Sexo de pago que vende

A la vista del más de medio millón de dólares de multa para la CBS por el «fallo de vestuario» de Janet Jackson durante una reveladora actuación en la final del fútbol americano del 2004, se podría pensar que la televisión de Estados Unidos es apta para todos los públicos. Pero el forzado puritanismo de las grandes cadenas en abierto, estrictamente vigilado por la Comisión Federal de Comunicaciones, no se extiende a la popular televisión por cable.
Durante esta temporada, la televisión de pago de Estados Unidos parece haber encontrado en el el mejor antídoto para la crisis. Hasta el punto de alcanzar un cierto nivel de saturación . Sin llegar a los canales especializados en pornografía, en series de entretenimiento se están viendo desde desnudos masculinos frontales hasta escenas gráficas de heterosexual, homosexual y en grupo.
El ejemplo más comentado, y también el más visto, es la serie «Spartacus: Sangre y Arena» que el canal Starz acaba de estrenar los viernes por la noche con una infalible combinación de violencia y sexo. Trece episodios que estéticamente mezclan «Calígula» con «300» para recordar todo el hedonismo y perversiones del imperio romano, entre togas mínimas y mucha musculatura de gladiadores.
La cadena MTV, dominante en la audiencia juvenil, también prepara la serie «Los tiempos duros de RJ Berger». Comedia que se centra un adolescente de quince años superdotado en lo anatómico. Mientras que el canal Spike ya ha estrenado «Blue Mountain State», con estudiantes pendientes de actividades no lectivas. Como ha explicado Kevin Kay, jefe de programación de Spike, «necesitamos sumar ojos y para eso hay que elevar el tono».
El gigante HBO, que siempre encuentra un sitio en su programación para estos contenidos, apuesta ahora por «Hung» (en España puede verse en Canal+), las peripecias de un maestro que complementa sus limitados ingresos económicos vendiendo servicios . Sin recurrir a la ficción, el canal del National Geographic también está ofreciendo su serie de documentales adultos «Tabú». Y en VH1 se puede ver la serie especializada en «rehabilitación » del doctor Drew.
El canal Showtime también ha vuelto este año con el «Diario secreto de una », con la protagonista Belle en búsqueda de material para seguir escribiendo sobre humana. El mismo canal ha cosechado un enorme éxito con «Californication» (vista en Fox en nuestro país) protagonizada por David Duchovny, actor con problemas de adicción al sexo en su vida real. En la tercera sesión, el hombre ha estado más ocupado que nunca.
Toda esta explosión de sexo televisivo contrasta con la historia del medio en Estados Unidos, donde las series para la pequeña pantalla en los cincuenta no podían mostrar a matrimonios durmiendo en una misma cama. Pero desde la década de los setenta, empezando por «Los ángeles de Charlie» sin sujetador, todo parece haber sido una espiral de sensualidad empujada por la televisión de pago.
Paul Levinson, profesor de la Universidad Fordham, argumentaba recientemente en las páginas del «USA Today» que este tipo de contenidos no hacen más que reflejar algo normal: «El sexo es parte de la vida. Y si la gente se ofende, hay un simple remedio: cambiar de canal». Aunque para toda una cohorte de grupos y activistas, el impacto de la actual epidemia de sexo y entretenimiento resulta claramente nocivo para la cultura popular.
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