Pilar Rahola. Donde es legal, aumentan los prostíbulos, y donde es perseguida, como Suecia, su actividad es ínfima
Ni es un debate fácil, ni nadie lo pretende. El sarcásticamente llamado “oficio más antiguo del mundo”, no se ventila con cuatro ideas simples y un par de leyes. Sin duda, merece una reflexión en profundidad, que aterrice en la enorme complejidad del problema, como merece unos políticos con agallas. Pero sobre todo, lo que no merece es vivir en el limbo legal, sin prohibición, ni legalización, enmarcado en una especie de cuarto oscuro, donde campan a sus anchas los abusos y las mafias, y cuyo poder fáctico deja desamparados a los municipios donde se instala. Los últimos casos de este “desamparado” legal han sido los municipios de La Jonquera y de Mataró, donde la ley parece que no les permite impedir la instalación de un macroprostíbulo. En el caso de La Jonquera con el agravante de una sentencia contra el Ayuntamiento, precisamente por intentar evitarlo. Nos encontramos, pues, con el siguiente desaguisado: por un lado la prostitución no existe, legalmente hablando. Es decir, en el marco del Estado, que es quien tiene la autoridad en la materia, no es legal y tampoco es ilegal. Ante tal vacío, algunas autonomías como la catalana han improvisado decretos que intentaban tapar agujeros y que, lo que han conseguido, ha sido abrir boquetes. El bochornoso caso de Catalunya, por ejemplo. El decreto que perpetró Xavier Pomés en el 2002 -y que le valió un bonito premio de la Asociación de Locales de Alterne, ANELA, históricamente presidida por el ultraderechista José Luis Roberto Navarro-, es el culpable del ingente dolor de cabeza que tienen ahora los municipios catalanes afectados, porque creó el marco de una especie de legalización de facto, a la que se acogen los prostíbulos. Pomés añadió más confusión a la confusión, y sobre la confusión, los empresarios de la prostitución hacen su agosto. Gracias, pues, a su delicada aportación, La Jonquera se ve obligada a dar permiso a un macroprostíbulo, y Mataró se las desea para intentar impedirlo. Es lo que tiene el fariseísmo político de hacer un apaño con un tema de aristas tan punzantes, ante la incapacidad de un debate maduro. Donde no hay ley Pomés hizo un puente que aprovecha eficazmente el negocio de la carne.
Por supuesto, no engaño a nadie. Soy abolicionista, y los datos de los países donde se ha legalizado no hacen más que confirmar mis convicciones. Donde es legal, han aumentado brutalmente los prostíbulos, y donde es perseguida, como es el caso sueco, su actividad es ínfima. Además, como demuestra el decreto Pomés, regularizar significa edificar el paraíso de la prostitución, dar cuerpo legal a esta perversa actividad. Pero más allá de la opinión de cada cual, lo que resulta urgente es el debate. O atacamos de fondo el tema, o La Jonquera y Mataró serán el primer caso de muchos. Porque allí donde no llega la ley, siempre llega la prostitución.
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20100221/53893801545.html








