El 80% ha sido violada en alguna ocasión

Aunque la intensidad de las luces trate de desviar la atención, el buen humor de algunas chicas opere como cortina de humo y haya quien quiera ver la prostitución como un oficio más, no lo es. Según varios estudios, entre el 62% y el 80% de las mujeres que comercian con su cuerpo han sido violadas, siete de cada diez han sufrido agresiones físicas y un 67% padece estrés postraumático.
De telón de fondo están las mafias y los chulos. También las amenazas de ataques a sus familias en sus países de origen si se tratan de desvincular de sus ‘dueños’ y los ritos de vudú que aterrorizan a muchas africanas. Eso, en cuanto a las extranjeras, la mayoría ilegales que difícilmente pueden acceder a otro tipo de trabajo.
De otro lado están las nacionales. Muchas de ellas, madres sin pareja y en el paro que se agarran a este clavo ardiendo. Pese a la crisis, las organizaciones vascas que trabajan con este colectivo rechazan que haya habido un aumento significativo en el número de prostitutas españolas. Quizás algún caso puntual. «Chicas que habían dejado la profesión hace años pero que ahora se quedan en paro y no tienen manera de salir adelante», explica J.C.M., propietario de un local de alterne. «Como dicen ellas, ‘me vuelvo a putear’».
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Prostitución, un negocio a la vuelta de la esquina

La prostitución mueve 18.000 millones de euros al año. :: EL CORREO

La prostitución mueve 18.000 millones de euros al año. :: EL CORREO

 

En Euskadi viven de su cuerpo casi 2.000 mujeres y la mitad de ellas tienen hijos
El negocio del sexo es un limbo alegal que sólo sale a la luz cuando molesta a los vecinos
Uno de cada tres vascos ha pagado alguna vez por tener sexo, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Para eso están las 1.820 prostitutas que trabajan en Euskadi. El 85% son extranjeras y más de la mitad venden su carne para mantener a sus hijos. La mayoría, 1.199, se ofrece en alguno de los 77 ‘puticlubs’ de la comunidad autónoma, a donde principalmente acuden cuadrillas de farra nocturna. Otras 570 mujeres prestan servicios en los 211 pisos que se distribuyen por las capitales; aquí, los clientes llegan porque buscan discreción o prácticas sexuales ‘especiales’. Por último, en la calle trabajan menos de cien mujeres en el País Vasco. A ellas, la necesidad les obliga a tragar con casi todo.
La radiografía es de Emakunde. Pero los datos hay que tomarlos con precaución porque el sector está cubierto por una densa costra de misterio. Y eso que, según estimaciones del Gobierno central, mueve 18.000 millones de euros al año en España y en él se emplean alrededor de 400.000 meretrices. Una figura incómoda que se mueve en un limbo de alegalidad. Pero de manera periódica se hacen visibles. Eso ocurre ahora: por la polémica de los macroprostíbulos proyectados en Cataluña, por el tiroteo de hace unas semanas en Barcelona -donde dos mossos d’esquadra fueron heridos- y por las protestas de los vecinos de los bilbaínos barrios de Miribilla, Saralegi y San Francisco. De hecho, el Ayuntamiento de la capital vizcaína ha anunciado una normativa para prohibir la prostitución callejera a partir de septiembre; el miércoles empezará a tramitarse una ordenanza que prevé sanciones para clientes y prostitutas de hasta 3.000 euros.
«Nadie se acuerda de ellas más que cuando molestan», resume Marian Arias, psicóloga y coordinadora de la asociación Askabide, cuyo objetivo es asistir en distintos ámbitos a las mujeres que se prostituyen en Euskadi. «Hay un vacío legal impresionante y una doble moral escandalosa». Lo de la moral se mueve por sendas inescrutables. Pero ¿qué pasa con lo legal?
En pisos y clubes
El Código Penal contempla la profesión más vieja del mundo, pero sólo para penalizar el proxenetismo y la explotación ilegal de personas. También la utilización de menores. El ejercicio consentido de la prostitución no es ilegal. O sea, es legal. Pero no está regulado. Así que el asunto se debate sólo cuando la actividad genera protestas vecinales. Y son los Ayuntamientos quienes lo hacen por medio de ordenanzas.
Según Askabide, en Euskadi sólo el Consistorio bilbaíno dispone de una norma en esta materia: procede del año 1999 y tiene carácter urbanístico. Surgió en respuesta a una protesta de los vecinos de la calle General Concha y, entre otros asuntos, establece que debe haber una distancia mínima de 500 metros entre dos clubes de alterne.
Ahora, la capital de Vizcaya está inmersa en otra regulación que pretende prohibir el negocio del sexo en la calle por ocupar espacios públicos para actividades económicas privadas. ¿Por qué no ocurre esto mismo en San Sebastián y Vitoria? Porque en Guipúzcoa no hay prostitución callejera y porque en la capital alavesa se lleva a cabo en las rotondas de las afueras de la ciudad y allí no hay vecinos que se quejen.
Al margen de todo lo anterior, hay un debate latente: la regulación de la prostitución como actividad económica. Es decir, contemplar a las trabajadoras del sexo como autónomas que pagan impuestos y Seguridad Social. Sobre este asunto hay dos percepciones diferentes dentro del mundo del comercio carnal. De un lado, los dueños de locales de alterne, agrupados en la asociación nacional Anela, piden que se regule. Alegan que esto les daría más seguridad jurídica a ellos y que el Estado ingresaría buenos impuestos. La regulación implicaría que sólo se podría ejercer la prostitución en locales específicos para ello. Es decir, en sus clubes de alterne.
Del otro lado están buena parte de las mujeres que se dedican a la prostitución en pisos. Ellas rechazan la legalización: en primer lugar, creen que con una regulación los dueños de ‘puticlubs’ se harían con el monopolio del negocio, porque sólo en sus locales estaría permitido trabajar. Y, por otra parte, no quieren que en su historia laboral aparezca dentro de unos años una profesión que siempre tiene carácter temporal y a menudo vergonzante. Además, tendrían que pagar impuestos.
Por supuesto, todas estas maneras de ver las cosas tienen cara. Aunque sea oculta. EL CORREO ha contactado con varias personas relacionadas con esta actividad, que relatan sus experiencias.
Pandora
«Aquí trabajan mujeres a espaldas de sus maridos»
Pandora no quiere dar su nombre real. Tiene 50 años, ya es abuela y regenta un negocio peculiar. «Nuestro fuerte es el masaje sensitivo». Utiliza un lenguaje original. Las ‘masajistas’ trabajan por horas. Unas llegan por la mañana y otras por la tarde. En total, son unas ocho. «La cifra varía mucho. Aquí vienen mujeres un par de horas, cuando pueden y sin que sepan nada los maridos. Luego se van a por los niños… Aquí no hay prostitutas, hay madres coraje». Porque la mayoría tiene como única pretensión «sacar adelante a sus hijos. Su otra alternativa es fregar escaleras por once euros la hora».
En los papeles, el negocio de Pandora aparece como salón de belleza. Hay jacuzzi, baño corporal… Ella paga impuestos y asegura que a sus chicas les ofrece contrato como autónomas. «Pero la mayoría no quiere para no pagar impuestos o para que no les quiten ayudas sociales». Las chicas se quedan con el 50% de cada servicio y ella con el otro 50%. ¿Acaso no es esto proxenetismo? «No. Las chicas se meten en las cabinas con el cliente para darle un masaje. Cómo termine la cosa es asunto suyo. Cada cual es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo». Una empresa especializada les surte de preservativos, sábanas, toallas… «Después de cada servicio todo se cambia».
Rosaura e Izaskun
«Deseo ahorrar y abrir una peluquería en Colombia»
Las historias de Rosaura e Izaskun son totalmente opuestas. Una es colombiana, y otra, vasca. Una detesta su trabajo y otra parece contenta con él. Una quiere ayudar a su familia, y otra, costearse un tren de vida que la suya no se puede permitir. Las dos trabajan en pisos de Bilbao.
Rosaura lleva tres años en «la mala vida». Estuvo en Alemania, rodó por varios clubs de ciudades españolas y ahora trabaja más tranquila. «Aquí no hay que soportar todo lo malo de la noche, el humo, el licor, las luces… Estamos cuatro chicas que nos llevamos muy bien, tenemos muchos clientes fijos». Lo de legalizar su situación como prostituta le suena raro. «Yo no quiero esta vida. No me queda otro remedio y lo hago. Pero sólo quiero ahorrar. Soy esteticién y en cuanto ahorre voy a poner una peluquería en Colombia». Ya ha pagado la deuda con quien le costeó el ‘pasaje’, «12.000 euros, aunque al final tuve que pagar casi 20.000». Parte de sus ingresos, que prefiere no revelar, se los envía a su familia. «Ellos no hacen preguntas. Pero se imaginan a qué me dedico».
Lo de Izaskun no tiene nada que ver. Es de Santurtzi y estudió Derecho. No le sirvió para lograr un trabajo como el que ella soñaba y durante unos meses se dedicó a la hostelería. Hasta que un anuncio en el periódico donde buscaban «chicas liberales de buena presencia para club» le cambió la vida. Durante un tiempo compatibilizó la hostelería y la prostitución. Pero pronto se dio cuenta de que lo más lucrativo era lo que menos duro se le hacía. «¿Volver al restaurante? ¿Estás loco? Con lo tranquila que estoy aquí y con lo bien que se gana».
Ni sus amigos ni su familia saben nada. Oficialmente, cuida a un anciano por la tarde, cuando sus hijos están trabajando. Los fines de semana se tiene que quedar las 24 horas con el señor, porque la familia se va de excursión. «¡Esto sí que es tener una doble vida!». Suelta una carcajada. Pero luego se pone seria. «La verdad es que yo tengo suerte. Y lo llevo bien. Pero esta vida, para la mayoría, es muy puta».
Propietario de club de alterne
«Somos los que tenemos que aguantar las redadas»
J.M.C. vive en Vitoria y es el propietario de un club de alterne en la muga entre Álava y Navarra. Antes era constructor, pero hace 16 años, cuando llevó a cabo la reforma de un puticlub, vio «la cantidad de dinero que se movía, el constante entrar y salir de gente, y lo bien que estaban las chicas». Así que decidió establecerse por su cuenta. Como en todos estos negocios, funciona legalmente como hotel y pub. «Cobro 40 euros al día a cada chica por pensión completa. Ellas son huéspedes, no trabajadoras mías. Entran y salen cuando les viene en gana». Asegura que no cobra ninguna comisión por cada servicio de las chicas porque «sería ilegal». Además, niega que, al menos en su local, operen mafias y que las prostitutas sean forzadas a trabajar un número de horas determinado, como sí ocurre en muchos otros establecimientos.
En sus buenos tiempos llegó a tener cuarenta chicas ‘alojadas’. Ahora, sólo 18. «A nosotros también nos afecta la crisis. Y a los que tenemos clubs de carretera también el carnet por puntos: mucha gente deja de acercarse porque aquí nadie viene a tomarse un Kas o un agua». J.M.C. es el portavoz de Anela en la zona norte y defiende que se regule la prostitución. «Las mafias trabajan en los pisos y en la calle. Son esas que llevan a las chicas en furgonetas y las van dejando en las rotondas. En estos sitios no hay control. Pero somos nosotros, quienes pagamos impuestos y funcionamos bien, los que tenemos redadas cada poco, porque nuestros locales son públicos».
Buena parte de las chicas que tenía en el pasado se han establecido en pisos. Se juntan tres o cuatro y se ponen por su cuenta. «Para quienes son inmigrantes ilegales es mejor, están más tranquilas sin redadas».
-A los empresarios de clubs se les acusa de que pidiendo la regulación lo único que buscan es monopolizar el negocio.
-Es cierto que nos quitaríamos la competencia. Pero, en todo caso, es competencia ilegal. Nosotros pagamos impuestos.
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Pequeños detalles que dañan la imagen

TRIBUNA: MILAGROS PÉREZ OLIVA

Personas que han participado o han sido mencionadas en reportajes se quejan de distorsiones que afectan a su imagen. Pequeños errores pueden causar graves perjuicios

En el periodismo de calidad, los detalles importan porque de ellos pueden derivarse no pocos daños colaterales. Los medios son como un gran espejo en el que se refleja la imagen pública de las personas o colectivos que por alguna razón se ven involucrados en una noticia. Los periodistas son en general conscientes del delicado material que tienen entre manos y de la enorme responsabilidad que implica tener el poder de definir la realidad. De su pluma sale un retrato, una imagen que queda para siempre expuesta a la mirada pública y que tiene difícil reparación si no se corresponde con la realidad o incurre en sesgos. Una sola palabra, una simple frase, pueden dañar una imagen. Las crónicas de sucesos y los reportajes sobre problemas sociales son propicios a este tipo de daños.

«No sé si yo misma traería a mis hijos «. La frase, atribuida a la directora del colegio La Farga, de Salt, Gemma Boix, era ciertamente sorprendente. Aparecía en el reportaje «Salt, una olla a presión», publicado el 7 de marzo en el suplemento Domingo sobre la conflictiva situación de este municipio próximo a Girona, en el que el 43% de sus 31.000 habitantes son inmigrantes. Los autores, Juan Diego Quesada y Rebeca Carranco, consideraron importante entrevistar a la directora de ese colegio porque sólo cuatro de sus 410 alumnos son hijos de padres españoles. Gemma Boix se resistió. «Me había negado a dar entrevistas porque desconfiaba de los medios, pero pensé que de EL PAÍS podía fiarme. Me equivoqué. No puedo estar más decepcionada. Tras el reportaje sólo siento impotencia e indignación», me escribe.

Gemma Boix ha pedido amparo a la Defensora por «la tergiversación de sus palabras y por la forma en que se presenta el centro. Se da a entender que la mayoría de los muchachos que delinquen en Salt son ex alumnos de La Farga. ¿De dónde sale tal información, cómo se ha contrastado? ¿Cómo se pueden descontextualizar las palabras de esa manera para ahondar en la imagen negativa de la escuela? ¿Cómo yo, su directora, puedo decir que no llevaría a mis hijos a La Farga?», pregunta. Cree que esa frase cambia por completo el sentido de su testimonio y está muy lejos de su pensamiento y de su trayectoria.

Los autores del reportaje alegan que la directora «sabía en todo momento que sus declaraciones se iban a incluir en un reportaje que pretendía radiografiar los problemas de convivencia en Salt». «Por supuesto que no pretendíamos perjudicarla», afirman. «Lamentamos si lo hemos hecho. Con la entrevista señalamos la dificultad de dirigir una escuela en la que casi todos los alumnos son extranjeros. En el texto queda claro el gran esfuerzo que hacen».»¿Tiene interés que Boix diga esa frase? Sí, porque es la directora y porque refleja un comportamiento generalizado de los autóctonos. Sólo cuatro familias de españoles llevan a sus hijos a La Farga. ¿Es duro? Lo es, pero es la realidad. Ocultándola haríamos un flaco favor a los lectores», alegan. Pero Gemma Boix no pretende que se oculte la realidad. De lo que se queja es de que se han tergiversado sus palabras. Los redactores aseguran que anotaron esa frase, pero no grabaron la conversación de modo que ahora no pueden demostrar que la dijera. En todo caso, resulta chocante que una directora diga eso del centro que dirige. Hubiera sido prudente asegurarse de que habían entendido bien algo que ellos mismos consideraron tan llamativo como para encabezar su testimonio con ella.

El deseo de dar «color», de marcar contrastes, puede enriquecer una crónica, pero también puede distorsionar la realidad, especialmente cuando no hay mucho que contar y un gran espacio que llenar como ocurrió con la noticia «La mujer asesinada en el Eixample era una prostituta rusa». «Era rusa y tenía 30 años. Los vecinos destacan su belleza y gusto por la buena ropa. (…) Murió de forma trágica. Su compañera de piso la encontró muerta y con la cabeza destrozada». No había mucho más. La muerte de esta mujer había sido ya publicada el 8 de marzo, pero el diario supo que la muerta era una prostituta de lujo y el redactor jefe encargó a Helena Belmonte un reportaje sobre la reacción de los vecinos y sobre cómo el aparentemente apacible Eixample de Barcelona también tiene sus bajos fondos. La redactora cumplió el encargo: cuatro columnas de testimonios de vecinos y viandantes, y algunas pinceladas costumbristas, entre ellas la siguiente: «María (nombre falso) trabaja en el centro de masajes ‘tradicionales tailandeses’ (de 69 a 240 euros cada uno) que hay justo enfrente de la finca, y hace meses que ve entrar y salir a chicas con poca ropa».

Elena Atance, gerente de Silom Masajes y Spa escribe para quejarse por el «menoscabo al honor y a la buena reputación» de su empresa. Considera que el hecho de que se ocultara la identidad de la trabajadora, como si fuera prostituta, que se entrecomillaran las palabras «tradicionales tailandeses», como si se pusiera en duda que fueran masajes, y se diera además un precio tan elevado podía interpretarse, en un reportaje sobre prostitución de lujo, como que el centro ofrecía servicios eróticos.

Tiene razón. La frase es innecesariamente ambigua. Silom Spa es un establecimiento de belleza y los 240 euros no son el precio de un masaje, sino el de un paquete de diversos tratamientos. Helena Belmonte asegura que no pensó que la frase pudiera interpretarse de forma equivocada. «Con esos detalles sólo pretendía ilustrar que se trata de un barrio acomodado», dice. Si el propósito era ese, podía haber encontrado formas más claras de decirlo. Muchos de los testimonios eran banales y detalles como ese aportaban poco para un espacio tan relevante en una sección como la de Cataluña, en la que cada día quedan fuera noticias importantes: «Recoger opiniones del vecindario estaba en este caso justificado porque en menos de dos semanas se habían producido varios asesinatos y crecía la percepción de inseguridad», afirma el subdirector Francesc Valls. «Pero pudo haber, por parte de la redactora, un exceso de celo al acercarse a lo que ella percibía como realidad. Quizás el fresco hiperrealista, la aproximación detallista y exhaustiva, pudo hacernos incurrir en errores».

Hay errores pequeños que al ser publicados se adhieren a la imagen de una persona como etiquetas indelebles. María Dolores Rentero me escribe una doliente carta titulada «La vallecana poco cualificada». Había accedido a participar en el reportaje «Generación noqueada» publicado en El País Semanal del 14 de marzo, pero no le ha gustado el perfil que sale de ella. Cree que frases como «llueve (…) cuando aparece vestida de estar por casa y sin paraguas», «se sacó el primer año y se dejó de líos» y «la baja cualificación le ha pasado factura», distorsionan su imagen. En realidad tiene un título de FP-1 de auxiliar administrativo, otro de auxiliar de servicios sociales y un tercero de animación socio-cultural. Le duele que sus conocidos piensen que les ha mentido en cuanto a sus estudios. «Parece que se ha querido buscar el dramatismo en estado puro (…) y para eso había que buscar el prototipo inculto y de Vallecas como contrapunto a los desempleados con carrera. Guillermo Abril debería haber encontrado a la persona, absolutamente respetable, que cumpliera con los requisitos que buscaba, sin faltar a la verdad en mi persona», escribe.

El autor, Guillermo Abril, lamenta el error acerca de sus estudios y «en cuanto a que aparecía ‘vestida de andar por casa’, se trata de una descripción. Si esto mismo se hubiera dicho sobre un actor o una modelo, nadie le hubiera dado importancia. Pero, quizá, en un reportaje sobre el drama del desempleo, se puede interpretar de forma errónea. Nuevamente me disculpo. En cualquier caso, nunca quise añadir dramatismo a una situación ya de por sí dramática».

Son tres ejemplos recientes de hasta qué punto los detalles importan. Cuando alguien se arrepiente de haber participado en un reportaje de EL PAÍS, nuestra credibilidad se resiente. Y deberíamos preguntarnos por qué algunos de ellos tienen la impresión de que no buscamos ajustar el relato a la realidad, sino la realidad al reportaje que queremos escribir.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Pequenos/detalles/danan/imagen/elpepuopi/20100328elpepiopi_6/Tes

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«No tenemos previsto castigar a quien acuda a prostitutas, pero es un debate que está ahí»

Diego Blázquez, en el Colegio de Abogados de Oviedo. nacho orejas

Diego Blázquez, en el Colegio de Abogados de Oviedo. nacho orejas

 

El profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III, Diego Blázquez (Ávila, 1972) es asesor de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, en materia de trata de seres humanos. El plan nacional contra la trata de seres humanos fue aprobado el año pasado con el fin de dar una salida a las mujeres, sobre todo extranjeras, que se ven atrapadas en las redes de prostitución y sometidas a unas condiciones de semiesclavitud intolerables en un Estado que se proclama de derecho. El plan ha permitido «liberar» a un número importante de personas. Blázquez impartió el pasado jueves una conferencia sobre el desarrollo del plan nacional en el Colegio de Abogados de Oviedo, dentro de un curso sobre violencia de género organizado por la Universidad de Oviedo y en el que colabora la asociación de Abogadas para la Igualdad. En ese acto habló con LA NUEVA ESPAÑA

-¿Cómo está resultando el plan nacional contra la trata de seres humanos?

-El año pasado se han atendido a 1.300 personas, el 95 por ciento de las cuales eran mujeres. Se ha detenido a un número importante de personas relacionadas con este tipo de explotación, algo más de 700. En ese período se incrementó el número de operaciones, por lo que los explotadores tienen que saber que el Estado va a ir contra ellos. Se trata de uno de los negocios ilícitos más lucrativos del mundo.

-¿Qué tipo de mujer es víctima de estas situaciones de explotación sexual?

-Una de las novedades del plan es que el Ministerio del Interior ha podido crear una base de datos en la que se recogen tanto las características de las víctimas, como de los detenidos y las operaciones realizadas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Eso ha podido crear un perfil de la víctima, que es básicamente una mujer joven -la mitad de ellas tienen entre 23 y 30 años- y extranjera en situación irregular en un cincuenta por ciento de los casos.

-¿Qué es lo que mueve a una mujer a venir a España en esas condiciones?

-La trata se basa fundamentalmente en la violencia o el engaño. No puede olvidarse la situación de vulnerabilidad social y económica en la que se encuentran estas mujeres en sus países de origen. En esa situación, la oferta de un empleo, la posibilidad de poder venir a España para prestar un servicio doméstico o de hostelería, les abre unas expectativas que son las que las invitan a viajar a España. Pero la mayoría de ellas abandonan sus países engañadas.

-Uno de los atractivos del plan para las víctimas es que pueden legalizar su situación.

-Efectivamente, hemos hecho una modificación de la ley orgánica de Extranjería para poder permitir que las mujeres víctimas de las mafias puedan obtener los papeles de residencia y también de trabajo, siempre y cuando colaboren con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El objetivo es que se brinden a destapar las tramas de explotación.

-¿Como se está realizando este trabajo? Es muy difícil romper el círculo en el que se ven envueltas estas mujeres.

-Sí, hay mucha coordinación y colaboración entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las organizaciones no gubernamentales. El Ministerio de Igualdad ha creado un fondo de ayuda, que está dotado con dos millones de euros para proyectos a desarrollar en toda España. Con esos recursos se ayuda a las víctimas socialmente para su recuperación y su rehabilitación física y psíquica. Eso es lo que permite dar la confianza y el apoyo a las víctimas para que colaboren. Hay que ofrecer una alternativa social a las mujeres explotadas con fines sexuales.

-Estas mujeres trabajan en unas condiciones prácticamente de semiesclavitud.

-Sí, es en lo que consiste precisamente el crimen de trata que ahora se está discutiendo en el Parlamento. Está recogido en el plan, se incluye en los tratados internacionales, pero en España aún no tiene un reflejo en el Código Penal. Lo que hemos hecho es unificarnos a la legislación internacional. Ese delito de trata se incorporará al Código Penal y consiste precisamente en eso, en la esclavización de una persona con fines sexuales. Actualmente se aplica el delito de tráfico de inmigrantes, y también el de proxenetismo.

-¿Con cuántos fondos cuenta el plan nacional?

-Cada ministerio implicado aporta sus fondos. El de Igualdad, cuatro millones de euros, que para este ministerio es un esfuerzo presupuestario.

-¿Se puede terminar con la prostitución con este plan?

-Nosotros estamos cumpliendo las recomendaciones de las Cortes Generales para luchar contra este fenómeno, y el objetivo es ayudar y sacar a las víctimas del círculo de la explotación sexual. Ese es el mandato. El plan tiene tres años, al final de los cuales evaluaremos cuál ha sido el proceso, qué es lo que se ha podido hacer bien o mal y qué medidas adicionales pueden tomarse.

-En alguna ocasión se ha hablado de perseguir incluso a los consumidores de prostitución.

-Efectivamente, es un debate que está ahí, pero ahora mismo, en el plan, no se contempla esa medida. No está previsto. El plan está desarrollándose conforme a las recomendaciones de las Cortes.

-¿Cuál es el futuro de la prostitución en España? ¿Vamos a un modelo holandés?

-Ahora estamos centrados en las víctimas, y hasta que no saquemos a las víctimas de la situación de explotación en la que se encuentran, no hay otro planteamiento por parte del Gobierno.

«La trata se basa en la violencia y el engaño. No puede olvidarse la vulnerabilidad de estas mujeres en sus países»

«El perfil de la víctima de explotación sexual es una mujer joven, extranjera y en situación irregular»

http://www.lne.es/asturias/2010/03/28/previsto-castigar-acuda-prostitutas-debate/893063.html

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Los dulces ojos negros del sadomasoquismo

REPORTAJE | Ama Susan, domina

  • Ama Susan ofrece servicios sadomasoquistas por 200 euros la sesión.
  • Entre sus clientes se encuentra gente muy poderosa, políticos incluidos
  • Una de sus sesiones cierra el reportaje ‘Vacas’ de La Cadena Humana que emite VEO7 este sábado a las 0:00

Ordena cuando mira y hace sufrir cuando abre la boca. Su vida es el sufrimiento, no el propio si no el ajeno. Dice que nació así: «cuando era pequeña tenía celos de mi hermano y disfrutaba maltratándole». Ahora cobra por joder. 200 euros por sesión y son muchas a la semana así que, ¡hagan las cuentas! Ama Susan es domina de BDSM (bondage y sadomasoquismo). «Probé el otro lado y no me gustó, soy perversa y me encanta sodomizar a mis sumisos», apunta esta dama negra de cuyo nombre nadie quiere acordarse.

Susan no es Ama sólo por naturaleza, la compañía inseparable de Sirvienta, sumiso y amigo, hace que su apelativo adquiera sentido. La amistad no libra a su esclavo de los fustazos, ni de mandarle vestirse de mujer, ni tampoco de obligarle a practicar sexo homosexual a pesar de que él es hetero. «Hago un cuestionario previo y después trato de llevar las cosas al límite», dice orgullosa. Sirvienta menea la cabeza rubricando palabra a palabra la afirmación de su Ama. Lleva 5 años de historia junto a ella.

El límite en las sesiones se marca previamente, mediante códigos de conducta o palabras clave. No obstante, nuestra domina revela que «muchas veces» le sorprende «la capacidad de aguante de los sumisos». «Me gusta que sean fuertes», añade. ‘Fuertes’ implica resistir cortes, dilataciones del orificio del pene, quemaduras y multitud de golpes diferentes dados con una infinidad de fustas. Algunas, de varias colas y de cuero rígido, recuerdan a los métodos de tortura de la Inquisición.

El problema de los golpes y demás perrerías es que el cuerpo no es de mármol y refleja el pasado inmediato: las temidas marcas. «El 90% de la gente que viene están casados y otro alto porcentaje son gente muy adinerada, algunos, políticos», exclama Susan mientras explica que hay varias herramientas que no dejan marcas y lugares donde es muy difícil verlas. Nadie quiere exponerse a que se descubra este lado de su vida. No obstante, Susan reivindica: «somos gente normal y esto no son más que juegos sexuales».

Sin embargo y, paradójicamente, ella mantiene esta parte de su doble vida en secreto. «Es muy estresante pero necesario, la única pareja a la que se lo conté se puso celoso de los sumisos», revela. Y no lo entiende puesto que «jamás mantiene sexo con sus clientes, sólo juega». No obstante, Susan se mantiene en el armario del BDSM en una España que dice «está muy atrasada en el conocimiento de estas prácticas». «Hay gente que viene y yo noto que necesita ayuda psiquiátrica, pero no es lo normal», concluye.

La entrevista transcurre tranquila entre risa y sonrisa y toneladas de cuero. Es el material fetiche del BDSM. «Es como una segunda piel, te hace más sexy y, además, es fácil de limpiar», comenta Susan, una de las dóminas punteras del panorama madrileño.

Este segundo punto es importante puesto que las ropas de este curioso juego están expuestas a todas las secreciones del ser humano. «Yo he llegado a conseguir que los sumisos se meen en medio de una sesión». Visto un dispositivo de descargas eléctricas cuyo voltaje se acerca al de una vivienda, no es de extrañar.

A pesar de las peligrosas y múltiples herramientas, Susan replica que «jamás pierde el control». De ello depende la salud de sus clientes y, normalmente, sus partes pudendas. No obstante, ellos, sus clientes, suelen «quedarse satisfechos». «Es raro quien prueba y no vuelve, lo normal es que repitan, una vez que pisas este lado ya no quieres salir», comenta orgullosa. Seis fustazos más tarde, el último, brutal, deja a Sirvienta feliz y más apegado a su ama que nunca. «A ellos, lo que les gusta, es verme disfrutar», concluye.

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/26/madrid/1269625584.html

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Masturbación femenina

La masturbación en la mujer desde siempre ha existido, sólo que sufre mucho más la censura del tabú que la protagonizada por hombres y en la conciencia popular se la toma como algo sucio o inapropiado.

Tal como afirmaba el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, los seres humanos experimentamos diferentes facetas de la sexualidad desde que venimos a este mundo, no resulta extraño ver que los niños pequeños de ambos géneros, “jueguen” con sus genitales, si bien a corta edad no llegan al orgasmo experimentan sensaciones que les son agradables.

La autoexploración sexual en la mujer es tan importante como la del hombre, mediante ella todas las féminas podemos descubrir los placeres de la carne, las zonas erógenas y la forma adecuada de estimularlas.

Es una manera de iniciarse sexualmente cuando aún no se ha tenido sexo con una pareja, es una forma de conocerse a sí misma y de aprender para luego explicar al hombre que se tiene al lado cómo es que debe actuar.

La masturbación además de generar placer ofrece beneficios a nivel psicológico y físico, ya que es una herramienta para liberar tensiones y eliminar el estrés, superar la anorgasmia, desinhibirse, y el primer paso para llegar a ser multiorgásmica.

Para poder conseguir la mejor experiencia cuando te encaminas en el sendero de la auto-exploración es importante que:

  • Estés relajada y con todo el tiempo del mundo para descubrirte y estimularte.
  • Te encuentres en un ambiente que te excite y haga que tus fantasíasvuelen.
  • Dediques tiempo a cada parte de tu cuerpo para descubrir los secretos puntos de placer que no sólo existen en los genitales. Lospechos, vientre, muslos, piernas, etc. son zonas con alto poder erógeno.
  • Cuando hayas tomado práctica en la faena puedes invitar a tu parejaa que participe, de esta forma aprenderá tal cual alumno aplicado cómo es que debe tocarte, dónde y cuánto para hacerte alcanzar la gran O.

http://www.blogmujeres.com/2009/03/12/masturbacion-femenina/

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