Más del 60% de las mujeres habla sin tapujos de sexo

Una encuesta desvela los temores y satisfacciones de los españoles en la cama. A ellos les aterra el gatillazo y ellas, para hacerles sentir mejor, fingen sus orgasmos. Por comunidades, los más contentos con sus relaciones son los cántabros y los extremeños
 

Nos preocupa aburrirnos en la cama o más bien, que se aburran con nosotros por no ser lo suficientemente innovadores. Nos aterra que se esfumen las ganas o que, en plena acción, nos quedemos a medias por culpa de un gatillazo. De ahí los fingimientos, las «faenas» más bien cortitas y la resignación.
Pero quien crea que lo que ocurre en la cama se queda entre las sábanas, se equivoca. Porque ellas no se avergüenzan, y no dudan en comentar sus conquistas de fin de semana, el último juego que han comprado (o practicado) y otras experiencias –con mayor o menor éxito– sin tapujo alguno.
En concreto, el 20 por ciento de las féminas reconoce que trata el tema , y el 66 por ciento, además, lo hace de forma bien clara y sincera. Cifra que dista mucho del 85 por ciento de los varones, que no se atreve a hacer demasiados comentarios al respecto (sólo el 15 por ciento reconoce tratar con frecuencia el tema).
Así lo aseguran los resultados del Informe Sobre Hábitos de Salud Sexual entre la Población Española (presentado esta semana por la compañía biomédica Pfizer) realizado a 3.000 personas.
Vicent Bataller, vicepresidente y fundador de la AUEMS (Asociación Internacional para el estudio Multidisciplinar de la Sexología),  explica que «un aspecto fundamental es expresar lo que nos gusta».
Sin embargo, parece que no todas las conversaciones son para bien. Porque si el 82 por ciento de los españoles (tal y como se desprende del trabajo) piensa que sus relaciones íntimas podrían mejorar, algún problema hay detrás. Por ejemplo, que ellas mientan (en concreto, una de cada tres mujeres) y que las parejas apenas dediquen dos horas a la semana al –los más afortunados, ya que el 25 por ciento asegura que le dedica menos de una hora semanal–.
Entre los motivos por los que gimen aparentemente orgásmicas se encuentra el hecho de que «los hombres llevamos mal que nuestra pareja no disfrute. Si antes el varón buscaba únicamente su placer, ahora las cosas han cambiado y se centra más en la pareja. Y si no lo logran, les resulta frustrante», explica el presidente de la Asociación Española de Especialistas en Sexología (AEES) y miembro de la Sociedad Latinoamericana de Medicina Sexual (SLAMS).
El experto añade que «hay féminas que mantienen sólo por satisfacer al hombre, como si se tratara de una tarea doméstica más. Esto se debe a la falta de comunicación sexual». Algunas necesitan más tiempo que otras para llegar a la fase alta de excitación, y si él no es lo suficientemente hábil, la situación desemboca en una respuesta de frialdad o apatía «que puede producir una disfunción en la mujer», añade Casaubón. Y aparece entonces la falta de deseo. Porque, para ellos, al igual que para los alumnos inseguros, es mejor un «no presentado» que «un suspenso». «Ella piensa que no quiere hacerlo porque no la ama, porque tiene una amante o bien porque no es lo suficientemente atractiva».
Otra consecuencia negativa para ellas es la dispareunia o dolor producido porque, ante la falta de excitación, no dilata la vagina. Así que, para pasar un mal rato, «mejor me quedo como estaba y no practico sexo», afirma Casaubón. Para Bataller «las vivencias y la educación son fundamentales para un cambio de actitud más placentero y positivo en la . Las mujeres que fingen un orgasmo se engañan ellas mismas y a su pareja y deberían consultar a un sexólogo».
Entre quienes confiesan haber tenido algún inconveniente el último año, la falta de deseo sexual se sitúa en primer lugar (52 por ciento), sobre todo para las mujeres (58 por ciento). En segundo nivel, se sitúa la disfunción eréctil (30 por ciento). En muchos casos, la solución está en hablarlo y en dedicarle tiempo. Pero, al parecer, eso es lo que no tenemos. Si no, no se explica que a la semana sólo le dediquen un par de horas. Claro que, si como apunta el presidente de la AEES «si se centran dos horas en un mismo encuentro sexual, es fantástico. Lo malo es cuando se traslada la cifra a varios encuentros. Dos horas repartidas no dan para tanto, pero la cuestión del tiempo es muy relativa». Porque hay ocasiones en las que es mejor lo breve pero intenso. En líneas generales, Bataller afirma que «las maratones de los jóvenes se pasan con el tiempo y el máximo se reduce a los 30 o 40 minutos como máximo».
Un tiempo que debe ser suficiente para los cántabros y extremeños, ya que, según se desprende de la encuesta, por regiones, los más satisfechos están en Cantabria y Extremadura, donde un 72 y un 71 por ciento respectivamente, declaran estar muy contentos con su vida sexual. No obstante, en las ciudades más grandes sucede lo contrario y los datos más bajos se localizan en Cataluña, Madrid y Andalucía, donde sólo un 52, un 54 y un 57 por ciento de la población se muestra bastante o muy conforme con su vida sexual. Bataller señala que «en las ciudades grandes vivimos con mucho estrés y ansiedad y es algo incompatible con una sexualidad adecuada que refuerce la actividad», matiza el sexólogo.

Productos falsos
Otro dato sobre el que advierten los profesionales es acerca de la información que obtienen a través de la red para tratar la temida disfunción eréctil, ya que, el 25 por ciento confía en la información de internet y hay que tener cuidado con la que hace referencia a los fármacos.
Sin embargo, son cuidadosos y prefieren los medicamentos con marca, ya que el 81 por ciento no utilizaría un producto que no fuera conocido. El director de Comunicación y Responsabilidad Social Corporativa de Pfizer, Francisco García Pascual, señala que «la falsificación de medicamentos es, entre otros, un problema de salud pública que pone en grave riesgo la vida de las personas. Los supuestos falsificados son potencialmente peligrosos, porque la mayoría contienen componentes incorrectos, tóxicos o dosis inadecuadas de los principios activos. Son una amenaza, porque si un paciente lo consume y le desencadena un problema, los médicos tendrán dificultades para tratarle al no saber lo que se ha administrado».
En ocasiones, es la propia ineficacia de los compuestos la que impide su actividad terapéutica, ya que, un supuesto medicamento falsificado, «no ha pasado ningún control sanitario y puede provocar incluso la muerte», concluye.

http://www.larazon.es/noticia/8661-mas-del-60-de-las-mujeres-habla-sin-tapujos-de-sexo

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