Clímax cerebral

LECTURAS DE LA MENTE
El Occidental
7 de marzo de 2010

 

Juan Gerardo Martínez Borrayo

El cerebro controla las glándulas y los genitales, se encarga de percibir los estímulos visuales que tanto a los hombres como a las mujeres les inicia la excitación . Se ha descubierto que para alcanzar el orgasmo, ciertas áreas cerebrales se deben de activar muchísimo, al mismo tiempo que se deben de apagar otras; además, este proceso no es igual en hombres y en mujeres: en los hombres se apagan los centros de vigilancia, mientras que en las mujeres se vuelven silenciosas las regiones que se encargan del control del pensamiento y las emociones; y en ambos, las regiones ligadas al placer, explotan en fuegos artificiales, sobre todo en los hombres.

PRINCIPIO DE PLACER

Los biólogos identificaron las hormonas , tales como el estrógeno y la progesterona, en las décadas de los 20 y 30 del siglo pasado; pero no es sino hasta la década de los 40 que se iniciaron los primeros estudios sobre la humana.

En 1948, el biólogo Alfred Kinsey, de la Universidad de Indiana, publicó su primer reporte: “La conducta sexual masculina”, seguido en 1953 de su correspondiente a la sexualidad femenina, que fueron sujetos de una enorme controversia, ya que revelaron que las personas estaban envueltos en muchos más variadas de lo que las buenas conciencias querían admitir.

En 1966, el ginecólogo William Masters y la psicóloga Virginia Johnson, describieron por primera vez el ciclo de la respuesta sexual, basados en sus observaciones de 382 mujeres y 312 hombres; este ciclo inicia con la excitación, en la que la sangre llena el pene de los hombres, el clítoris, vulva y vagina de las mujeres; se pasa después a la etapa de la meseta, un momento en que hay una gran fogosidad, pero no se está listo para el orgasmo; y finalmente la etapa de resolución, en la que los tejidos regresan a su estado inicial.

En 1970, la terapeuta sexual y psiquiatra, Helen Singer Kaplan, añadió un elemento crítico a este ciclo: el deseo, etapa que precede a la excitación sexual, pero dado que el deseo es un concepto más bien psicológico, Kaplan enfatizó con ello la importancia de lo mental en nuestra experiencia sexual.

La cereza de este pastel teórico lo puso la ginecóloga Rosemary Basson, de la Universidad de la Columbia Británica, que a finales de los 80 propuso que todas las anteriores etapas realmente formaban un ciclo. Ella indicó que el deseo llevaba a la estimulación genital, modificó la idea de que el orgasmo es el pináculo a donde toda experiencia sexual debe de llegar, asegurando que las personas podían sentirse gratificadas quedándose en cualquiera de las etapas anteriores y que, por lo tanto, el orgasmo no es la meta final a donde necesariamente debe de llegar la actividad sexual.

TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL

De manera tradicional, se dice que los hombres somos más visuales que las mujeres en lo que respecta a nuestro deseo, el cual se activa viendo algo; esto es lo que explicaría por qué en los puestos de periódicos la gran mayoría de las revistas están dirigidas a los hombres. Por otro lado, se dice que las mujeres experimentan un deseo con texturas más emocionales.

Pero, para que vean cómo no siempre el sentido común tiene la razón, en 2007, Meredith Chivers, del Centro de Adicciones y Salud Mental de Toronto, publicó un estudio que mostró que las mujeres se excitan de ver casi cualquier cosa; ella les presentó a hombres y mujeres, hetero y homosexuales, videos de personas masturbándose solas, teniendo relaciones hetero y homosexuales, haciendo ejercicio desnudos y a unos bonobos teniendo también relaciones sexuales.

Mientras que los hombres sólo nos excitamos con lo que específicamente nos gusta: es decir, por ejemplo, si somos heterosexuales, ver a mujeres o parejas teniendo relaciones sexuales. Pues resulta que las mujeres se excitaron viendo a hombres y mujeres, solos o con otros, teniendo o no relaciones sexuales, ya sean homo o heterosexuales y ¡hasta con los chimpancés!

LA FUNCIÓN DEL ORGASMO

Kinsey definió el orgasmo en términos meramente físicos, pero las posteriores definiciones se han vuelto más psicológicas; por ejemplo, Barry R. Komisaruk, Carlos Beyer-Flores (un mexicano de Tlaxcala) y la sexóloga Beverly Whipple, en su libro “La ciencia del orgasmo”, describen el orgasmo como la excitación máxima generada por una suma gradual de respuestas de los receptores sensoriales del cuerpo, junto con complejas fuerzas emocionales y cognitivas.

En términos evolutivos, se ha ligado al orgasmo masculino a la eyaculación y por lo tanto a la reproducción, mientras que el tiene un rol evolutivo menos obvio, pero se especula que tiene que ver con la capacidad de retener físicamente el esperma.

Estas diferencias en la función del orgasmo también se reflejan en los cambios físicos que se suscitan en el momento de alcanzarlo.

El neurocientífico Gert Holstege de la Universidad de Groningen, en Holanda, escaneó el cerebro de los hombres al momento de la eyaculación; se observó que el área conocida como tegmental ventral se activaba muchísimo; debe de tenerse en cuenta que esta área es uno de los componentes principales de un sistema cerebral conocido como sistema de recompensa, por lo tanto debe de ser crítico para la reproducción de la especie el que la eyaculación sea lo más recompensante posible, escribió Holstege en 2003 en la Revista de Neurociencia.

En esa misma investigación, se observó que se activaron áreas relacionadas con la memoria (al parecer la estimulación que estaban recibiendo de parte de su pareja no era suficiente y estaban recordando cosas); y se desactivó un área que tiene que ver con el miedo y la vigilancia: la amígdala.

En lo que tiene que ver con las mujeres, Holstege y su equipo realizaron una nueva investigación en 2006, utilizando la tomografía por emisión de positrones y, para sorpresa de todo el mundo, cuando la mujer alcanza el orgasmo, casi todo su cerebro se desactiva, sobre todo en la corteza orbitofrontal izquierda, la que tiene que ver con el autocontrol, y en la corteza prefrontal dorsomedial, ligada al razonamiento moral y al juicio social.

Dado que hay ocasiones en que las lesiones de la médula espinal deja a las personas sin sensaciones en la parte baja del cuerpo, Komisaruk y sus colegas escanearon el cerebro de cinco mujeres que tenían este tipo de lesiones y las hicieron llegar al orgasmo por medio de un mecanismo que les estimulaba la vagina y el cérvix; ellos encontraron que su orgasmo estaba acompañado de una activación del sistema límbico, la corteza cingulada anterior y la ínsula, el asiento de las emociones en el cerebro.

PÍLDORA DEL PLACER

Desde chico he oído el mito de que existe una pastilla que si se les da a las mujeres se les induce un furor uterino que no se les calma con nada; pero tal pastilla (la jumbina o iumbina) no tiene ese efecto; sólo se usa para sincronizar el ciclo menstrual de las vacas.

Pero las investigaciones sobre el cerebro y el orgasmo abren la posibilidad de encontrar una pastilla así, probablemente va a funcionar activando y desactivando diferentes áreas cerebrales para simular el patrón de actividad como el que se ha descrito líneas arriba.

En la actualidad, se están trabajando con varias sustancias para lograr este efecto, entre ellas está un péptido llamado bremelanotida, medicamento que logra erecciones espontáneas en el pene y aumenta la activación y el deseo sexual en las mujeres.

Quién sabe que nos depare el futuro, pero en esta área yo ya quisiera que nos alcanzara el destino.

Comentarios y sugerencias favor de dirigirlos a la redacción de EL OCCIDENTAL, a la siguiente cuenta de correo electrónico: jugemab1@yahoo.com.mx, o en http://www.myspace.com/juangerardomartinez, donde están muchos de los artículos escritos en esta columna.

* Departamento de Neurociencias, Universidad de Guadalajara.

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