Racistas, ¿también en el sexo?

MESTIZAJE | EL COLOR DE PIEL EN LA ALCOBA
Tirando de tópico, a los españolitos siempre les han pirrado las suecas, pero ¿pondrían peros a la hora de acostarse con alguien de raza negra?, ¿y ellas dirían sí a un árabe o un oriental? Recientes encuestas demuestran que aún tenemos tabúes si unimos y color de piel.

Por SILVIA GRIJALBA. Fotografías de ÁLVARO VILLARRUBIA
«Negro bien dotado»; «mulata ardiente»; «oriental experta en sumisión»… Quizá los ejemplos no parezcan muy ortodoxos, pero desengañémonos, son un buen barómetro para medir las de la población. Las páginas de contactos de los periódicos, las estanterías de películas de los shops, las web para adultos en Internet están llenas de frases de ese tipo. De reclamos que relacionan determinada raza o etnia con un tópico vinculado con el sexo. Normalmente, suele ser con cariz positivo. Es decir, que se asocia un color de piel con un tipo de habilidad concreta. Todos hemos oído chistes sobre la buena cara que tiene determinada mujer desde que está con ese hombre de raza negra o sobre lo listo que es tal varón por haberse casado con una chica oriental… Pero también es cierto que, en muchos casos, la sonrisa, el beneplácito, se transforman en recriminación o rechazo cuando pasamos a hablar de una relación estable, de algo más que una aventurilla. No resulta del todo fácil que la sociedad acepte que alguien haya decidido compartir su vida con una persona de otra raza.

RECHAZO INICIAL. La cantante y actriz Beatriz Luengo reconoce que al principio, en su caso, no fue fácil en diversos aspectos, empezando por su familia. Beatriz lleva siete años con el músico cubano (y de piel mulata) Yotuel, miembro del grupo Orishas. «Inicialmente hubo un rechazo», explica Beatriz, «ya que Yotuel no correspondía al estereotipo que ellos habían imaginado. Después vieron que los valores que tenía como persona y la felicidad que me aportaba eran más importantes que los rechazos iniciales. Ahora no sólo lo aceptan, sino que lo quieren como a un hijo», detalla.

Un final feliz, pero según un estudio patrocinado por el portal de Internet sexole.com, los españoles somos sexoracistas. Parece que, en general, tendemos a preferir el sexo (y ya no digamos una relación seria) con gente de nuestro mismo color. No obstante y llegado el caso, hombres y mujeres coinciden en situar como sus dos favoritos a latinos y caucásicos (aunque las mujeres prefieren a los caucásicos, y los hombres, a las chicas latinas). En tercer lugar, ambos se decantarían por los nórdicos (las suecas parece que van perdiendo terreno, muy a pesar de Alfredo Landa y sus seguidores: según el INE, el año pasado apenas un puñado de españoles se casaron con escandinavas). En cuarto lugar, se sitúa la raza mulata, y la gran diferencia estriba en que el 31% de los hombres ha elegido la asiática como una de sus tres etnias predilectas (casi al nivel de la mulata), mientras que sólo un 5% de las féminas la ha seleccionado. Eso sí, las mujeres, puestas a elegir, no hacen demasiadas diferencias entre el estilo Viggo Mortensen (de rasgos nórdicos) con un 29% de adeptas, y el de, pongamos, Yotuel (mulato) con un 28% de seguidoras.

Es decir, parece que, en general, la hindú y la árabe son las etnias que menos nos gustan. Alguno podría pensar que es una cuestión que tiene que ver con la religión. Que no queremos ‘mezclarnos’ con personas, especialmente en el caso de los musulmanes más ortodoxos, que, según cree la gran mayoría, tienen formas de entender la muy distintas a la nuestra. Un tópico que, al parecer, paraliza a más de uno.

ESOS TÓPICOS. Carmen L. tiene 32 años y reconoce que aunque sabe que en el conjunto de los musulmanes hay, como dentro de los miembros de cualquier religión, gente más ortodoxa que otra, no llegó a culminar un flirteo durante sus últimas vacaciones en Chaouen, Marruecos, por culpa de los tópicos. «Puede parecer una tontería», explica, «pero no me cabe la menor duda de que si aquello hubiera sucedido con un sueco o con un mulato brasileño habría culminado en un encuentro sexual. Era el camarero del bar al que solía ir a comer casi todos los días con mis amigas. Y empezamos a mirarnos, a charlar… A mí, ese chico me parecía guapísimo y yo ya me veía en una especie de historia de las mil y una noches, fantaseaba con la sensualidad árabe y todo eso. Pero había algunos comentarios que me cortaban el rollo. No paraba de preguntarme que por qué a mi edad no me había casado, y a hacer algunos comentarios que me hacían pensar que me consideraba, digamos, ligerita de cascos. El chico era guapísimo, muy sexy, pero la química que había antes de hablar con él, se esfumó. No me sentía cómoda».

En opinión de la directora del estudio de sexole.com, la psicóloga Virginia Crener, aunque este tipo de diferencias culturales se pueden dar, ella considera que en el estudio de esta página web los árabes y los hindúes salen peor valorados por una cuestión más superficial. «Esto atiende a aspectos básicamente físicos: ambas etnias no están especialmente presentes en nuestros cánones estéticos. No es habitual, por ejemplo, que se elijan modelos de ambas etnias para presentarlos como ideales de belleza, lo que sí ocurre con otras como la latina o la caucásica. No es habitual, tampoco, encontrarnos con actores, cantantes o presentadores que encarnen este tipo de belleza, por lo que nos resulta, en realidad, un tanto alejada de nuestras preferencias físicas», analiza Crener.

REMILGOS CULTURALES. Ahondando en este asunto, el psicólogo y sexólogo del Instituto de Psicología, Sexología y Medicina Espill, Xud Zubieta, explica un caso clínico en el que hubo un problema de choque de culturas entre dos personas de distintos países, pero la misma etnia. «Recuerdo el caso de un chico español que llevaba casado varios años con una chica rumana. Aunque ella tenía una fuerte personalidad y mucho carácter, en el plano sexual era bastante sumisa, más que nada por cuestiones culturales. Una buena parte de la dificultad era que ella no contemplaba el sexo como una oportunidad de disfrutar o comunicar con su pareja, sino como una obligación», explica. Entonces, el choque cultural no se da únicamente por una cuestión étnica. Puede producirse, como también apunta Zubieta, incluso entre gente del mismo país. Así que los que aducen el choque de culturas como un elemento en contra de la mezcla sexual deberían tener en cuenta este tipo de datos.

ELLAS, CON MÁS TABÚES. Un apunte curioso, dentro de este estudio, es que parece que las mujeres son más sexoracistas que los hombres. Un 27% de las féminas españolas no se acostaría nunca con un chico negro, mientras que un 63% no lo haría con uno árabe, un 45% jamás practicaría sexo con un hindú y un 48% diría no a un asiático. «Probablemente», explica Virginia Crener, «todo esto se debe a la teoría de los diferentes objetivos genéticos de cada sexo: el del macho es poblar la tierra y, por tanto, repartir su semilla entre el mayor número de hembras posible; y el de la hembra seleccionar para aparearse a los individuos con mejores genes y asegurarse protección y seguridad para su futura descendencia, así que son más selectivas».

Pero Yotuel y Beatriz Luengo, que han tenido tiempo para analizar todo este asunto, piensan que el presunto racismo tanto masculino como femenino es más bien clasismo. «Es muy curioso», comentan, «que estadísticamente la gente diga que no se casaría con una persona de raza negra porque automáticamente le viene a la mente el pobre senegalés que vende un periódico para ganarse la vida en la puerta del metro. Ahora bien, si esa misma pregunta la hacemos refiriéndonos al futbolista de moda, el deportista de elite o el actor de Hollywood, la cosa cambia y el racismo, en ese caso, no es tan relevante. Por eso, opinamos que estamos ante un fenómeno más de clasismo que de propio racismo». De hecho, en el informe La evolución del racismo y la xenofobia en España (2008) realizado por María Ángeles Cea y Miguel S. Valles para el Observatorio Español para el Racismo y la Xenofobia, hacen referencia a una encuesta del CIS en la que la pregunta: «¿Aceptaría que un hijo o una hija se casara con un inmigrante?» es de las que menos respuestas positivas tiene, sólo por delante de «alquilar un piso a inmigrantes». Eso sí, un 63% lo aceptaría, frente a un 49% que ha estado de acuerdo con alquilar una vivienda a un inmigrante, pero resulta significativo que haya más españoles que aceptarían tener a un jefe inmigrante (un 76%) que un yerno o una nuera. Es decir, que, según ese estudio, el rechazo es más, digamos, de tribu que intelectual.

Analicemos cómo se comportan los hombres a la hora de elegir una pareja de otra etnia. Respecto a la hindú y la árabe, sí tienen más reparos, porque a un 59% y a un 52%, respectivamente, no les hace mucha gracia la idea de copular con ellas. Pero con las asiáticas y las de raza negra no hay problemas: sólo un 31% no lo haría con las primeras y un 28% preferiría no hacerlo con una chica de color.

PULSIONES. Si atendemos al estudio, el cliché sobre la fogosidad de las personas de color parece que se corresponde a la realidad, porque ellas son los que encabezan el ranking sobre el Índice de Pulsión Sexual que es, según lo define Virginia Crener, «una medida de cuán erotizado está un individuo. Es decir, evalúa la cantidad de energía psíquica que cada uno destina a la búsqueda de sexo y obtención de placer sexual. Dicho en otras palabras, el IPS mide cuán focalizado está uno hacia al sexo, el peso específico que tiene en su vida». Efectivamente, la raza negra encabeza la lista (un 51,9%), seguida por la hindú (51,7), la mulata (50,2), después va la árabe (49,0), la caucásica y la latina está a la par (48,4 y 48,3, respectivamente). Eso sí, la asiática, rompiendo el mito, es la que menos IPS tiene. El psicólogo y sexólogo Xud Zubieta que, como científico, odia generalizar, sí reconoce que hay una serie de tópicos que, por otra parte, considera, están para que se rompan. «Hay varios grupos de clichés en los que, por ejemplo, los negros tienen los penes más grandes del planeta, las orientales son las más sumisas y las brasileñas son bastante pasionales. Sigue habiendo una tendencia para escoger a un tipo de persona para las y a otro tipo para las relaciones sentimentales y el compromiso. Unas son relaciones esporádicas y las otras las que se persiguen para que lleguen a estabilizarse», detalla.

Zubieta añade que «las fantasías tienen que ver con el inconsciente». Y lo cierto es que en una encuesta que hizo la web del periódico 20 minutos en la que se preguntaba: «¿Qué sexual te gustaría realizar?», los lectores situaron «hacer el amor con alguien de otra raza» en el duodécimo lugar (de una lista de 14) por detrás de «hacer el amor en la oficina», «con alguien de una edad muy distinta a la mía», «bajo el agua» o «con prácticas sadomasoquistas». El número uno lo tenía «participar en una orgía», y en el último lugar «tener sexo con alguien de mi mismo sexo».

LAS MEJORES EN LA CAMA. Alejandro es un hombre separado, de 47 años, empresario de hostelería y sin dificultad para ligar habitualmente. Reconoce que las chicas negras le han atraído siempre. «He viajado mucho», explica, «y desde que hice mi primer viaje a Brasil, hace casi 30 años, me han vuelto loco las mulatas y las negras. Tienen un cuerpo espectacular y en la cama son las mejores. Siempre que he podido he estado con alguna, y viajo a Cuba o a Brasil un par de veces al año. Pero no, nunca se me ha ocurrido tener una relación estable con ninguna de ellas. Tenemos formas de vivir muy distintas y, vamos, ¡a mis padres les daría el disgusto de su vida! Si me vuelvo a casar, que no creo, no será con ninguna de ellas, eso lo tengo muy claro».

La psicóloga Victoria Crener es consciente de que esta forma de pensar es mucho más habitual de lo que creemos, aunque parezca que actualmente hay mitos superados. «Desde un punto de vista histórico y antropológico, hombres y mujeres se han movido en grupos sociales relativamente cerrados; se han agrupado en culturas, intereses, inquietudes y metas similares. En la época de la globalización, los grupos se han ido abriendo cada vez más a otras culturas o etnias, por motivos meramente prácticos. Por eso, todo irá evolucionando de forma natural hacia el mestizaje. Aunque, de momento y según los datos de sexole.com, no esté resultando así en nuestra cultura».

EL EJEMPLO DE BEATRIZ Y YOTUEL. No tuvieron reparos a la hora de enamorarse y hacer gala de su mestiza pasión. Y así posan, sin tabúes, desnudos y en exclusiva para MAGAZINE. Pareja desde 2002, cuando se conocieron en el rodaje de la serie ‘Un paso adelante’, forman uno de los binomios más ‘cool’ del panorama musical. Yotuel Romero, 33 años y nacido en La Habana, es el líder del grupo latino Orishas; Beatriz Luengo, madrileña de 26, sigue con su carrera musical en solitario tras el éxito de giras y disctos de UPA Dance.

http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2009/534/1261064577.html

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