Aromas que excitan a las mujeres. Un reciente estudio constató que las mujeres sienten una irresistible debilidad por el aroma de los caramelos, los pepinillos y el talco para bebé.
El neurólogo y psiquiatra norteamericano Alan Hirsch analizó el flujo vaginal de un grupo de mujeres mientras eran expuestas al olor de estos tres elementos, y constató que los fluidos genitales aumentaban un 13% más de lo normal. Por otra parte, descubrió una reacción opuesta cuando las mujeres olían el aroma de la carne, colonias masculinas o cerezas.

Según el especialista el sexo y el olor están íntimamente ligados, ciertos aromas son capaces de aumentar las ganas o bien disminuirlas. En general los olores suaves tienden a potenciar el deseo sexual, aunque las personas más jóvenes se inclinan por los más intensos.
El olfato puede desencadenar una intensa excitación sexual de forma inconsciente, esta se debe a las feromonas, que penetran por la nariz estimulando el cerebro.
El estudio concluye en el hecho de que las mujeres se sienten más excitadas con el aroma a alimentos dulces que con las colonias o perfumes masculinos.
Por otra parte, existe una relación entre el olfato y la personalidad:
Quienes prefieren el aroma a:
• Frutas son personas perseverantes y ambiciosas, líderes naturales.
• Los que gustan del olor a talco de bebé tienen la mente abierta, son impulsivas y arriesgadas.
• El café lo prefieren las personas llenas de energía que viven el momento
• El aroma a pan recién hecho es elegido por personas calladas y sin pretensiones.
• El olor a flores caracteriza a las personas cautelosas, intelectuales e introvertidas.
• El olor a naturaleza las personas idealistas, organizadas y productivas.
• El aroma a jazmín y lavanda las personas rebeldes.
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Me inclino naturalmente por el jazmin y por la lavanda. Sin duda. Cerca de donde vivo crecen silvestres tanto el jazmin como la lavanda e imagino que en breve con la lluvia y el sol de primavera volveran a embriagarme.
Aunque no soy rebelde y es una pena.
El mador,
El lado femenino de un hombre es inclinadamente perverso, sintetiza a través de la “silla turca” todo aquello que le hace bien y le procura un placer exabercado, lo sincroniza en su “retina pituitaria” y siempre aunque existan décadas de diferencia entre aquel maravilloso aroma hasta que vuelva a sentirlo en su hipotálamo lo adora y venera en aroñanza y lo recrea sin fortuna.
Ya habréis sentido, aquel escalofrío íntimo cuando no se sabe porqué una frangancia os turba y en el imaginario os recuerda un momento inolvidable.
A mí me ha ocurrido con tres madores.
Espaciados en veinte años, aunque el último sólo he podido aromatizarlo y degustarlo en dos maravillosas veces.
La magia de esos perfumes íntimos que nos aturden y enamoran son un veneno sagrado.
Y también, a azúcar quemada cuando hace un día radiante, soleado rozando el bajo cero.
Son aromas tan inusitadamente particulares como demoledores.