
Tiger Woods ha salido para limpiar su imagen por primera vez este viernes, tras su polémica suscitada por las repetidas infidelidades a su mujer. Entonando el mea culpa, el golfista se mostraba “profundamente entristecido por su irresponsabilidad y su comportamiento egoísta” y pidió a gritos ayuda: “Soy adicto al sexo”. La pregunta que ha salpicado al mundo entero este fin de semana se vuelve a repetir: ¿Es puro vicio o realmente sufre en sus carnes la cara amarga de una enfermedad?
Ningún manual de psiquiatría ni psicología recoge entre sus páginas ninguna patología que justifique que alguien es infiel a su pareja “por enfermedad”. Fue Michael Douglas quien internacionalizó el término. Llegó incluso a internarse voluntariamente para someterse a un tratamiento similar al que reciben los drogodependientes. “Lo único que pretendía era justificar a su mujer sus infidelidades y hacerle ver que no es un vicioso, sino que es un enfermo”. Iván Rotella, portavoz de la Asociación Española de Sexología, habla con El Confidencial del poder de las celebrities para darle la vuelta a la tortilla.
“Si Tiger Woods fuera un enfermo hubiera pedido ayuda antes, cuando era consciente de que no podía controlarse sexualmente hablando. ¿Por qué ha esperado a que se destape el escándalo?”. Tiger se fija en otras mujeres que no sea su mujer porque forma parte de todo ser humano. “La diferencia está en que la gente tiene que tener unos valores y pactar con la pareja dónde están los límites. Si uno de los dos nota que sus deseos sexuales son superiores a los de su pareja, entonces toca sentarse, hablar y solucionar el problema delante de un sexólogo. Él ayudará a canalizar esos comportamientos sexuales compulsivos, si es que verdaderamente los padece”.
Rotella habla de una doble moralidad estadounidense; de cómo los médicos han visto en las nuevas clínicas de ‘desintoxicación sexual’ una máquina de hacer dinero fácil. “Pero de enfermedad, nada”. Según el sexólogo, cualquier persona es susceptible de ser un adicto al sexo con expediente clínico incluido. “Ellos intentan justificarse delante de sus parejas y de la sociedad que sufren un trastorno similar al de los adictos a la comida, al juego, a las compras… Pero si una persona es consciente de que puede ser infiel porque desea sexualmente hablando a más gente que a su pareja, la solución no está en esperar hasta que te pillen”.
Dicho de otra manera, el adicto al sexo no es un adicto al sexo, sino adicto a ciertas fantasías específicas que sobrevuelan por su cabeza y pueden ser complejas de satisfacer con su propia pareja. Como se publicó con el caso de Douglas, el mono por el sexo que ha reconocido abiertamente Tiger Woods es la excusa que ha puesto una vez destapado todo el escándalo. “Es la manera más digna que tiene para limpiar su imagen: echar la culpa a una enfermedad que sólo existe en su cabeza. Pero no. Es un mujeriego, no un enfermo”.
http://www.elconfidencial.com/salud/adiccion-tiger-woods-enfermedad-vicio-excusa-20100222.html








