Fingiendo ser virgen

Novedad japonesa: un artilugio que permite a las mujeres fingir ser vírgenes. Se trata de un himen artificial que se introduce en la vagina quince o veinte minutos antes del coito y que, cuando se produce la penetración, expulsa un líquido que presenta una textura similar a la de la sangre. Según sus fabricantes, la cantidad de sangre falsa expelida es muy pequeña (no hay ninguna necesidad de reproducir La matanza de Texas) por lo que las posibilidades de dar el pego son bastante elevadas. ¿Utilidad del invento? Pues por lo visto su venta está haciendo furor en los países árabes, especialmente en Oriente Medio, no en vano en la cultura musulmana la noción de ‘desprecintado’ de la mujer asociada al acto sigue muy vigente. También lo es entre los elementos más fundamentalistas de la religión cristiana, pero ahora se cortan un poquito a la hora de exigir pruebas o castigar culpas. Aunque conviene no confiarse y mirar de vez en cuando el retrovisor, por si vuelven a la carga.

La reacción en muchos países musulmanes al enterarse del elevado número de ventas de este estrambótico invento entre sus ciudadanas no se ha hecho esperar. Por lo pronto, en Egipto algunos políticos han solicitado al gobierno que prohíba la importación del reconstructor de himen artificial. Como no iba a ser menos, el que se ha pasado tres pueblos es un profesor de la universidad religiosa egipcia Al-Azhar, que ha solicitado la pena de muerte para compradoras y personas implicadas en la distribución y venta de este invento diabólico. Se da la circunstancia que en muchos países árabes algunos centros de cirugía estética practican de manera ilegal reconstrucciones quirúrgicas del himen, pero a precios desorbitados. El precio bajo del himen falso japonés, 30 dólares, asegura su fácil adquisición a nivel general, por lo que no es de extrañar que su volumen de ventas haya puesto de los nervios a algunos. Estamos arreglados.

Más de uno estará comentando alucinado lo mal que lo pasan muchas personas en algunas partes del planeta, sometidas aún a ritos y costumbres milenarias y absurdas. Que la rotura de una membrana del cuerpo comporte tanta tontería, todavía hoy en día, es algo que no deja de sorprender, sobre todo si tenemos en cuenta que el himen puede romperse accidentalmente de mil maneras y porque, y este es el gran quid de la cuestión, la pureza y la inocencia pueden mancillarse de otras tantas formas, no necesariamente o exclusivamente por vía vaginal.

Como una bolsita de té.Como una bolsita de té.

La cuestión de fondo en todo este asunto es la de siempre. Para algunas culturas y religiones la siempre se ha considerado algo negativo, sucio e impuro, aunque necesario para la perpetuación de la especie. Disponer y disfrutar de ella sin fines procreadores, es todavía algo terrible, por lo que hacer uso del antes de celebrar ninguna ceremonia o rito es lo peor. Además, la concepción sexual de la mujer como un simple receptáculo fomenta esa idea trasnochada de desprecintado o descorche que comporta la primera vez. Como un yogurt. De la virginidad masculina, nadie dice ni mu, claro.

Mientras tanto, la mística de la primera vez permanece vigente en el imaginario colectivo. No sólo en los países fundamentalistas. Por supuesto, perder la virginidad antes del matrimonio ya no tiene las mismas consecuencias funestas por estos pagos, aunque celebrar Pascua antes de Ramos todavía quita el sueño a algunos, y no sólo de etnia gitana. En mi opinión, desdramatizar el desvirgue sexual no significa banalizarlo. La primera vez es importante, pero sacralizarla o rodearla de misterios es un engaño. Aunque vengan de Japón.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/02/camaredonda/1254468098.html

Share
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Comentarios en FaceBook:

Deja un comentario