Hace unos años, cuando trabajaba en una emisora de radio barcelonesa, tenía un par de compañeros con gran sobrepeso que, debido a los caprichos de Cupido, terminaron compartiendo cama y vida, amén del consabido puesto de trabajo. Gracias a la naturaleza expansiva y un tanto exhibicionista de la parte femenina del dúo, el resto de la redacción conocíamos al dedillo las aventuras y desventuras sexuales de la oronda pareja, ya que ella se encargaba a contar a voz en grito hasta el más ínfimo (e íntimo) detalle. Todavía recuerdo, como si fuera hoy (parezco el abuelito del anuncio de los caramelos), el día en que, durante una discusión entre compañeros sobre la importancia del tamaño del miembro viril, ella espetó: “Pues X (pitido) la tiene muy pequeña y tenemos que hacerlo de lado porque si no, se le sale”. Todo un titular que nos dejó a todos, especialmente a X, cariacontecidos y sobrecogidos. Sí, por primera vez tomamos todos conciencia de lo complicados que pueden resultar unos kilos de más (bueno, muchos) para ciertas posturas amatorias. Por no hablar de los inconvenientes que supone tener una novia bocazas…
Hablamos de algo que puede parecer una tontería, si no te pasa a ti, claro. Sin ánimo de abundar en la loa a la anorexia continua en la que vivimos en nuestra sociedad, lo cierto es que estar gordo es una faena, pero no supone el fin de la vida sexual de una persona. Para el sexo, es más perjudicial la ansiedad que la adiposidad. Lo digo con conocimiento de causa. Aunque nunca he tenido problemas serios de obesidad, mi tendencia a la redondez de líneas me provocó ciertos momentos de tristeza y pesar, especialmente durante la adolescencia. Hasta que pude comprobar en mis propias carnes que todos tenemos nuestro público. Y de qué manera. Me costó bastante, pero ya hace años que asumí que siempre seré una albondiguita peluda. Aunque intento controlarme en las comidas, hacer ejercicio y todo ese rollo, siempre llevaré un gordo dentro que lucha por salir a la superficie a la que me descuido un poquito. Pero nos llevamos bien el uno con el otro.
Para muchas personas con exceso de peso, el sexo supone un problema. Miedo al rechazo, a no cumplir con las expectativas de la pareja, a no gustar físicamente… Y mira que hay mucha gente que se siente atraída por los gordos y las gordas. No hay más que ver la cantidad de páginas web de alto voltaje sexual con este leit-motiv. Sin embargo, los sentimientos negativos que sienten hacia sí mismas las personas gordas pueden influir poderosamente en su libido, llevándoles a incorporar a su vida comportamientos anti-eróticos, llegando incluso a ocultar su cuerpo bajo la ropa o en la oscuridad mientras tienen relaciones sexuales, o evitando actuar de una manera sexualmente explícita por temor a parecer grotescas o ridículas. Este tipo de problemas afectan por igual a hombres y mujeres, llevándoles en muchos casos a abandonar cualquier tipo de interés por el sexo con otras personas. Que conste que estamos hablando de personas con problemas de obesidad real, no barriguitas cerveceras o unos simples kilitos de más (ya sean reales o imaginarios).
Las personas solteras obesas tienen menos oportunidades para encontrar parejas sexuales que les encuentren atractivas debido a los prejuicios culturales negativos. Más que falta de deseo sexual, su mayor problema radica en la falta de oportunidades. Sin embargo, a pesar de tan negro panorama, lo cierto es que las personas obesas también pueden tener una vida sexual feliz. En un estudio realizado por la revista norteamericana “Dimensions”, han podido constatar que algunas personas obesas son extremadamente sexuales y son mucho más activas que las que no tienen problemas de sobrepeso. Cuando coinciden dos personas con similares características morfológicas, la verdad es que suelen ser muy imaginativas e ingeniosas a la hora de encontrar posturas sexuales cómodas, consiguiendo minimizar los posibles obstáculos ocasionados por su gran tamaño. Me remito a los protagonistas de la anécdota referida en el inicio de este “post” para constatar este hecho.
En el mismo reportaje al que hacemos referencia se indican una serie de posturas sexuales que suelen ser utilizadas de manera recurrente por las personas obesas a la hora de tener relaciones sexuales. Hay que tener en cuenta que cuando se trata de dos personas obesas, la clásica postura del misionero suele ser prácticamente imposible de realizar porque las barrigas impiden que los órganos sexuales entren en contacto como es debido. El Kamasutra para personas obesas recomienda el uso de cojines para levantar la pelvis, en el caso de ellas, o recurrir a otras posiciones más relajadas como “la cuchara” (ver encabezamiento del “post”) o la del perrito. Si realmente estáis interesados en esta cuestión, os recomiendo que le echéis un vistazo a este listado de posturas. El saber no ocupa lugar, y nunca mejor dicho.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/camaredonda/2010/03/10/kamasutra-para-gordos.html









Claro, 90-60-90 para nosotras y menos de 50kg. Da lo mismo lo que midas, debes tener una talla máxima de 38.
Los estereotipos son agobiantes, de un extremismo a veces que, ya todos sabemos cómo termina.
Tengo, he tenido y espero seguir teniendo clientes obesos, hombres no gorditos, si no verdaderamente obesos, a quienes les sobran no menos de 30kg. y puedo aseguraros que su potencia y su deseo no es menor porque sean gordos. Parece que, por tener kilos de más, debas perder líbido. Para nada. Son personas que tienen las mismas apetencias que cualquiera de nosotros, los que cumplimos los estereotipos. ¿Es de lógica no?
La diferencia radica en cómo los miramos nosotros y no en cómo son los ellos.