Siempre me han atraído las historias de voyeur, porque a mí me gusta mirar. Hombres o mujeres -yo me refiero a hombres- que se pasan la vida observando y disfrutando de lo que ven.
No sé si su posición es mejor que la del que se siente observado. En principio parece que sí, porque al segundo lo dejan inerme, lo desnudan con la mirada y lo vapulean, a veces hasta la incomodidad.

O no, porque también provoca placer ser observado y hacérselo notar al que mira.
Es lo que hacían las tres inquilinas de un piso de mujeres jóvenes con su vecino voyeur. Cuando él estaba sentado frente al ventanal de su salón, ellas, alguna o a veces todas, se paseaban con nocturnidad y alevosía por el suyo, conocedoras de que al otro lado del cristal, unos ojos disfrutaban con su actuación.
Me lo acaba de recordar otra historia de un voyeur, que he leído poquito antes de que se haya publicado en Bubok. Se llama Páginas de relax.
Una historia de un tipo solitario cercano a los 40 que pierde la cabeza por una puta de lujo. Aunque puede que sea la puta la que se mete en la cabeza de un tipo fantasioso que vive solo y que tiene una vecina exhibicionista que le mantiene en su ventana, muy pendiente de sus movimientos.
Un imposible amour fou; una bollicao sadomaso y otros contactos amorosos cambian su rutina gris por imprevisibles escenas de sexo, en las que siempre hay alguien que observa.
http://blogs.20minutos.es/chapiescarlata/post/2009/12/18/historias-voyeur








