Detenida una banda muy violenta que se dedicada a asaltar prostíbulos chinos

BARCELONA. Los Mossos d´Esquadra han detenido a cuatro personas, que ya han ingresado en prisión por orden judicial, acusadas de asaltar por la fuerza una decena de pisos de Barcelona en los que al parecer se ejercía la prostitución, y en los que entraban armados y ataban a las personas que había dentro. Según informaron a Efe fuentes judiciales, los cuatro detenidos, dos de origen cubano y dos de origen marroquí, utilizaban una gran violencia para cometer los asaltos en los pisos, en los que se sospecha que ciudadanas de origen chino ejercían la prostitución.
La investigación se inició en diciembre de 2009, cuando el grupo de robos con violencia de los Mossos recibió una denuncia sobre un atraco muy violento en uno de estos locales de Barcelona. Los agentes descubrieron que varios pisos de las mismas características, situados en entresuelos o en principales y donde al parecer ciudadanas chinas ejercían la prostitución, habían sufrido asaltos siguiendo el mismo patrón, aunque los asaltos no fueron denunciados.
Encapuchados y armados
En concreto, fuentes cercanas al caso señalaron que los detenidos utilizaban siempre un mismo método para cometer sus asaltos: uno o dos de ellos llamaban a la puerta, se hacían pasar por clientes y, una vez dentro, miraban cuánta gente había en el piso y los objetos de valor. Después marchaban para dar cuenta al resto de miembros de la banda, que luego irrumpía encapuchados y armados con pistolas y navajas.
Obligaban a las prostitutas y a los clientes a entrar en una misma habitación, donde les ataban. Uno de los asaltantes se quedaba vigilando a las víctimas, mientras que los otros se dedicaban a sustraer el dinero en efectivo, joyas y otros objetos de valor que encontraban. En algunos casos, los ladrones no dudaron a la hora de actuar con mucha violencia si alguien oponía resistencia, como ocurrió en una ocasión con un vigilante que recibió un navajazo.
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El Ayuntamiento acepta la petición de prohibir la prostitución en la calle

La propuesta ha generado mucha controversia entre diferentes colectivos de mujeres
Elevará la sugerencia de una asociación a la Mesa por la Convivencia para alcanzar el consenso
La prostitución, al igual que temas como el aborto, siempre genera mucha controversia entre defensores y detractores. Abolición, prohibición, regulación, legalización, respeto…, son alternativas que siempre están sobre la mesa y siempre son susceptibles de crear polémica.
Como ya publicó La Verdad, la Asociación de Mujeres Progresistas por la Igualdad, aprovechando la elaboración de la ordenanza reguladora de los espacios públicos para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana y el civismo, presentaba una propuesta para regular la prostitución en el espacio público. En concreto, la propuesta dice: «Prohibir el ofrecer, solicitar, negociar o aceptar, directa o indirectamente, la práctica de relaciones sexuales a cambio de dinero en espacio públicos municipales».
Una vez conocida esta petición de este colectivo de mujeres, el concejal de Medio Ambiente y responsable de la elaboración de esta nueva ordenanza, Ramón Sotos, reconoció ayer a este diario tener esta petición sobre la mesa para que sea incorporada al borrador de la citada ordenanza municipal -que será la misma que regule la práctica de consumir alcohol en la vía pública (botellón)-.
Sotos adelantó que la petición de la Asociación de Mujeres Progresistas por la Igualdad se ha incluido en el borrador de esta ordenanza que, a su vez, se elevará a la Mesa por la Convivencia para generar el pertinente debate y, a ser posible, alcanzar el consenso. El concejal socialista matizó que la propuesta de prohibir el ejercicio de la prostitución en la vía pública es «técnica y políticamente» favorable, si bien «habrá que ver cómo se concreta» en el articulado de la ordenanza.
En este sentido quiso significar que la intención de la alcaldesa Carmen Oliver es que esta iniciativa de la Asociación de Mujeres Progresistas por la Igualdad, de aprobarse, salga «con el mayor consenso posible».
Es decir, que el Ayuntamiento dará traslado de esta petición al borrador de la ordenanza reguladora de los espacios públicos para que se debata en la Mesa por la Convivencia, donde también se tendrá que determinar, con el apoyo de los servicios técnicos, cómo se desarrolla el articulado de la prohibición y de las correspondientes sanciones.
Mujeres Progresistas
Pero a nivel asociativo, la propuesta ha levantado ampollas y ha generado controversia, con posturas a favor de la abolición y otras que apuestan por la regulación. Uno de los colectivos más implicados en el sector de la prostitución viene siendo la Federación Progresista de Mujeres de Albacete (Fepamuc), cuya presidenta María Teresa Malagón comparte «absolutamente» la propuesta de la Asociación, máxime teniendo en cuenta que la opinión de esta Federación sobre la prostitución pasa por la abolición: «Nosotras somos abolicionistas», recordó Maite Malagón, que aclaró que esta postura no sólo se centra en la vía pública sino en todo aquel ámbito donde se ejerza. Aunque admitió que en Albacete hay muy pocas prostitutas que ejerzan su trabajo en la calle, la presidenta de Fepamuc aplaudió la prohibición para impulsar la prevención y evitar su incremento.
Y es que desde la Federación Progresista de Mujeres siempre se ha entendido la prostitución como una forma de violencia machista en su más alto grado, llegando a calificarla de «terrorismo» y de «esclavitud del siglo XXI», sobre todo porque entienden que con su práctica las mujeres son objeto de compra y mercancía de los hombres: «Las mujeres que son prostituídas están en el Guantánamo del siglo XXI», sentenció ayer Maite Malagón.
Mujeres en Igualdad
En esta misma postura, pero quizá más suavizada, se mostró la presidenta de la Asociación de Mujeres en Igualdad (antigua Asociación de Mujeres para la Democracia), Antonia Ruipérez, que también defendió la necesidad de prohibir la prostitución en la calle, entendiendo además que «mientras haya clientes este ejercicio va a existir».
Se mostró también contraria a la legalización de esta actividad y se preguntó si alguna madre ofrecería a su hija este trabajo, opinando que lo único que favorece la prostitución es el tráfico de mujeres y el aumento de proxenetas.
Finalmente, Antonia Ruipérez también dudó de que la prostitución se llegue a ejercer con la «voluntariedad» de las mujeres y consideró que esta alternativa habría que analizarla «más despacio».
‘María Zambrano’
Para Fe Sáiz, presidenta de la Asociación de Lucha contra los Malos Tratos ‘María Zambrano’, la prostitución no debería ejercerse en la calle ni en ningún otro sitio, porque ella también cree que, de forma directa o indirecta, «es una forma de violencia contra la mujer».
A su juicio, abolir este ejercicio es «muy difícil» por lo que considera que es más fácil su regulación: «Yo creo que la prohibición sería más fácil desarrollarla en la calle, y en clubes y pisos clandestinos había que controlarla, al igual que perseguir la trata de blancas y castigar a los proxenetas, nunca a las mujeres que son obligadas a ejercer la prostitución», apuntó Fe Sáiz.
Y es que es de la opinión de que la mujer prostituta «lo sufre» y los hombres que la practican «lo disfrutan». En definitiva, desde la asociación ‘María Zambrano’ se considera necesario «prohibir» lo visible y regular «lo invisible», despenalizar a la mujer que la practica y «penalizar» a los proxenetas «y a los puteros que las utilizan».
Asamblea de Mujeres
El último colectivo consultado por este diario es la Asamblea de Mujeres, cuya posición difiere bastante de las anteriores, pues cree imprescindible que, en este debate, además de tener en cuenta la defensa de los derechos humanos, no se pierda nunca de vista la diferencia entre el ejercicio voluntario y el forzado, es decir, «que no se puede meter en el mismo cajón a las mujeres que ejercen la prostitución de una forma voluntaria a las que lo hacen de forma obligada», dijo ayer Maite Márquez, su portavoz.
A su juicio, la utilización de los espacios públicos para ejercer la prostitución deberían ser negociados por quienes lo usan y, en esta negociación, no obviar ni discriminar a las mujeres que se dedican a este oficio porque así lo han decidido de forma voluntaria. Y es que, según Maite Márquez, en todo este debate de legalizar o prohibir la prostitución «nunca se escucha a las mujeres».
Desde antaño, la Asamblea de Mujeres de Albacete viene mostrando su oposición más firme a la prohibición o abolición de la prostitución, porque «empeorará las condiciones de las trabajadoras que voluntariamente la ejercen y nunca se les reconocerá sus derechos laborales y sociales». De ahí que Maite Márquez se mostrara partidaria de separar el ejercicio voluntario del forzoso y abogó porque, en este último caso, se aplique de forma estricta todas aquellas leyes que penalizan la esclavitud, el tráfico de personas, el secuestro o la violación.
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Prostituta en cinco minutos

Una periodista, que investiga cómo funciona el mundo de la prostitución, se encuentra con que el dueño de un burdel le ofrece trabajo en el acto

«¡Coño, y encima eres española! ¡Empiezas mañana mismo!». La frase la espeta el dueño de un burdel y la destinataria soy yo misma: una periodista que quiere averiguar cómo funciona el mundo de la prostitución y que, sin quererlo ni pretenderlo, y en menos de cinco minutos, sale de un club con trabajo. Trabajo de puta, pero trabajo a fin de cuentas.
«Tienes que pagar 50 euros por noche por la habitación. Con los beneficios de las copas vamos al 50%. Todo el dinero que saques con los clientes es tuyo. Cuando vengas, subes a la habitación, te arreglas y bajas a la cafetería a trabajar», explica el responsable sobre las condiciones laborales con la misma tranquilidad que si regentara una librería.
«Las primeras semanas no descansarás y, después, tus días de libranza se te comunicarán con varios días de antelación. Lo único que tienes que traer es tu DNI». El DNI y el cuerpo, claro, que a fin de cuentas es lo que vale.
Al salir del lupanar, un cliente que había escuchado la conversación comenta: «Hay muy pocas españolas en los clubes. Casi todas son extranjeras. Estarás muy solicitada».
De la mano de un ‘contacto’
Antes de que me ofrecieran este empleo ya había recorrido numerosos burdeles de Alicante y Murcia. Quería descubrir cómo viven las trabajadoras del sexo y todo lo que gira en torno a este mundo, enraizado en la sociedad e increíblemente normalizado. Un buen contacto me había permitido adentrarme en este adictivo universo repleto de placer, extravagancias, drogas y dinero. Muchísimo dinero. La primera noche inicio una ruta por varios clubes para charlar con las chicas. En el primer intento, pincho en hueso. «Mi jefa está aquí y no me deja salir», me dice la joven.
En el segundo lugar hay más suerte. Una morena de mediana estatura, ojos negros y con un vestido muy ceñido abre la puerta de mi coche. Anni abandonó Colombia hace ya ocho años para emprender una nueva vida en España. «Tenía 19 años. Mi familia estaba endeudada hasta las cejas cuando decidí venir a prostituirme. Localicé a un hombre español, a través de mi tío, que me arregló los papeles y me pagó el billete de avión. Cuando empecé a trabajar en el ‘puticlub’, le pagué mi deuda y aquí sigo», cuenta, en apariencia satisfecha por el giro que dio a su vida.
«No creo que lo deje nunca. Después de tantos años no sé hacer otra cosa y tampoco quiero aprender. Es una profesión más y, como en todos los trabajos, unas veces te lo pasas bien y otras mal».
De la tierra cálida de Colombia doy el salto a Europa del Este. Rumania vio nacer a Andrea hace 22 años. Sus ojos esmeralda, sus cabellos dorados y unas curvas de escándalo hacen que tiemble el suelo que pisa. Trabajaba en una tienda de ropa para ganar 100 euros al mes. Una amiga, que se había marchado dos años antes a España, regresó a Rumanía a visitar a su familia montada en su propio coche, vestida con ropa de marca y con las llaves de su piso en Torrevieja. «El nivel de vida es muy caro y los sueldos son mínimos allí. Como todos los países pobres son corruptos, siempre estamos en crisis. Cuando mi amiga me contó cómo vivía aquí, vi claro mi futuro. Soy joven, estoy muy buena y en una hora gano más que lo que ganaba allí en un mes. Por eso ya no quedan rumanas en Rumanía», se ríe a carcajadas.  
Andrea mantiene a sus padres, a su hermana, a su marido y a sus dos hijas. «Mi familia cree que trabajo de cocinera en un hotel, pero mi marido sí sabe a lo que me dedico. Mientras le mande dinero, no le importa que fornique con otros», explica con naturalidad.
Esta joven manda cada semana dinero a su familia. «Antes de la crisis enviaba 1.500 euros semanales. Ahora, depende del flujo de trabajo, suelo mandar unos 500. Un día normal puedo ganar 300 euros».
Desde que Rumanía entró en el año 2007 en la Unión Europea «es muy fácil venir». El proxeneta, aunque sigue existiendo, ya no es el único medio para iniciarse en la prostitución. «La mayoría sabemos a lo que venimos. Normalmente, el viaje y los trámites para conseguir el DNI los gestiona una amiga que ya está aquí. Si no tienes antecedentes penales, no tienes problemas. Es un buen negocio. Si me cuesta 2.000 euros traerte a España y buscarte trabajo y casa, tú me das 5.000 euros o lo que acordemos», explica. Trámites cerrados y a trabajar.
«Somos su capricho»
Estas chicas, criticadas por muchas mujeres y veneradas en silencio por muchos hombres, llevan un tren de vida alto. «Esta profesión es muy golosa. Mientras mi ‘empresa’ aguante, la guerra sigue. Si en una semana gano 1.000 ó 2.000 euros, ¿crees que voy a ponerme a cuidar viejos o a limpiar casas?», argumenta la chica mientras se enciende un cigarro. En este negocio todos ganan. «El único que paga es el cliente. Nosotras somos su capricho, a veces una obsesión, y cualquier capricho cuesta dinero», añade.
Una hora de sexo sale por 120 euros, y cada media hora adicional son 50 euros. Estas son las tarifas estándar. El obligatorio ‘pack’, compuesto por dos toallas pequeñas, un preservativo, una sábana y jabón líquido, añade a la cuenta otros 10 euros.
Irina y su marido dejaron atrás el frío de Rusia hace 4 años. Ella es prostituta en un club y su marido trabaja de portero en el mismo burdel. «Él me lleva y me recoge. Los días que libro los paso con él», aclara.
A pesar de ser el oficio más antiguo del mundo sabe adaptarse mejor que cualquier otro sector a las necesidades cambiantes de sus clientes. No obstante, hay cosas que no cambian. Casi todos los dueños de estos templos del deseo son hombres, pero también existen mujeres que los regentan. Sin ir más lejos, un conocido burdel de Murcia «es dirigido por una chica de 26 años; el mito de la vieja madame ha desaparecido hasta de las películas», revela Anni.
Normalmente, «cada club tiene dos encargados: uno controla a las camareras y el otro está pendiente de las putas. El jefe no suele pasar por aquí. Cuando hacen alguna redada, al que se llevan a dormir al calabozo es a nuestro responsable».
«Si vamos fuera del club, el polvo le sale muy caro al cliente. En una noche se pueden gastar 2.000 euros. A la cena, en un restaurante caro, le sumas 300 euros por hora en una suite del local. La botella de champán cuesta 200 euros, 100 para mí y otros 100 para la casa, y si el cliente quiere cocaína sigue subiendo el contador», asevera Irina.
Perversiones sexuales
«En una hora puede hacer lo que quiera. Cuando termina el tiempo, si ha llegado al orgasmo o no, es su problema. Muchos ni lo buscan. Sólo les acariciamos un poco y a otros, por la coca que se han metido, ni se les levanta. Una práctica sexual muy frecuente es que dos o más chicas nos masturbemos entre nosotras», añade la rusa. Dispares fantasías y perversiones, generalmente desconocidas por sus novias o esposas, son saciadas por estas mujeres.
«A muchos hombres les encanta que les sodomicemos con objetos y otros nos piden que les peguemos, o que les hagamos la famosa ‘lluvia dorada’. Si no les haces estas cosas, no ‘llegan’», revela Andrea. «Si el cliente quiere alguna desviación sexual más fuerte, como maltratarnos o cosas peores, la chica es la que tiene la última palabra», añade la jóven.
Otro ingrediente esencial y lucrativo es la droga. Sin embargo, «a todas las chicas no les gusta. Por eso, los clientes que quieren tomar coca eligen a una prostituta que también consuma. Es algo normal. A nadie le gusta drogarse solo», admite Irina.
A partir de las 16:30 horas estos clubes, que funcionan oficialmente como hotel o cafetería, abren sus puertas hasta las cuatro de la madrugada entre semana y una hora más tarde los fines de semana. «Empresarios y hombres con mucho dinero vienen sobre las cinco de la tarde, para así poder estar en casa a las nueve o las diez de la noche. Se toman sus copas, hablan, se acuestan con nosotras, se duchan y se van temprano porque sus mujeres los esperan. Cuando llegan dicen que han tenido un día muy duro o que los clientes son muy pesados», bromea Anni.
Pero la crisis también se deja ver en este negocio. Muchos clubes, que han visto mermar sus arcas, hacen ofertas de dos copas por una o invitan a bocadillos. Promociones y rebajas para retener a su amplia cartera de clientes. «Y en lugar de darte 500 euros por ir a cenar y pasar un rato en la cama, ahora te dan 300 ó 400. Acordamos el precio con cada cliente dependiendo de la confianza que tengamos, los regalos que te haya hecho, si te gusta… Todos esos factores influyen en el precio final», reconocen las tres chicas. «Si uno te dice que este mes le ha ido mal y no tiene dinero, le cobras menos», ejemplifica Irina.
Una doble vida. Estas eternas amantes, obreras del sexo a destajo, pasan sus días de libranza con sus parejas, sus hijos y sus amigas. Lo mismo que hace cualquier persona para evadirse y desconectar de la rutina diaria del trabajo.
Al preguntarles a estas tres chicas si cuando están descansando tienen ganas de hacer con su pareja lo mismo que hacen en el club de alterne, la reacción es prácticamente idéntica. Carcajadas y un «sí» rotundo. «Nadie se cansa de eso, ¿o tú sí?», me pregunta Andrea mientras se pinta los labios antes de girar sobre sus tacones y regresar al local.
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Bondage: el arte de la atadura erótica

Hoy conoceremos otra de las prácticas o juegos sexuales: el bondage, al que seguramente más de una vez lo hayas sentido nombrar, ¿pero sabes exactamente de qué se trata?

El significado de bondage, es “maniatar”, y llevado al terreno del sexo, es la práctica que consiste en atar al compañero sexual, para satisfacer el placer que le da la inmovilización a muchas personas, tanto para la que está atada, como para la que realiza las ataduras.

Se puede llevar a cabo desnudo o vestido, ya que no siempre este juego, tiene como finalidad la penetración o el contacto físico. Lo cierto, es que es un juego de dominación-sumisión.

Las personas que practican el bondage, recurren a varias técnicas para inmovilizar a otras. La más común de todas, es a través de cuerdas y esposas, pero existen otras variantes como por ejemplo, a través de la inmovilización utilizando un yeso, algo ciertamente curioso, que ya se puede enmarcar también, dentro del terreno de las parafilias.

Los más expertos en esta práctica, llegan a hacer del bondage todo un arte, en donde realizan todo tipo de sofisticadas ataduras en casi todo el cuerpo, que al verlas, uno no sabe como hacen luego para sacar a la persona inmovilizada de ellas, pero quizá ahí también resida el placer.

A pesar de que este tipo de prácticas sólo recientemente se han empezado a recoger en obras de divulgación sobre sexualidad, el deseo sexual ligado a la inmovilización está muy extendido y se conoce desde antiguo, como lo muestran numerosas imágenes de intención aparentemente no erótica. En Japón tiene una gran tradición y se le conoce como Shibari, mientras que en occidente empieza a conocerse más masivamente a partir de los años 40, con la publicación de cómics eróticos en los que aparecía representada.

¿Por qué a algunas personas les atrae el juego de ser atadas?

La razón que con más frecuencia se invoca es la liberación de inhibiciones y responsabilidades, en la medida en que confían las llaves del juego erótico a otra persona, que es quien marca las pautas a seguir. La sensación de dejarse llevar, de despreocupado abandono erótico, es para muchas personas altamente gratificante en el plano sexual.

A algunas personas les atraen también las sensaciones físicas: la presión de la cuerda, la imposibilidad de moverse, el roce o incluso la abrasión producida por la cuerda al desplazarse sobre la piel. Ligado a esto último está también el placer obtenido por la adrenalina que genera el peligro simbólico.

Atrae también la sensación de impotencia cuando se hacen intentos por liberarse; a algunas personas les agrada realizar estos intentos mientras son estimuladas sexualmente por la persona activa, aunque el bondage no implica necesariamente contacto sexual.

Es frecuente asimismo el uso del bondage en los llamados «juegos de sumisión» o juegos en los que se representan roles amo/esclavo.

Finalmente, el bondage puede utilizarse como complemento de otras prácticas sexuales, incluso de tipo enteramente convencional, para estimular la libido de la persona que recibe el bondage y/o de la persona que lo ejecuta.

En este contexto, algunas de las razones que las personas activas suelen dar con más frecuencia para explicar su afición al bondage, son el estímulo que genera tener la total responsabilidad sobre el placer sexual del compañero o compañera, el placer creativo y estético unido a la visión del cuerpo humano encordado como una singular obra de arte, y otras razones, que son complementarias de las que interesan a quienes asumen el rol pasivo.

En los sex shops, se pueden adquirir todo tipo de ataduras para bondage, las más comunes, son las cuerdas especiales, las mismas deben ser de un material suave para no hacer daño a la persona que se va a maniatar, otras de las opciones disponibles, son las cintas, las cuales no llevan pegamento para no dañar la piel y se pueden reutilizar sin problemas.

Es habitual que además, se utilicen otros complementos como mordazas, máscaras, látigos, vendas, plugs, columpios… en fin, verdaderos kits bondage, tanto para avanzados como para principiantes.

Como todas las prácticas BDSM, deben ser consentidas y practicadas por personas que estén en su sano juicio, ya que pueden ocurrir accidentes.

Más allá del uso sexual que se le da al bondage, también tiene su lado artístico y muchas son las personas que lo realizan como expresión de arte estético y erótico, llevándose a cabo presentaciones o muestras del mismo en varios lugares del mundo.

La Seguridad en la práctica del bondage

El bondage se basa en una relación de confianza entre la persona atada y la persona que ata. Sobre esta última recae el grueso de la responsabilidad, dada la indefensión (previamente consensuada) de la otra. Para evitar accidentes, que en ocasiones pueden llegar a ser graves, se suelen seguir algunas normas básicas de seguridad:

• No dejar nunca sola a una persona atada.
• No pasar jamás una cuerda alrededor del cuello.
• Contar a mano con unas tijeras funcionales, como medio de liberar rápidamente a la persona atada.
• Prevenir los riesgos de caída: una persona atada puede llegar a sufrir un accidente serio si cae hacia atrás.
• No realizar suspensiones con la persona atada si no se tiene la suficiente experiencia, ya que es una operación delicada.
• No utilizar nunca nudos corredizos u otros tipos de nudos resbaladizos.
• Realizar sesiones de corta duración si las posiciones son incómodas o si la persona que ata no está experimentada.
• Hidratar regularmente a la persona atada y suministrarle líquidos.
• Muchas de las posturas que se reproducen en el material gráfico sobre bondage, son de exhibición, no pueden ser reproducidas sin un alto dominio de la técnica. No se deben correr riesgos innecesarios.

Variantes del bondage

Una de las variantes, es el bondage suspendido, en donde a la persona inmovilizada se la cuelga o suspende del aire, por supuesto atada.

El autobondage (es decir, la práctica del bondage en solitario, en donde la persona pasiva y activa son la misma) es una práctica de alto riesgo, pese a ser muy popular en los Estados Unidos, y precisa de seguros y amplios conocimientos sobre sus técnicas, prevenciones y riesgos, siendo de todos modos desaconsejado por la mayor parte de las instituciones más afamadas del BDSM y del Bondage. Un importante porcentaje de todos los accidentes mortales que se dan en Estados Unidos relacionados con el autoerotismo, proviene de la comunidad de practicantes de ese tipo de bondage extremo.

Las personas que practican este también denominado arte sexual suelen estar en todo momento muy pendientes de las necesidades y del placer de su compañero o compañera; no hay que olvidar que para muchos de sus practicantes se trata de un juego sexual, con roles de sumisión escenificados como parte del juego.

Es cierto, sin embargo, que también existe un importante sector que lo practica de forma consensuadamente ritualizada, donde todos los elementos que se incorporan responden a implicaciones profundas y consensuadas entre las partes, sin rastro alguno de elemento de juego o escénico.

Fuente: educasexo.com

http://www.sexomail.com/boletin/articulo.php?id=174

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