Once plantas, algunas de ellas temáticas, como la séptima, la de los transexuales. Casi 200 habitaciones por las que pasan de media 800 clientes diarios. No cierra. Es Pascha, el burdel más grande de Europa.
Desde sus ventanas se ve la catedral de Colonia (Alemania), aunque ninguno de los que se acercan hasta Pascha acuden a este rascacielos azul eléctrico de once plantas por sus vistas o por lo confortable de sus habitaciones. Más bien lo hacen por las mujeres que se hospedan en él y que ofrecen sus servicios durante las 24 horas del día. Pascha es, según se vanaglorian en su página web, el mayor prostíbulo de Europa. Esta catedral del sexo, que cuenta con otras dos delegaciones en Munich y Salzburgo, alberga a más de 120 féminas provenientes de todos los países: Tailandia, México, España, Venezuela, Costa Rica, Hungría, Alemania, Francia… Ya se sabe: en la variedad está el gusto.
Localizado en el céntrico barrio de Nippes, en este burdel, fundado en los 90, todas las fantasías se pueden realizar en alguna de sus casi 200 habitaciones… siempre y cuando se disponga de dinero en la billetera, claro está: sexo anal, oral, sadomasoquismo, masajes, lluvia dorada, orgías… El lupanar cuenta con habitaciones temáticas (como la tirolesa o la de la consulta médica, con disfraz de enfermera incluido) e incluso con plantas temáticas, como la séptima, la de los transexuales. Las dos últimas acogen a las prostitutas de lujo, no aptas para todos los bolsillos, ya que sólo se accede previo pago de 50 euros más un suplemento de 100 euros por cada media hora. Por este desembolso se puede disfrutar de un bar de lujo con barra y buffet libre, masaje, sauna y de una chica durante treinta minutos…
Las veinticuatro horas.
La entrada a este supermercado del sexo cuesta el precio de cinco módicos euros: “Que dan derecho a todo tipo de bebidas no alcohólicas”, comenta Stefan Rothe, director de marketing. “Pascha está formado por las siete plantas donde se hospedan las chicas, que están abiertas las 24 horas del día; el Pascha Nightclub, que opera entre nueve de la noche y cinco de la mañana; y The Club 11, la planta superior, también abierta las 24 horas”, detalla Rothe. En el club-discoteca, que puede albergar hasta 500 personas, tienen lugar habitualmente espectáculos realizados por bailarinas profesionales. Su acceso cuesta 30 euros, 35 los fines de semana. Ningún encuentro sexual tiene lugar allí, pero sirve para que los clientes se animen a visitar a las prostitutas, que están esperando en las puertas de sus habitaciones. ¿Tarifa? “Depende de lo que el cliente quiera, pero puedes tener sexo por 30 euros”, confirma Rothe. De hecho, éste es el precio practicado en la denominada Express Floor, la destinada a los apretones rápidos. De media, una chica podría estar embolsándose unos 150 euros por servicio, de los que el local no se queda ni un euro. ¿Cuánto ganan al mes? Rothe nos ilumina con su respuesta: “Depende de lo que trabajen”.
Servicios.
Pascha saca beneficio de las entradas al establecimiento, de las del cabaret, del restaurante en el que comen las inquilinas y, sobre todo, de lo que pagan las meretrices por sus habitaciones. El establecimiento pone a disposición de las chicas una boutique, servicios médicos, peluquería, manicura y pedicura (a precios muy competitivos según ellos mismos anuncian), conserje, servicio de seguridad, limpieza diaria de las habitaciones, lavandería… Además, se encarga de anunciarse en prensa unas tres veces a la semana, con lo que consigue que acudan un promedio de 800 clientes diarios. Para poder hospedarse, las mujeres deben entregar previamente certificados médicos y laborales. En Alemania la prostitución puede ejercerse libremente y hombres y mujeres pueden trabajar como “autónomos del sexo”. La ley establece, eso sí, que los precios los establezcan los mismos profesionales.
Y profesionalidad es lo que no le falta a Pascha, que, como buena máquina de hacer dinero, sabe utilizar todos los recursos y las herramientas del marketing para conseguir más clientes y fidelizar a los asiduos. Así, la última idea de Armin Lobscheid, su propietario, ha sido la de ofrecer la entrada gratuita a todos los que se dejaran tatuar Pascha en su cuerpo. Poco después de dar a conocer esta iniciativa, una docena de hombres esperaba en el vestíbulo para grabarse la marca en su piel… lógico, ¡cualquier idea para ahorrar dinero es bienvenida en tiempos de crisis! Aunque a ver luego cómo lo explican en casa.
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