Prostitutas sí, pero en la calle

La presidenta de la Asociación Isaac Peral reclama un local social para que las jóvenes extranjeras se ganen la vida con dignidad
Natividad Guerra relata cómo lucha por ayudar a las

«Aquella noche, todos en la asociación estábamos decididos a lograr pruebas de lo que ocurría en el barrio para que los políticos y la Policía reaccionaran. Así que, como si fuera una película, cogí un pasamontañas, una cámara de fotos y un casco y me fui con uno de los directivos a la calle. Me subí en su moto y fuimos directos a una esquina de la calle de Las Beatas. Rápido y con disimulo, disparé varias veces. Y las imágenes que tomé me demostraron a mí y a mucha gente que lo que estaba pasando en pleno centro de Cartagena no era ninguna película. Era pura realidad. La calle estaba a reventar de , chulos, clientes… Así empezó la lucha que llevamos hasta ahora», relata Natividad Guerra.
Dos años después de aquella noche de invierno, Natividad aún recuerda el miedo que pasó, pero tan rápido como entonces apretó el disparador de la cámara, supera sus temores. Y cuenta a ‘La Verdad’ cómo se arma de valor a diario desde su cargo de presidenta de la Asociación de Vecinos Isaac Peral para luchar por la tranquilidad del casco histórico llamando la atención de las autoridades y con una estrategia más atípica y, quizás, más comprometida: ayudando a las meretrices.
La prostitución y las ventas de drogas son dos de los principales problemas que vienen sufriendo los vecinos de las calles San Fernando, Las Beatas, Plaza San Francisco o San Vicente. Ni las redadas esporádicas, ni la presencia policial diaria ha logrado erradicar la prostitución. Muchas mujeres, la mayoría jóvenes extranjeras, salen a la calle a captar a clientes. Algunas no tienen reparos en lanzar piropos, a plena luz del día, a los hombres que pasan por esas calles. Si pican, se los suben a algún piso cercano.
Silencio en San Fernando
Ante esta situación aparece la figura de esta mujer, «la reina de los mendigos», como asegura que la llaman vecinos y políticos. Una valiente heroína que, apoyada por la asociación ha comenzado a luchar contra la imagen degradante que deja la prostitución en Cartagena. Ayuda a todas estas mujeres que «lo único que hacen es ganarse la vida vendiendo su cuerpo», dice.
Esta imagen, cada vez más decadente en el centro, la viven a diario vecinos y comerciantes de la calle San Fernando. Están molestos porque cada vez hay más chicas que no sólo se colocan en la calle Las Beatas, centro neurálgico de la prostitución sino también más en el centro, como en esta calle. Pero ninguno de ellos quiere hablar de esta situación por miedo a que sus ventas caigan al hacerse público la situación que viven. No sólo por miedo a represalias de las chicas o las personas que las respaldan sino también por el temor de perderlas como clientes
Amenazas telefónicas
«Antes recibía muchas amenazas telefónicas. Vivía con miedo. Eso me hizo que un día me acercara a las chicas para preguntarles porqué me amenazaban. Ese fue el primer contacto con ellas», cuenta Natividad Guerra. A partir de ahí, los miembros de la asociación comenzaron a escucharlas, apoyarlas, darles comida y consuelo. «Muchas de ellas son del Este y vienen para que les enseñemos a rezar el rosario», explica Enrique Sánchez, secretario de la Asociación .
Quieren que el Ayuntamiento les habilite un local social para poder seguir ayudando a las prostitutas, mujeres maltratadas, drogodependientes o para tener un lugar donde los ancianos del barrio puedan pasar su tiempo libre. Mientras tanto, Natividad presta un piso de su propiedad en donde se reúnen con las meretrices. A ellas se les une el representante vecinal de Nueva Cartagena que les proporciona el centro social de la barriada para hacer reuniones.
Han pedido en numerosas ocasiones al Ayuntamiento y a Servicios Sociales que les presten atención. Natividad Guerra asegura, que la prostitución seguirá porque «ellas no piensa irse de la ciudad ya que tienen todos sus papeles en regla y necesitan trabajar para comer. Son chicas muy jóvenes, de entre 16 y 22 años que lo único que piden es un lugar donde poder estar juntas sin molestar al resto de la ciudad».
Miedo a las represalias
El camino que ha recorrido esta cartagenera no ha sido fácil. Muchas veces se ha sentido amenazada, incluso tuvo que cambiar de domicilio y marcharse de Cartagena por miedo a represalias. Ni el miedo ni las amenazas, ni la indiferencia que dicen recibir por parte del Ayuntamiento va ha frenar su labor social y su objetivo: lograr que el casco antiguo brille igual que lo hacen las principales calles de Cartagena.
Natividad Guerra trabaja como peluquera y es cartagenera hasta la médula. Estuvo en las misiones durante más de 18 años y eso de ayudar a los más necesitados lo lleva muy dentro. Ahora, junto a Enrique Sánchez, y otros doce miembros de la asociación de vecinos intentan llevar acabo una gran labor humanitaria, esquivando los baches que se les cruza por el camino, que como ella misma dice «no son pocas las dificultades que nos ponen».

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