Madrid.- Susana ya tiene 20 años. Es una chica que la pobreza del Amazonia le reparó un destino marcado por la violencia y la prostitución. Un mundo en el que vivió cada día múltiples abusos sexuales, la convirtieron en una drogodependiente y le enseñaron que una golpiza puede llevarla al abismo de la muerte.
Hoy día, disfruta de una libertad conseguida tras una redada policial que la sacó de una red de explotación infantil que la tuvo secuestrada por tres años. Desde España, donde reside bajo el estatus de refugiada nos cuenta su historia.
En el 2002 comenzó la pesadilla. Una mañana cualquiera de un pueblo minero de la Amazonia, Clara cumplía sus deberes de buscar latas y aluminio para vender hasta que sintió que el hambre le recordaba que llevaba horas sin comer. Así fue como llegó a un bar del pueblo, donde una exprostituta era la encargada de la caja. Sin saberlo, Clara pidió un pedazo de pan y lo consiguió acompañado de un vaso de coca cola. Un verdadero lujo para una pequeña de una zona donde el salario promedio por día son 5 dólares (15 bsF).
Y así comenzó a visitar con mayor frecuencia el bar. ¨La mujer se llama Gladys y recuerdo que era muy cariñosa, me daba comida y me preguntaba mucho por mi familia. Por eso le conté que mi padre no sabía quién era y mi madre estaba toda la semana fuera por que cocinaba en un campamento minero¨.
A los meses siguientes, ¨Gladys me regaló unos pantalones y unas blusas bonitas por que me decía que me estaba haciendo una mujercita. Me dió el cariño que no recibía en mi casa, así que puse toda la confianza en ella y cuando me ofreció que me fuera a vivir al bar de un amigo y así me daría trabajo, no lo pensé dos veces, actúe con el impulso de una niña de 13 años recién cumplidos¨.
Así llegó Clara a la mafía de tráfico sexual de la zona. A la Gladys no la vió nunca más y su nuevo jefe tras evaluarla decidió que debía dejarle las reglas claras. ¨En mi casa dije que me iba a trabajar, cuando llegué al bar del amigo de Gladys me di cuenta que todo estaba oscuro, que el hombre era fuerte y tenía a tres amigos más a su alrededor, me preguntó la edad, que se me había venido la regla y me pidió que me acercara. Luego me tocó los senos, y todo el cuerpo, yo intenté zafarme, pero de un sólo jalón me di cuenta que estaba atrapada¨.
La pesadilla apenas comenzaba. Clara esa misma noche conoció a sus compañeras de trabajo, otras chicas que reconocía de barrios cercanos. La joven recuerda cómo la impresionó la tristeza de las chicas, quienes poco hablaban entre ellas y muchas tenían la mirada perdida. ¨Lo que más recuerdo es el mal olor que había, la pobreza de las habitaciones y la capacidad de juntar a tantas chicas (unas
en una pieza en la que era para unas tres personas¨.
A las pocas horas, Clara acudió a la oficina por orden de su jefe. ¨Allí me dijo que el trabajo sería fácil a medida que yo lo permitiese. Me obligó a tomarme un vaso de alcohol y a inhalar mi primera porción de cocaína. Me golpeó y luego me obligó a que le practicara sexo oral¨.
Apenas la noche comenzaba, Clara en su primer día sólo se emborrachó y sedujo a unos cuantos clientes para que siguieran consumiendo bebidas en el bar, una de las tareas menos dura de la faena.
Pero su virginidad tenía un alto precio y ya el dueño del bar lo tenía claro. Un minero obeso, de manos gruesas, borracho y con mirada libidinosa era el cliente asignado. ¨Yo temblaba en una de las puntas de la cama, había bebido y consumido pero igual me moría de miedo, no hubo preámbulo, el hombre se bajó los pantalones, me quitó la ropa a la fuerza y tras golpearme para que dejara de llorar, logró violarme. Ese fue el primer cliente de la noche¨.
Con gran dureza en su rostro, Clara reconoce que a partir de ese momento entendió que las cosas no tenían salida atrás. ¨Es cuando con mucho dolor en todo el cuerpo reconocí y me dije a mi misma: ya no soy una niña, soy una puta¨.
¨Múltiples palizas, amenazas de matar a mi madre o mis hermanos, la drogodependencia y el estar totalmente aislada de todo me impidió lograr escaparme. Cuando una chica lo intentaba le daban tal paliza que no podía trabajar en los días siguientes, incluso algunas no volvían a aparecer, y muchas otras ví morir por sobredosis¨.
Hasta que pasaron tres años, Clara vivió un verdadero infierno. Odiaba su cuerpo, su vida y ya no podía vivir sin droga. Era prostituida cada noche y dormía en las mañanas, luego a partir de las cinco de la tarde se iniciaba el proceso de limpiar, ordenar y ponerse apunto para la llegada de los nuevos clientes.
¨Fue una época en que no veíamos televisión, sólo leíamos revistas viejas y hablabámos entre nosotras de lo que nos apeteciera, hablar de la familia era un tema prohibido por que nos ponía triste a todas¨.
Pero al parecer Dios no se olvidó de ellas. Una madrugada, un grupo de policías irrumpió en el bar, rodeó la zona, y ¨nos sacó a las 13 chicas que estábamos allí y dos niños que ni sabíamos que vivían en el mismo bar. Nos dieron mantas, y nos metieron en una camioneta hasta un orfanato¨.
La madre de Clara fue llamada por la policía, y descubrió la vida a la que fue sometida su hija. ¨Llorando me pidió perdón, por que pensó que me había fugado de la casa para evitar los golpes de mi hermano mayor¨.
Al comienzo, Clara cuenta que le costaba abrir los ojos en la calle, le molestaba la luz, sentía miedo, necesitaba drogas y temía que cualquier noche vinieran a matarla o secuestrarla.
Y así ocurrió, una noche llegaron varios hombres e incendieron su humilde casa, por suerte no había nadie, Clara en ese momento mendigaba por un poco de droga.
Los ataques ocurrieron a las 13 chicas de manera simultanea, dos de ellas sufrieron daños pero sobrevivieron. Así que la trabajadora social las envió a un refugio, donde Clara conoció a una psicológa española que vivió todo el proceso de desintoxicación con ella. La ayuda fue fundamental por que a Clara y a sus compañeras aún eran buscada por la mafía.
Un toque de justicia llevó a Clara a tener la posibilidad de ser llevada a un refugio de Madrid, donde luego de unos meses obtuvo su estatus de refugiada. Actualmente su testimonio ayuda a muchas Ongs europeas a trabajar por el tráfico sexual de niñas y niños en América Latina.
Cifras rojas
La vida de Clara es un testimonio que representa a millones de niñas y niños que actualmente son objeto de las grandes mafias. El Fondo Internacional para la infancia de la Organización de Naciones Unidas (UNICEF) en su último informe publicado revela que cada año 200 millones de niños son obligados a ingresar en las redes mundiales de prostitución y pornografía infantil,de acuerdo con un informe dado a conocer a principios de junio de 2009 en Berlín.
De acuerdo con el informe presentado por la organización, 150 millones de niñas y 73 millones de niños son violados anualmente en todo el mundo.
La directora de UNICEF, Regine Stachelhaus, pidió la persecución sistemática de servidores y páginas de Internet vinculadas a la pornografía infantil, un negocio anexo a estas mafías. “Cada día se cuelgan en Internet 200 nuevas fotografías con pornografía infantil por todo el mundo”, informó.
A la explotación sexual, la pornografía se une el turismo sexual, lo cual ¨no es sólo una modalidad de explotación, más que nada es un sistema de trabajo y placer: trabajo para quienes emplean a los niños en esta práctica, placer, para los clientes que generalmente son extranjeros¨, explica Mónica LLuís, investigadora.
Cada año, más de 30 mil extranjeros llegan a América Latina con el fin de participar en diversos tours. Cifras de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), donde contratan los “Servicios” de una noche con una menor de edad. Según ese estudio realizado por la OIM, los menores afectados tienen entre 13 y 17 años de edad.
Lluís agrega que el precio suele ser global por la noche, la fiesta, la salida y no tanto por el tipo de servicio ofrecido que muchas veces es todo. Sin embargo, el dinero constante hasta puede quedar totalmente fuera de la escena cuando hay intermediación, agencias o incluso cheques a domicilio y pago con tarjeta de crédito, cuentas abiertas en casas de ropa, regalos costosos, viajes, toman gran papel en estos casos.
Existen canales de intermediación explícitos como agencias para turistas o ejecutivos, saunas de lujo hoteles 4 y 5 estrellas, clubes privados, cabaret y discos de moda.
No existe un único perfil de clientes de prostitución infantil. Hay jóvenes, no tan jóvenes, personas mayores, heterosexuales, homosexuales, médicos, arquitectos, psicólogos, abogados, jueces, policías, obreros, estudiantes, patrones, empleados, artistas, empresarios solteros, hombres de familia, etc.
Modos de captar víctimas
La socióloga María José Esteban que existen tres etapas para captar o secuestrar a las niñas y niños por parte de las mafías.
La primera de ella es la captación y el rapto. Esta se produce en las zonas marginales de las ciudades, donde normalmente prostitutas o exprostitutas que con frecuencia dependen de una dosis de heroína se aprovechan de las privaciones económicas de las menores y les ofrecen algún trabajo o ayuda económica, normalmente a través de un bar, un espectáculo o un grupo de baile. Una vez que logran ganarse su confianza, les llevan a un establecimiento de la red donde caen en manos del proxeneta.
Luego, Esteban agrega que viene la retención y el secuestro. ¨En esta parte, las organizaciones de prostitución utilizan pisos y clubes de alterne para retener a los menores. Una vez que han caído en uno de ellos comienza el verdadero calvario. Las niñas son encerradas, golpeadas y violadas por sus proxenetas durante varios días. De esta forma ninguna de ellas será virgen y habrá tenido varias experiencias antes de recibir a su primer cliente, a no ser que alguno de éstos esté interesado en una niña virgen. Por otro lado las palizas y amenazas aseguran el silencio de las menores, muchas veces aun después de ser detenidos sus proxenetas¨.
En ningún momento dejan de ser vigiladas y no pueden salir a la calle. Normalmente son obligadas a drogarse con cocaína para aumentar su rendimiento o con heroína para doblegarlas, convertirlas en drogadictas y hacerlas así dependientes del proxeneta-camello.
La última etapa corresponde al desenlace, el cual comúnmente no es positivo. Y es que los menores que caen en manos de estas redes tienen pocas posibilidades de escapar. Si no son liberados por la policía pueden terminar siendo vendidos en el extranjero y no regresar jamás.
También pueden ser asesinados cuando ya no sirvan o caer por una sobredosis. Pueden convertirse en drogadictos o simplemente no volver a recuperar su estado emocional normal. Un adolescente de 15 años que ha pasado por esto tiene muchas probabilidades de no recuperarse nunca totalmente de los traumas psíquicos y físicos sufridos a una edad en la que el ser humano es tremendamente vulnerable mientras intenta moldear su personalidad.
Alarma mundial
.- En el 2002, se estima que 4 millones de mujeres fueron vendidas, de ellas, exactamente la mitad son niñas entre 5 y 15 años para ser introducidas en el comercio sexual. (informe de las Naciones Unidas).
- En Internet hay 4 millones de páginas Web dedicadas a la pornografía. 2.400.000 de ellas son de pago y cada día hay 500 sitios nuevos de pornografía. (Asociación Intervida).
.- En Estados Unidos por año mas de un millón de niños menores de dieciséis años son vendidos para brindar servicios sexuales a más de 12 millones de “clientes” (Fuente: OIM “Organización Internacional de Migraciones”).
- La trata de seres humanos mueve 32.000 millones de dólares anuales, superando las ganancias del tráfico ilegal de armas, según los datos otorgados por la OIT y la OSCE.







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