Cocaína en los genitales, pequeños calambres o dar un golpe certero en la nuca de la pareja produce máximo placer, pero puede tener consecuencias negativas e, incluso, llevar a la muerte
Un golpe clave en la parte posterior de la cabeza de quién está siendo penetrado justo en el momento previo a la eyaculación. Una instantánea contracción del esfínter anal que se cierra e incrementa el placer del orgasmo. Es el «Donkey Punch», traducido como la coz del burro. Una sesión de sexo extrema, controvertida y un tanto egoísta si se tienen en cuenta las consecuencias fatales que puede tener para quien la recibe. Porque existe la posibilidad de que se produzca una hemorragia intracraneal o de lesionar el cuello. Si es muy certero y se le va a uno la mano, una fractura vertebral, parálisis o incluso la muerte son consecuencias de este arranque pasional.
Pero existen otras prácticas poco habituales, incluso desconocidas para un gran público, que, sin embargo, se llevan a cabo. El secretario de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), Miguel Ángel Cueto, explica que «muchas personas gozan con un tipo de sexualidad que a otras les puede parecer rara por ser inusual. Todo lo que ocurra en la intimidad entre dos adultos, si es consentido por ambos y les produce placer, es totalmente legítimo». Según este experto hay que establecer un acuerdo previo entre la pareja, ya que «el límite entre la excitación y el desagrado es muy fino y no conviene traspasarlo. Sería conveniente acordar un gesto clave, una palabra para que se reduzca la intensidad y no traspasar la barrera del placer al sufrimiento».
Electrocutada
Tal vez si la pareja que hace algo más de un año sufrió un fatal incidente en la cama por una descarga eléctrica hubiera seguido estos consejos, el desenfreno no habría terminado en tragedia en su casa de Pensilvania (Estados Unidos). El muchacho confesó que había conectado un cable al cuerpo de su mujer y que luego lo enchufó a una toma múltiple independiente, que encendía y apagaba para darle placer. Según explicó el joven, ya lo habían hecho otras veces. En esa ocasión, al parecer, las descargas desembocaron en un ataque cardíaco de la esposa.
Hay que innovar y mantener la libido, pero con precaución. En la actualidad existen otros juegos, como el de utilizar cocaína sobre el pene o bien introducirla en el cuello del útero para «dar placer inmediato, porque la absorción de las mucosas de la zona es muy rápida», explica el director del Instituto Urológico Madrileño Juan Carlos Ruiz, quien añade que «la persona queda tan extasiada que puede sufrir un desgarro vaginal. Incluso, de forma brusca, puede fracturarse el pene». Se produce un chasquido, señal de la rotura del cuerpo cavernoso, a continuación aparece un hematoma y en ocasiones, «requiere ser operado», especifica Ruiz. Este experto también argumenta que en ciertos casos «hay pacientes que se inyectan dosis altas de prostaglandina, empleada para problemas de disfunción eréctil, cuando no la necesitan». La consecuencia es el efecto contrario, esto es, priapismo. «La erección dura más de seis horas y resulta dolorosa, lo que les lleva al hospital».
La soga del clímax
Y hay más. El déficit de oxígeno al comprimir el cuello produce una vasodilatación que genera la deseada erección, en términos más específicos, se habla de anoxia por compresión de vasos sanguíneos. Este estímulo se puede realizar en pareja o sólo. Una técnica que, al parecer, practicó el actor David Carradine (famoso por su papel en la serie de televisión Kung Fu) y que provocó su muerte. Fue encontrado en la habitación de un hotel en Bangkok desnudo con una cuerda atada al cuello. Según las autoridades tailandesas, el fallecimiento pudo ser un accidente mientras se masturbaba.
Pero no hay que escandalizarse ni hacer que paguen justos por pecadores. Las experiencias del sexo más fuerte al habitual, donde se vincula el placer con el dolor, no son una novedad, al contrario, vienen de antaño y, pese a que algunas como las citadas sobrepasen el límite, no son inventos, ni mucho menos, de la sociedad actual que algunos insisten en tachar de «ensexuada».
Es más, Cueto dice que «la excitación por experimentarlas y una menor presión moral respecto a la sexualidad han permitido trasladar hasta hoy estas prácticas, suavizándolas hasta convertirlas en juegos eróticos en los que cada miembro de la pareja desempeña el papel que le produce más disfrute». A ellas acuden quienes desean imprimir algo de variedad en sus técnicas habituales. En la mayoría de casos «se vincula con actos controlados en los que no se corren riesgos y los límites están claramente definidos», añade Cueto. Coincidiendo con ello se han multiplicado los juguetes sexuales que permiten internarse en pruebas de sexo sin temor, «con la ventaja de explotar el potencial sensual de cada uno, sin inhibiciones», concluye.
http://www.larazon.es/noticia/1502-juegos-eroticos-mas-que-peligrosos







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