Fue en el año 2000 cuando el Ayuntamiento metió mano -con perdón- al asunto de la prostitución. Lo hizo atendiendo al estilo de comercio sexual que triunfaba en la época: el de los locales de alterne. Mediante una ordenanza, el Consistorio estableció que los clubes de alterne debían situarse de un modo alterno, evitando así que la acumulación de garitos de perdición transformase una manzana de casas en la mismísima manzana del pecado.
El problema es que, con los años, el ejercicio de la prostitución cambió de estilo. Se extendió el modo ‘outdoor’. Hoy, muchas profesionales ofrecen sus servicios especializados en medio de la rúa, al aire libre, en un rincón oscuro o en el interior de un coche. Si uno antes podía tener debajo de casa el club ‘Sherezade’, con su efusión de neones golfos, ahora puede que esté la mismísima Sherezade apoyada en el portal. Sherezade fumando y guiñándoles un ojo a los vecinos. Sherezade invadiendo la carretera y diciéndole cosas de temática porno a los conductores que se detienen en el semáforo nocturno.
En zonas como Miribilla conocen bien el problema. Sus vecinos llevan años exigiéndole al Ayuntamiento que haga algo. No es agradable ver cómo en el barrio de uno hay mujeres que se prostituyen en condiciones deplorables. En 2008 el Ayuntamiento preparó una ordenanza que fue frenada por Ezker Batua, grupo al que le disgustaba su carácter sancionador. El pasado verano volvió a avivarse la polémica y el Ayuntamiento se mostró dispuesto a contar con los vecinos. Incluso les hizo llegar las normativas sobre el asunto que funcionan en ciudades como Granada, Lérida o Barcelona. Y les metió prisa para que los estudiasen. Dos semanas después, los vecinos remitieron a la municipalidad un borrador que en su opinión podía servir para legislar con eficacia un asunto complicado y escurridizo. Pues bien, han pasado siete meses y el Ayuntamiento no les ha contestado. Y eso que tenían prisa. «Está fatal que no les hayan dicho a ustedes nada todavía». Se lo comentó ayer Sherezade a un vecino de la Plaza Saralegi que llegaba tarde, y por lo oscuro, del trabajo.








