Los antropólogos explican la conexión entre sexo y red social

Comentan cómo el concepto del ha intervenido en la socialización

El sexo está allí donde tú quieras verlo. Esta sencilla ley de la publicidad explica que unos lo detecten en el cuerpo de la pareja, otros en un tacón de aguja y algunos en las orquídeas que fotografiaba Mapplethorpe. Incluso más allá de las connotaciones estéticas, sigue habiendo sexo. En internet, en la política, en un vagón de tren, en un anuncio de supermercado, en un debate televisivo, incluso en una reunión de trabajo. ¿Cómo ha intervenido el concepto sexo en la socialización?

Una estrategia humana. «La es más antigua que los primeros instrumentos de piedra. A partir de la socialización de esta adquisición, hace más de dos millones de años, se inicia una estrategia de adaptación humana de trascendencia única», explica Eudald Carbonell en su último libro (a la venta a partir del día 25) titulado Sexe social (Ara Llibres) / Now Books (en castellano). En el texto el antropólogo interpreta el papel de lo a lo largo de la evolución.

El estudio incluye varios ítems: el dimorfismo sexual («en los primates, la diferencia de tamaño entre macho y hembra marca los comportamientos culturales. En los humanos, en cambio, el bajo dimorfismo sexual explica comportamientos más parecidos»), la fisiología del sexo («ellos tienen entre 10 y 100 veces más testosterona que ellas»), el sexo y la jerarquía («históricamente, la responsabilidad biológica, excepto la cópula, recae en la mujer»), el amor ligado al deseo («para llegar al coito, prácticamente en todas las culturas del Homo sapiens existe una secuencia que pasa por caricias y besos»), su influencia en la estructura doméstica, el sexo virtual

«Creo que lo que más sorprenderá a la gente es descubrir el sexo como algo social descargado del subjetivismo que normalmente le damos. El libro no es de sexo descriptivo ni explícito», puntualiza Carbonell, también doctor en Geología y en Geografía e Historia. En el registro antropológico, el primer rastro sexual se detecta en las estructuras sociales del holoceno, pero el futuro de nuestra especie y su relación con el sexo «es algo que aún no conocemos», según el profesor Carbonell, Premi Nacional de Pensament i Cultura Científica desde el pasado año.

Pacientes hipersexualizados. Marta Arasanz Roche, directora del Institut Català de Sexologia y psicóloga especializada en ese ámbito, apuesta por asumir que como seres que somos siempre habrá connotaciones sexosociales. «Pero no todas tienen por objetivo conseguir una . A veces nuestro nuestro espectro sexual se dirige a la necesidad de control, lo usamos sólo para medir nuestro poder o nuestra capacidad de atracción…»

En su consulta cada vez hay más casos de pacientes hipersexualizados. «Personas obsesionadas en conseguir atención por parte de otras, gente hipersexualizada que interpreta erróneamente mensajes, miradas o sonrisas. A todo le ven perspectiva sexual. Se caracterizan por la dificultad de entender el placer desligado del concepto sexual». Generalmente, añade, son seres que no disfrutan de otros aspectos placenteros de la vida. A ellos se añaden quienes por una disfunción neuronal con dificultades para controlar sus impulsos «interpretan cualquier señal, por distante que sea, del concepto , como tal». Descodifican mal.

En el mundo del pensamiento hay quien antepone el término social al sexual. Para Christine Delphy, escritora y cofundadora de la revista Nouvelles questions féministes, todo lo que marca las diferencias entre hombres y mujeres, desde la división del trabajo al temperamento que se atribuye a uno u otro sexo, puede llamarse sexo social, es decir, «existe un aspecto que se ha construido socialmente: a eso le llamamos género.

La del poder. «Naturalmente que existe la erótica del poder –puntualiza Arasanz–. Y es algo que va mucho más allá que el concepto dinero aunque pueda ir asociado. El poder de una persona sobre otra crea sensación de control total, potencia su autoestima… Alguien con poder es incluso tratada por los demás de modo distinto, se le conceden más atributos». Es decir, otra vez, el sexo social radica en la mirada de los otros. «Si no sabes poner límites, ni cognitivos ni emocionales, es cuando puedes empezar a patologizar esa erótica». No está de más recordar la frase del antropólogo: «Los cazadores recolectores de hace 30.000 años eran muy parecidos a nosotros».

Mapa del sexo en la web

Existe una tendencia creciente a socializar el sexo. A darlo a conocer. Eliminar su privacidad. Externalizarlo, incluso. En ese sentido el último boom en la red se llama «I Just Made Love», donde puede acudir cualquier habitante del planeta para dejar constancia de su última experiencia sexual.

El ingenio lo inventó el polaco Cyprian Ciec. Se le ocurrió una noche al imaginar un mapa con infinitos puntos rojos que indicaran toda la gente que estaba manteniendo en ese momento.»Me gustaría que la gente se asombrara viendo la magnitud silenciosa de la actividad sexual que le rodea». Su web nació el pasado año y ya tiene casi 70.000 usuarios. Cuando la persona ingresa en el sitio debe marcar un lugar del mundo, añadir si fue con una mujer o un hombre, con preservativo o no y, finalmente, en qué posiciones».


http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20100220/53893702535/los-antropologos-explican-la-conexion-entre-sexo-y-red-social-carbonell-eudald-carbonell-institut-ca.html

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