ESPAÑA es a la prostitución lo que Gibraltar al dinero sucio, un paraíso de la explotación sexual y la doble moral, la tierra prometida de los chulos, una gran cama redonda donde sólo está perseguido el sexo con menores y no pagar el servicio. Para todo lo demás, hay barra libre. La Policía entra de vez en cuando en algún prostíbulo y detiene a unas cuantas mujeres bajo la acusación de residencia ilegal o tráfico de drogas, pero ese mismo prostíbulo abre al día siguiente o ni siquiera cierra sus puertas durante la intervención policial.
Otras veces, cae alguna banda de delincuentes por la denuncia de una mujer, pero los «empresarios» que se atienen a unas reglas (no escritas pero bastante obvias) disfrutan de un marco alegal bastante más estable, por ejemplo, que el que afecta a las condiciones jurídicas de los medios de comunicación. De hecho, el incumplimiento de las normativas municipales en materia de prostitución es flagrante y en cuanto a ordenamientos jurídicos superiores, simplemente no existen. En esas condiciones, sólo la hipocresía nos impide apreciar que España -lo que incluye a Cataluña en este caso muy especialmente- es para muchos turistas un destino privilegiado de sol, cerveza y sexo barato, o sea, como Cuba, pero mucho más cerca. Es lo que hay y no parece que a ninguna Administración, salvo polémicas puntuales, le preocupe demasiado ni la impunidad de los proxenetas ni la suerte que puedan correr miles de mujeres, algunas de las cuales deben ejercer libremente, según sostienen quienes sostienen también que quien no se consuela es porque no quiere, lo que en este caso viene a pelo.
No puede haber mayor muestra de crueldad que la que sufren en España las prostitutas por parte de las autoridades judiciales, las policiales, los políticos, los clientes, los chulos y una sociedad que sólo se escandaliza si esas mujeres asaltan las portadas de los periódicos o las esquinas de su barrio y enseñan demasiada carne. Otra vez la doble moral. Sólo cuando el comercio carnal es demasiado obvio y transparente, cuando se produce a una hora inapropiada, cuando el sol descubre el rictus de las vejaciones, la desvergüenza del dolor y la necesidad, se le ocurre a los periodistas y a los políticos que esto es demasiado, que las Ramblas eran otra cosa, que qué pena de paseo, oiga usted.
Mientras tanto, que corra la cocaína y a quién le importa que la mulatita no tenga papeles, que el final feliz sea un eufemismo asqueroso, que la rusa tenga unas sospechosas cicatrices en las muñecas y que todas ellas no tengan nombre, ni derechos, ni futuro, ni salud, ni donde caerse muertas. Lo que importa es que no molesten y ahora, que estén lejos de Mataró, por favor. Convendría saber, no obstante, que la licencia para abrir los macroburdeles partió de la conselleria de Interior, que dirige Joan Saura, que es de Iniciativa, los ecopijos; que el Ayuntamiento que sólo ha reaccionado cuando se ha visto retratado en los papeles, es del PSC y que la crueldad y la mierda en materia de prostitución nos llega al cuello a todos y a todas.









Este artículo tiene razón en algunas cosas y en otras peca de tendencioso. es cierto lo de la doble moral, el desamparo legal de las prostitutas, la corrupción del aparato del Estado frente a este asunto… Pero también es cierto que existen situaciones donde el vecindario tiene razón al exigir que en las calles de su barrio no se ejerza la prostitución. Porque todo tiene un límite. Y con esto no digo que la culpa sea de la prostituta, ojo, porque es evidente que en muchos casos están coaccionadas por los chulos. Lo que se debe perseguir es a los que controlan estas redes y se benefician de grandes sumas de dinero sin importarles acabar con la vida de las chicas que caen en sus garras.
Coincido contigo en que las prostitutas, a estas alturas del siglo XXI, no debieran trabajar en las calles. Habría que protegerlas de los peligros que, para ellas pueden suponer estar en plena calle de madrugada. Pero mientras las administraciones no se quieran enfrentar a la realidad, mientrs insistan en que estamos el 95% de nosotras, coaccionadas, obligadas y reprimidas, sin capacidad de elección libre, seguiremos mordiéndonos la cola cual pescadilla. Precisamos de políticos valientes y aferrados a la realidad.
El debate político que regulará la profesión está muy próximo. Ya lo verás.
Los grupos políticos quieren ser políticamente correctos. Se conoce que está mal visto decir que ya es hora que se regule de una buena vez esta profesión, con sus derechos y obligaciones. Ése es el principal problema. La doble moral, la hipocresía, la cobardía.
De todos modos, me gustaría que tu deseo se convierta en realidad.
Existen precedentes en Europa. El conocidisimo barrio rojo de Ámsterdam por ejemplo es un buen ejemplo de como encontrar un equilibrio entre los intereses de un sector productivo del que depende el sustento de mucha gente y aquellos que quieren evitar tener durante el día chicas desnudas en las calles o durante la noche en cualquier zona. Durante el día, dicho barrio no es más que una zona normal, con casas de 3 plantas rodeando los canales típicas de Holanda, pero cuando cae la noche, comienza el negocio y como si de un mercado se tratase, las calles se llenan de gente, fundamentalmente hombres aunque también muchos grupos de turistas y curiosos. Los escaparates nos muestran mujeres de todas las razas y edades, ofreciendo servicios para todo los gustos. Yo fui con la que era mi novia entonces y unos amigos mientras hacíamos un interrail y recuerdo que el principal problema que tuvimos fue la gran cantidad de carteristas entre la gente, porque allí no cabía ni un alma. Sufrir empujones era lo normal.