JAVIER MORÁN Lo que ha hecho tristemente célebre a la madrileña calle de la Montera es que, aún en el presente, caminas por la Gran Vía y de pronto te aborda un esqueleto que sale de dicho vial, hoy ya adoquinado y entregado al peatón, de modo que la carrera de las prostitutas choca con menos riesgos de tráfico.
Pero el caso es que todavía salen a hacer la calle algunos de esos esqueletos, alguna joven de acento eslavo o hispano que en el colmo de la desesperación, del hambre o de la necesidad de meterse algo en la vena te miran con ojos violáceos y abren una boca rodeada de heridas: «Chaval, ¿una mamada?».
La escena no es infrecuente, sino probablemente la más triste de una de las grandes capitales europeas. Hemos adoptado el eufemismo de «trabajadoras del sexo», pero, claro, el trabajo sirve lo mismo para engrandecer a los humanos (lo decía el letrero de Auschwitz: «Arbeit Macht Frei», el trabajo hace libre) como para que en la ratonera de un sótano de Taiwán una niña de 10 años remate con sus finos y rápidos dedos la cremallera de un pantalón vaquero destinado al comprador occidental.
En el caso del sexo parece que también hay trabajadores y trabajadoras con una cierta dignidad, que se ponen el condón o realizan periódicamente las pruebas antisida. Éstos predominan en Gijón, según comunica el Comité Ciudadano Anti Sida de Asturias, que con el respaldo económico del Ayuntamiento de Gijón ha presentado la campaña «Así da gusto», consistente en entregar a las mujeres, hombres y transexuales que practican la prostitución una carterita azul que contiene dos condones, lubricante, espejo y un folleto con mensajes para evitar el contagio del sida.
La campaña parece destinada a los ya convencidos, a juzgar por los datos del referido Comité acerca de prevención en los trabajadores locales del sexo. Lo que nos preguntamos es cuántos casos registra Gijón de infratrabajadoras como las de la calle de la Montera. Tal vez ni sepan leer castellano ni puedan desentrañar los eslóganes del folleto informativo. No nos preguntamos por este dato a causa de una mala conciencia burguesa, de habitantes del burgo, sino porque confiamos en la eficacia de las campañas de nuestras autoridades.
http://www.lne.es/opinion/2009/11/28/prostitucion-lectora/840358.html







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