Llevan a los tribunales la ordenanza contra la prostitución de Granada

Recogiendo las quejas de las asociaciones y plataformas “antiordenanza” y añadiendo su propia consideración de que resulta “contraria” a la Carta europa de salvaguarda de los Derechos Humanos, la asociación Grupo de Juristas 17 de marzo ha presentado un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) contra la “ordenanza para la convivencia” aprobada el pasado septiembre por el Ayuntamiento de Granada y célebre por perseguir la prostitución callejera.

Los juristas consideran que la norma “excede de las competencias municipales” al no estar “amparada en ninguna Ley estatal o autonómica” y la califican de “un nuevo modelo de control de la ciudad que criminaliza a las marginalidades, oposiciones o disidencias político-culturales, inherentes a la conflictividad urbana”. Añaden que “puede vulnerar derechos fundamentales como el de reunión, manifestación y libertad de expresión”.

En la explicación de sus motivaciones, los juristas afirman que el texo “hace una protección aparente y no real de los bienes jurídico presuntamente protegidos”, esto es, la convivencia ciudadana. Llegan a afirmar que la norma “puede desencadenar situaciones de crispación conflictividad e incluso alarma social”. También argumentan que con esta se amplían “peligrosamente” los poderes de la Policía Local, de manera que “recuerda una tradición propia de otras épocas”.

Finalmente, el grupo incide igualmente en los “déficits democráticos” de la elaboración de la norma, opinando que “la base de cualquier normativa municipal debe ser el derecho a la participación política en su elaboración. Actualmente hay un gran movimiento ciudadano de oposición”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/18/andalucia/1261156583.html

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Exonerado el ginecólogo: la paciente no dijo la verdad

El enigma en torno a los orgasmos ginecológicos de Bibi Giles lo ha resuelto este viernes la intervención inesperada de un segundo médico: William Dowley, que se ha personado en la causa no tanto por corporativismo como por dejar en evidencia las mentiras de la paciente sobre su ginecólogo, Angus Thomson, al que había llevado a juicio acusándole de acoso sexual.

Dowley conoce muy bien a Giles. No en vano fue su médico de cabecera entre 2002 y 2004 y resistió como pudo sus insinuaciones. Por él hemos sabido que le propuso que mantuvieran relaciones sexuales para paliar el vacío que había dejado en la cama su marido, al que castigaba con el látigo de la indiferencia desde que lo sorprendió en una flagrante infidelidad.

La intervención in extermis de Dowley ha salvado milagrosamente al ginecólogo Thomson, al que su paciente había denunciado por acoso sexual. Alertada por la aparición en escena de Dowley, su paciente ha retirado fulminantemente la denuncia y ha desembolsado voluntariamente 30.000 libras por las costas del proceso. Una miseria si lo comparamos con el descrédito que se ha provocado a sí misma y que ha salpicado a su alrededor.

Giles había acusado a Thomson de provocarle sendos orgasmos durante un examen de sus genitales. Según ella, involuntariamente y con la enfermera al otro lado de la habitación. «Me pareció que aquello estaba mal», dijo Giles en el juicio, «pero yo no sabía cómo eran los exámenes de un ginecólogo después de una operación».

Según dijo su marido, ni él ni su esposa tomaron medidas entonces porque preferían lo malo conocido que lo bueno por conocer. En otras palabras, porque la enfermedad uterina de Bibi requería tratamiento y cambiar súbitamente de ginecólogo habría sido un engorro y un problema en su recuperación.

Ahora sabemos que todo era mentira y que la señora Giles se cruzaba mensajes subidos de tono con su ginecólogo. Entre otros uno en el que le decía que tenía ganas de «probar su salchicha de carne» a la mayor brevedad. También sabemos de su ajetreada vida social, que incluía relaciones con varios presidentes de la Guyana y un turbulento pasado como esteticien.

La víctima de esta historia es por supuesto el ginecólogo Thomson, esposo amantísimo y padre de tres hijos, que compareció ante la prensa para aclarar la realidad.

«Los últimos tres años han sido una experiencia horrible. Siempre he intentado hacer mi trabajo con profesionalidad. Las acusaciones falsas de la señora Giles son las más serias que se le pueden hacer a un médico y han amenazado con aruinar mi carrera y mi reputación. Por eso estoy aliviado y contento de que se me haya exonerado y salga de esta con mi reputación intacta. Sólo espero que esta señora no vuelva a hacerle esto a ninguna otra persona».

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/18/internacional/1261156152.html

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Orgasmos en el ginecólogo

  • Una británica denuncia a su médico por acosarla cuando la examinaba
  • Él lo niega y dice que fue la mujer quien le envió múltiples mensajes eróticos
  • Un tribunal del condado de Worcester dirime estos días un caso ciertamente singular. Enfrenta a Angus Thomson y Bibi Giles: un ginecólogo y una de sus pacientes. Ella dice que el médico se le insinuó y llegó a provocarle dos orgasmos mientras le examinaba la entrepierna. Él lo niega y asegura que es justo al revés: que ella lo acosó con mensajes eróticos y llamadas acuciantes y lo llevó a los tribunales movida por el despecho y la desesperación. Será el jurado quién decida cuál de las dos versiones es cierta.

    Entretanto, el asunto ha suscitado cierta expectación en las páginas de los tabloides, que se solazan con el cruce de acusaciones entre el acusado y la presunta víctima. El caso descansa sobre un minucioso examen al que Thomson sometió a los genitales de la señora Giles. Tan minucioso que, según ella, no pudo evitar que le provocara sendos orgasmos sin querer y con la enfermera al otro lado de la habitación. «Me pareció que aquello estaba mal», ha confesado la paciente en el juicio, «pero yo no sabía cómo eran los exámenes de un ginecólogo después de una operación».

    Según el marido de Giles, ni él ni su esposa tomaron medidas entonces porque preferían lo malo conocido que lo bueno por conocer. En otras palabras, porque la enfermedad uterina de Bibi requería tratamiento y cambiar súbitamente de ginecólogo habría sido un engorro y un problema en su recuperación.

    Así, Giles dice que soportó miradas sucias y frases subidas de tono. La más fuerte, la que Thomson le espetó cuando le dijo que le dolían los puntos. «Eso es porque aún no has tenido sexo», le dijo, «si no lo tienes sufrirás una explosión».

    La defensa dice que es Giles quien cortejaba a Thomson y no al revés y presenta como prueba un mensaje de móvil en el que ella se muestra abiertamente insinuante con su médico. Una acusación que ella rebate diciendo que lo hacía en pos de sus servicios ginecológicos.

    http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/16/internacional/1260995932.html

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