Barreras sociales con respecto a la prostitución se han corrido

El hombre sobre la tarima bajó la cremallera posterior del vestido de la modelo francesa Noémie Lenoir para que los asistentes pudieran contemplar sus nalgas como melocotones y aumentaran las apuestas por pasar una noche con ella. Cuando nadie dio más de 16.000 dólares, un martillazo puso fin a la singular puja. Era 28 de septiembre y la esposa del futbolista Claude Makelele acababa de subastar su cuerpo a favor de las personas que viven con VIH/sida.

La exótica morena de 30 años ¿que, por cierto, manifestó su decepción por no haber alcanzado los 20.000 dólares¿ no era una pieza única en su especie. A comienzos de este año, la rumana residente en Alemania Alina Percea, de 18 años, subastó su virginidad por una causa tan noble como la de Lenoir: pagar su carrera universitaria. El mejor postor, de origen italiano, ofreció 15.000 dólares y se llevó a la joven a pasar una noche en un hotel de lujo en Venecia. Ella, como cualquier ciudadana de bien, pagó los impuestos respectivos por la ganancia ocasional y, según relató al diario británico The Sun, disfrutó la velada pese a ignorar el estado civil del desconocido.

Historias de ese corte pueden sonar incluso familiares. En 2007, el libro Las prepago, basado en los testimonios de la celestina ‘Madamme Rochy’, mencionaba que varias de las más famosas modelos colombianas estaban incluidas en un catálogo especialmente solicitado por narcotraficantes y paramilitares dispuestos a pagar ingentes sumas por sus servicios . Pocas reviraron por la publicación y ninguna vio truncada su carrera.

Otoño de patriarcas

Unas décadas atrás, revelaciones de ese corte habrían condenado a sus protagonistas a una especie de destierro social. Hoy, sin embargo, esa información se divulga en los medios, pasa de boca en boca y a nadie realmente se le ocurriría lapidar a las involucradas.

Muestra de ello es que, según una encuesta realizada para CAMBIO por Opinómetro-Datexco, uno de cada 10 colombianos aceptaría tener por dinero y más de la mitad no descalificaría a quien lo hiciera. Evidentemente, el tabú se mantiene ¿si fuera normal no daría motivo a libros y noticias¿, pero sin duda tiende a resquebrajarse. ¿Se acabó el estigma de la prostitución?

Al margen de interpretaciones morales, varios factores explican la creciente tolerancia a estas prácticas cuando son realizadas de manera autónoma. En efecto, una lectura muy distinta merece el fenómeno cuando es resultado de una forma de explotación o cuando es una expresión de las libertades individuales. Habría que ser muy obtuso para calificar como prostitución la graciosa anécdota que el escritor argentino Adolfo Bioy Casares registró en su diario en 1988, a propósito de la muerte de su amiga Beatriz Guido: “Dijo que si escribía una nota sobre una de sus novelas se acostaría conmigo. La escribí y nos acostamos, riendo de la situación”.

Para los investigadores sociales el fenómeno en buena medida puede ser explicado por el paulatino abandono de patrones machistas en las culturas occidentales. De hecho, muchos sociólogos plantean que el estigma de la prostitución tiene su origen en la pretensión patriarcal de mantener el control sobre las mujeres mediante la estrategia de catalogarlas como buenas o malas. Las primeras: madres, santas, obedientes; las otras: , casquivanas, libertinas. Para vengar la rebeldía y preservar la sumisión, las que se salen del redil son estigmatizadas y enviadas a la periferia.

Víctor Reyes, el director del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional, añade que la apertura también está relacionada con la pérdida de la importancia que ha tenido la virginidad en la sociedad. Esa situación, a juicio del experto, permite que la prostitución se haya vuelto válida en una determinada época de la vida sin impedir el posterior desarrollo normal de la mujer en la sociedad.

Y como suele ocurrir con muchos fenómenos sociales, la normalización acrecienta el número de involucrados y esto, a su vez, atenúa la rudeza de los calificativos. Misael Tirado, doctor en Sociología Jurídica de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado, afirma que el aumento de mujeres con cierto nivel educativo que cambian sexo por dinero ha provocado un cambio de conciencia: antes eran ; ahora, proveedoras de servicios sexuales. “Cuando se asumen como le quitan el peso moral y social al asunto”, concluye Tirado.

En el mismo sentido, el investigador de temas de género y educación Carlos Iván García manifiesta que la aceptación de la prostitución en la actualidad depende del éxito obtenido con ella. Si la mujer se mantiene pobre, sigue siendo ; si alcanza estatus, el medio por el que lo obtuvo importa bastante poco. El fin justifica los medios.

El ojo feminista

Varios elementos darían para pensar que la menguante censura al intercambio de sexo por dinero es el reflejo de una sociedad que vence sus tabúes y permite la expresión de las libertades individuales. Sin embargo, la mirada feminista sugiere que no se trata más que de un espejismo.

Claudia Mejía, directora de la organización Sisma Mujer, plantea una comparación: ¿un suicidio es una demostración de autonomía de la persona sobre el cuerpo? En apariencia, sí, pero si se echa un vistazo a la situación del individuo probablemente se descubre que fue víctima de una sociedad que no le permitió, por ejemplo, ejercer plenamente sus derechos a la salud o al trabajo.

El ejemplo podría extrapolarse al caso de la modelo Noémie Lenoir, las vírgenes en venta o ‘las prepago’. ¿Ejercen su derecho a la autonomía sobre sus cuerpos? “No ¿contesta radicalmente Mejía¿, ellas perpetúan la idea patriarcal de que el cuerpo de la mujer está al servicio del placer de los varones; de que la femenina está subordinada a la masculina, y de que el placer del otro prima sobre el nuestro”.

De modo que parece poco probable que algún día se acabe el estigma de la prostitución. Mientras la sexualidad involucre relaciones de poder, las censuras y los tabúes permanecerán.

Los imperios de la permisividad

La ‘profesión más antigua del mundo’ no siempre ha sido estigmatizada. De hecho, en comparación con otras épocas, la actual podría lucir algo mojigata.

Historiadores clásicos documentan que en Babilonia (2000-539 a. C) era obligación de todas las mujeres acudir, al menos una vez en la vida, al santuario de Militta (la Afrodita griega) para tener sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico.

En la antigua Grecia (1100-146 a. C.) las prostitutas pagaban impuestos y podían ser independientes e influyentes. Las hetairas, como se le conocía, estaban a medio camino entre las prostitutas y las . De hecho, el sabio legislador Solón fundó el primer burdel de Atenas en el siglo VI a. C. Con las ganancias construyó un templo dedicado a Afrodita Pandemos, patrona del negocio.

El estudio justifica los medios

La ecuatoriana Evelyn Dueñas, de 28 años, logró que la oferta por su virginidad en Internet ascendiera a 2,5 millones de euros -unos 7.000 millones de pesos-, pero la rechazó, según dijo, porque el interesado no cumplía sus condiciones: nada de besos y caricias y una serie de exámenes que comprobaran su buen estado de salud. La latina radicada en España confesó que no se sentía muy bien con la idea, pero su madre y sus ganas de estudiar medicina la habían impulsado a hacerlo.

http://www.cambio.com.co/sexocambio/850/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-6354127.html

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