas a esto con todo detalle. Lo único claro es que la prostitución no desaparecerá nunca, siempre habrá demanda».

Investigación académica
Marien muestra su rostro tanto en la web que utiliza para sus contactos como en el ámbito privado. No se oculta, es su manera de trabajar… y de vivir: «Durante el curso académico (actualmente sigo mi formación posgrado) me levanto sobre las siete y media, atiendo la casa, desayuno con los míos y me pongo a estudiar. A mediodía comemos juntos y luego me voy a mi apartamento, donde atiendo a mis clientes. Al realizar muy pocos servicios, aprovecho horas muertas para estudiar, leer y escribir el blog, amén de contestar a los medios de comunicación y personas que están realizando investigaciones académicas. Además voy al gimnasio, hago un poquito de vida social y me encanta escaparme para estar en contacto con la naturaleza. Ceno en familia y suelo irme a dormir sobre las 12». Una vida normal que Marien defiende porque «tomo mis decisiones y vivo mi vida según mis criterios, valores –entre los que está mi concepción de la sexualidad–, circunstancias y necesidades. Hago lo que  mi responsabilidad me lleva a hacer. Es la vida más coherente con mi visión del mundo, una visión tan válida como la de quienes se escandalizan».
Marien ha dicho en varias ocasiones que se retirará cuando considere oportuno, pero, mientras charlamos con ella, aclara que «si me garantizas que mañana me despertaré y seguiré viva… te lo contestaré. Ignoro cómo será mi futuro. Por muchos planes que se hagan, siempre hay factores que no controlamos». En cuanto a la polémica sobre la posibilidad de abolir la prostitución, ella es tajante: «Me indigna que, en realidad, las prostitutas les importamos un pimiento a ciertos políticos, ya que piden la abolición pero no nos dan ninguna alternativa real para que nos ganemos la vida “dignamente”, para que podamos desarrollar todo nuestro potencial y traspasar así la barrera de la “estructura social” en la que estamos integradas».

Margarita Carreras tampoco se esconde. Es más, su rostro se ha mediatizado en los últimos años sin que ella haya abandonado las calles de Barcelona, donde ejerce la prostitución desde hace décadas. En 2006 asistió a la gala de los Goya, y allí recogió el premio a la mejor canción original por «Me llaman Calle», de Manu Chao, incluida en la película «Princesas», dirigida por Fernando León. Ante tal acontecimiento, no nos queda otra que ponernos un poco frívolos y preguntarle por los preparativos de aquel día. Y la respuesta es sí: a Margarita también le prestaron un vestido. «Pero no fue Óscar de la Renta, sino una vecina mía que se había comprado uno para una boda. Le dije: “Me lo tienes que dejar para ir a los Goya”, y así ocurrió. Todas de Chanel y yo guapísima con el vestido de mi vecina la churrera», aclara entre risas.

Los deberes con su hija
Al día siguiente, Margarita volvió al trabajo. A una vida que ella ha elegido y que lucha por mantener frente a la oposición de los políticos: «Me siguen poniendo multas por estar en la calle, igual que a mis compañeras, pero no sé dónde está tipificado el delito de estar parada en una acera sin molestar a nadie». Hablamos con Margarita a mediodía, antes de que llegue la hora de ir a buscar a su hija: «Mi vida no es tan emocionante. Me levanto, llevo a mi hija al colegio, voy al hotel donde trabajo como camarera o, si tengo algún cliente, me cito con él. A las cinco recojo a mi hija, llegamos a casa, hacemos juntas los deberes, le preparo la cena y me acuesto. En el colegio de la niña todas las madres saben a qué me dedico, así que quien quiere me habla y, quien no, me ignora. A mí me da igual. Creo que siempre vale la pena luchar por una misma, y yo soy de las que piensan que cada nuevo día es un regalo de Dios. Por eso, cuando alguien me mira con cara de perdonarme la vida, le digo que no haga eso, que vivir no depende de nosotros, sino del que está ahí arriba».
Margarita compagina su rutina con esa visibilidad que, desde la asociación Genera, le sirve como plataforma para reivindicar sus derechos: «Quiero que regularicen nuestra profesión y que se aumente el control de las mafias y la extorsión, claro está. Pero de la misma manera que existen casos de extorsión en los talleres textiles o entre las empleadas domésticas, no como si nosotras fuésemos bichos raros. Lo inmoral en este país es que el señor Montilla y demás cobren esos sueldos y luego no haya dinero para bienestar social. Los políticos se han olvidado de que su función es servir al pueblo. ¿Sabes qué? Si la política fuera una vocación voluntaria, de entrega y sacrificio, nadie se metería en política. Y ése es uno de los males de España, que hay mucho ladrón y poca gente trabajando». El discurso de Margarita es incendiario, pero también tiene tiempo para, optimista, dar gracias por su suerte: «Yo no necesito nada, siento que con lo que tengo ya me ha tocado la lotería. Mis hijas me quieren, vivo bien, he conocido a muchísima gente interesante… ¿Qué más puedo pedir?»
Mejor que nada
Raquel, si alguien la escuchara, sí pediría una cosa: salir de la prostitución. No aclara si ella es víctima de una red de extorsión, pero queda claro que sí. Sin papeles y en plena crisis, sólo le queda tener fe: «Me vine a España como tantas otras, con la intención de encontrar un trabajo digno. Sabía que la prostitución era una salida, pero pensaba que no me iba a tocar a mí. Al menos, supongo que cuando haya más trabajo podré dejar la calle».
Aunque le hablamos de asociaciones como Apramp, que ayudan a reinsertarse a las víctimas de explotación sexual, ella se niega a acudir: «De momento lo llevo bien, ahorro un poquito para enviar a mi madre y a mi hijo y, con lo que me sobra, voy tirando. Es mejor que nada». Lo único que sí confiesa abiertamente es la incomodidad de llevar una doble vida, «ya que mis compañeras de piso creen que también soy empleada doméstica, como ellas. Temo que, si se enteran, no quieran vivir conmigo».
Raquel no piensa como Marien, Paula y Margarita. No entiende que alguien haya elegido libremente esta forma de vida, pero tampoco cree que la solución sea abolir la prostitución: «Si dicen que es el oficio más viejo del mundo, por algo será, ¿no?», afirma mientras intenta esbozar una sonrisa.
 

Granada multará a prostitutas y clientes
 La primera toma de contacto con el mundo de la prostitución a la hora de realizar el seguimiento fue a través del Colectivo Hetaira, que defiende los derechos de las prostitutas. Cansadas de la sobreexposición mediática a la que se han visto sometidas en los últimos meses, pocas se deciden a hablar y menos aún a mostrarse en público. El objetivo de Hetaira es garantizar los derechos de quienes ejercen la prostitución, así como promover la creación de zonas al estilo del «barrio rojo» de Amsterdam que ofrezcan unas condiciones de seguridad e higiene dignas para las trabajadoras. Por otro lado, piden recursos económicos y alternativas de empleo para aquellas mujeres que quieran abandonar la prostitución.
 En el mismo sentido trabaja Genera en Barcelona, mientras que la Asociación para la reinserción de las mujeres prostituidas, Apramp, con sede en Madrid, se centra en las víctimas de explotación sexual. Según una portavoz, «aquí el perfil es de mujeres engañadas, el 95% procedentes del extranjero, que necesitan reinsertarse. Por eso disponemos de talleres que faciliten su entrada en el mercado laboral».
 El pasado 22 de septiembre, el Congreso rechazó regular la prostitución. Allí, Carmen Montón, portavoz socialista de igualdad, aclaró que el 90% de las prostitutas que ejercen en España «son extranjeras sometidas a  extorsión».
 Granada y Castelldefels han anunciado que multarán con 3.000 euros a prostitutas y clientes que comercien en la calle. A pesar de todo, parece que la abolición de la prostitución –siguiendo el modelo de Suecia– no se contempla como única vía para solucionar el problema en nuestro país.

http://www.larazon.es/noticia/la-vida-privada-de-una-mujer-publica

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