La ruleta rusa del sida

  • Las fiestas en las que hombres tienen sin condón en busca del VIH ganan adeptos
  • El movimiento surgió en EEUU a finales de lo 90 y ha florecido gracias a internet
  • En España se organizan esporádicamente, pero es algo muy minoritario
  • La excitación comienza antes de traspasar la puerta, mucho antes de contemplar los cuerpos desnudos y entablar contacto físico. Desde el momento en que a través de internet se fija un día y un lugar, los nervios están a flor de piel. Los convocados imaginan una y otra vez cómo se desarrollará la particular orgía a la que van a asistir, quién será quién en la ruleta rusa . Una peculiar reunión en la que uno de los participantes tiene un arma que excita al resto. No es una pistola. Es la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El fenómeno surgió en Estados Unidos en la década de los 90, justo cuando apareció el cóctel de fármacos antirretrovirales capaz de mantener la enfermedad a raya. Ahora, estas fiestas empiezan a ganar adeptos en España.

    “Por favor, señor, conviérteme”, “quiero ese regalo”, “¿alguien me pasa el bicho este fin de semana?”. Son algunos de los comentarios que dejan en los foros de ‘bareback’ -término anglosajón y ecuestre que se utiliza para catalogar el sexo anal sin condón- los hombres que quieren infectarse, que sienten placer sabiendo que otro les puede pasar el VIH. Se les conoce como ‘bug chasers’ -cazadores del virus-, mientras que el seropositivo que participa en estas fiestas es el ‘gift giver’ -el que ofrece ‘el regalo’, pues así es como consideran la infección.

    Doug es uno de estos cazadores, la prueba de que el movimiento es real. Con 19 años se mudó a San Francisco y empezó a sentirse muy solo. “Estaba desesperado por encontrar amigos gays, algo que intenté de veras, pero me resultaba muy difícil”. Entonces pensó que si se infectaba con el VIH dejaría de estar aislado porque “entraría a formar parte de una comunidad, de un grupo”. Por eso se hizo ‘bug chaser’, como reconoce a cara descubierta ante la cámara de Louise Hogarth, directora del documental ‘The Gift’, que aborda el tema. Su aislamiento fue el motivo principal, pero el hecho de no preocuparse por los preservativos ni por el estado serológico de los compañeros de cama “abría mucho el abanico de posibilidades y lo hacía todo más excitante”.

    “Me educaron en la cultura del sexo seguro y la abstinencia. Pero luego las circunstancias cambiaron muy rápido, igual que mis conceptos. Me metí en una misión suicida que me gustaba“, admite Doug. Su actividad sexual era tal, que pronto consiguió su obejtivo. Se infectó con el VIH. Pero descubrió que ‘el regalo’ que esperaba estaba envenenado. Su sistema inmunológico se debilitó mucho, adelgazó y sufrió una grave neumonía. “Pagaré las consecuencias y me arrepentiré toda mi vida“, confiesa.

    Los motivos

    Los encuentros entre ‘bug chasers’ y ‘gift givers’ se concretan a través de chats en los que todos escriben bajo seudónimos y se organizan en clubs o casas particulares, siempre de forma clandestina. Acuden entre 10 y 30 hombres, pero ninguno habla de ello. El movimiento es tan oculto y tan secreto que algunos expertos hasta dudan de su existencia. “Hay pacientes que me han comentado en la consulta algo sobre estas reuniones, pero siempre de pasada, y nunca he sabido si era cierto o una leyenda urbana”, reconoce el doctor Federico Pulido, de la Unidad de VIH del Hospital 12 de Octubre de Madrid. “Es un tema complejo porque entre los miles de hombres que hacen sexo con hombres y que visitan nuestro centro ninguno reconoce participar en este tipo de actividades, pero sí sabemos que se hace”, confirma a ELMUNDO.es Ferrán Pujol, presidente de la ONG Hispanosida.

    Para Louise, que logró la confesión de Doug, “el problema es que estos hombres no perciben el sida como una enfermedad mala. Reflejan que los esfuerzos de prevención han fallado”, afirma.

    [foto de la noticia]

    Las autoridades sanitarias conocen desde hace tiempo la existencia de esta peligrosa práctica. Los propios Centros de Prevención y Control de Enfermedades de EEUU (CDC) han realizado investigaciones sobre el asunto, tratando de averiguar por qué alguien quiere tener un virus que mata a dos millones de personas cada año y cuya incidencia se ha duplicado en los hombres que mantienen relaciones homosexuales, especialmente en los más jóvenes. Gordon Mansergh, de la división de VIH de los CDC y autor de uno de estos estudios, concluye tras encuestar a 554 hombres gays y bisexuales en San Francisco que “la principal razón para tener sexo sin protección y sin preocupación, es que experimentan mucho más placer y se sienten emocionalmente más conectados con la pareja, sin barreras de ningún tipo”.

    Pero no es sólo eso. Algunos participantes en las fiestas de la ruleta rusa lo hacen por dejar de sentirse aislados y diferentes e, incluso, porque han vivido tanto tiempo con miedo a infectarse que si, finalmente contraen el virus, se sienten aliviados.

    Para Joaquim Roqueta, coordinador de Cesida, “las personas que realizan estas prácticas pertenecen sobre todo a dos grupos. Aquellos mayores de 40 años que llevan mucho tiempo cuidándose, protegiéndose en sus relaciones, que han sobrevivido a lo peor de la epidemia y que ahora están cansados y deciden arriesgarse y vivir plenamente su sin importarles las consecuencias. Y el otro grupo es el de los muy jóvenes, que no vivieron la época en la que el sida hacía estragos y mataba a los amigos y ven la infección sin dramatismo, para ellos la enfermedad es como una diabetes”.

    La situación en España

    Las orgías de sexo a pelo entre seropositivos y seronegativos llevan dos décadas propagándose de forma soterrada por Estados Unidos. “En España, afortunadamente la situación no es similar. Aquí, aunque no hay datos oficiales, sabemos que se organizan de vez en cuando, pero no es algo alarmante“, explica Tomás Hernández, secretario del Plan Nacional sobre Sida del Ministerio de Sanidad y Política Social.

    Hernández reconoce que “internet abre una posibilidad enorme a la hora de tener y que estos fenómenos difícilmente existirían sin la red“. Por eso quieren llevar sus campañas de prevención al ciberespacio. “Estamos desarrollando un proyecto pionero en colaboración con varios países para vigilar las conductas sexuales que a través de internet y en los próximos meses tendremos los primeros datos”, adelanta a ELMUNDO.es.

    La mayoría de la comunidad gay rechaza y desaprueba estas conductas. Es el caso de Toni Aguilar, un joven con VIH que considera que “quienes participan en estas fiestas no perciben las consecuencias de sus actos. El morbo está basado en que exista el riesgo y está muy extendida la idea, sobre todo en la franja de edad de 18 a 24 años, de que en caso de ser infectados no pasa nada, que tomar una pastilla al día tampoco es tanta molestia. Pero los afectados sabemos que ésa no es la realidad”, indica. Aún así, a pesar de las críticas que reciben los ‘bug chasers’, Toni está convencido de que se trata de “prácticas que han existido, existen y existirán”.

    Para Jesús J. de la Gándara, psiquiatra y jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, existen “personalidades adictas al riesgo, tanto en el sexo como en otros ámbitos, ya sea deportivo, en las inversiones en bolsa, etc. y es posible que quienes se excitan al jugar con el virus tengan pertenezcan a este grupo”, señala.

    Pero mientras los expertos debaten qué mueve a los cazadores de virus, mientras las autoridades recopilan datos y piensan en cómo frenar esta práctica, los ‘bug chasers’ que se esconden en el anonimato que permite internet seguirán chateando para organizar su próxima ruleta rusa.

    http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/03/05/hepatitissida/1267808100.html

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    3 Responses to La ruleta rusa del sida

    1. PaulaVip says:

      Cuando una cree que el ser humano ya no puede sorprenderle para mal, va y lee esto.
      Me ha invadido una tristeza profunda, al intentar comprender qué debe pasar por la mente de una persona para querer morir de una manera tan horrorosa, padeciendo lo indecible, incluso por un simple catarro.
      Doug, con diecinueve años, se siente tan profundamente solo, tan deprimido por la falta de amigos y por no pertenecer a grupo social alguno que, le pide a Dios, que le mande como “regalo”, el virus del SIDA.

      Leí esta noticia ayer, la colgué esta tarde, pero aún así, no me sentía con fuerzas para comentarla. He tenido que digerirla, releerla, intentar comprenderla; he tratado poner en marcha la empatía, para ponerme en el lugar de una persona que, siente ese tipo de inclinaciones, cuando apenas ha comenzado a vivir.

      Me sale mi vena más conservadora supongo, mi profundo apego por la vida, mi sonrisa por la calidez y el brillo de un simple rayo de sol, y no puedo comprender por qué, alguien querría morir en unas condiciones tan sumamente duras.
      Comprendo los instintos suicidas que pueden surgir en determinadas situaciones, seguramente no compartiría algunos de los argumentos esgrimidos, (pero eso es irrelevante), aunque sí los respeto. Todos merecemos que se consideren nuestros sentimientos y estados de ánimo.
      Pero, jugarse la vida de ese modo, me parece increíble.

      Tal como dice el Doctor Pulido, espero y deseo que todo sea una leyenda urbana, fruto de la imaginación exacerbada de alguien capaz de crear un bulo de tal magnitud y hacerlo correr.

      Mis mayores respetos a todas aquellas personas que, en una situación extrema, puedan llegar a pensar en un suicidio. La vida es jodida, tiene menos de bella que una constrictor a régimen, pero aún así, lo poquito que tiene de bella, lo compensa todo.
      Encontrar la salida del laberinto, es la clave. Chocarse siempre contra un muro es una putada, es desesperante, la sensación de desangelo es enorme y a menudo, sientes que es el final.
      Tender la mano a la persona adecuada; puede ser, suele ser, la manera de acabar encontrando la salida. No podemos solos, pero siempre hay alguien a nuestro lado que se preocupa por nosotros, nos quiere y nos ayuda. Y con la mente preclara porque, ya se sabe que los árboles no permiten ver el bosque, habitualmente nos proporcionan la solución, o soluciones a aquellos temas en los que nos hemos atascado y que no nos permiten avanzar.

      Paula

    2. El quinto cielo says:

      El faro, no hace que avances sino que te situes.

      ¿Quién en su vida alguna vez no se sintió perdido en la frondosidad de la marejada, ahogado en un problema que inevitablemente sabía que iba a cambiar su vida, en un dolor extremo que lo sumía en la más profunda desesperación, en una enfermedad dura propia o de un ser querido creyendo que el mundo, nuestro universo, no acabaría por extinguirse?

      Todos. Pero siempre hay un faro, siempre una pequeña luz en la ontananza no que nos guía, ni reclama, sino que nos dice que no estamos solos, que no debemos ni hundirnos, ni huirnos, ni escaparnos ni llegados el caso, venirnos abajo.

      Siempre existe una pequeña alma o un gran corazón que nos siente cerca, dentro y si el caso fuere que olvidaramos su existencia, el faro siempre está ahí para recordarnos lo maravillosos que somos para alguien que probablemente somos su propio y más íntimo faro.

      Supongo, que aquellos que juegan con su muerte en vida, son como aquellos pájaros enjaulados que nunca cantan por alegría, sino con rencor y rabia, y cundo el dolor en vida es desmesurado y tan y tan profundo sólo desean fenecer para calmar tan salvaje y arraigado dolor. Abrir la verja y el canto es un horror, morir de pena en la jaula o malvivir ahí fuera, donde la soledad te consume.

      Imagino, querida Paula, que la gran pandemia de nuestras generaciones son el aislamiento y la solitud, la incomprensión y el que no te escuchen, estamos rodeados de un mundo etéreo y superficial, tenemos de todo y no tenemos nada, existen tantos maravillosos seres que se sienten pérdidos en el gran océano de la sordera, de la ceguera.

      Poseer una mano, una mirada, una sonrisa es el bien más preciado, la pena es que existen tantas almas errantes que pocas veces encontrarán a alguien que sin ningún interés, les tiendan, les contemplen, les pacifiquen para consuelo de su pesar.

      El aislamiento suele comenzar cuando de chicos nos retrotraemos de lo que no queremos ver, de lo que no queremos sentir, de lo que no esperamos y ahí, en ese punto crucial de una vida en la infancia, en la adolescencia se forjan los valores, las aptitudes y los sentimientos que crecerán y nos harán medianamente personas, o por contra convertirán a lo más bello que la naturaleza creó en un auténtico faro roto, sin luz, apagado y perdido,

      Poseer una mano que serene y tienda, sentirla y darla es el primer paso, para que todas esas almas sin apego a la vida comprendan que son importantes y necesarias para otras, que probablemente algún día necesiten de la suya.

      Y es que no existe nadie, nadie que pueda soportar el peso del mundo viviendo en el suyo propio, sin compartirlo, llorarlo, mimarlo, lucharlo y sobretodo prostrarlo y entreabrirlo.

      Un cariñoso abrazo.

    3. PaulaVip says:

      Faros y manos. Lo mismo da que, da lo mismo; por lo menos, en este caso.

      Hay mucha gente que no quiere o no sabe o no precisa comunicarse con los demás.
      Pero aún así, siempre se tiene a alguien con quien se crea un vínculo especial. Siempre hay una persona que es tu faro, aunque sea en un momento puntual.
      Hubo un momento muy duro en mi vida, en la que yo estaba en ese laberinto, dando vueltas y más vueltas, desesperada por salir, chocando contra muros de piedra una y otra y otra vez. Y siempre, estaba en los mismos puntos, ¿izquierda, derecha o frente?. ¿qué decisión tomaba en cada cruce?. Si al final todas me dejaban en otro atolladero…¡qué más da!
      La persona de la que menos lo esperaba, ésa que siempre escucha, mira y calla. Que nunca se mete en tus asuntos, y que no opina, ni cuando le preguntas expresamente.
      Ésa, fue la que me tendió su mano y me dio el plano necesario, tan necesario, para poder salir del laberinto. No me la tendió para que le siguiera, si no que, se limitó a poner en mi mano las herramientas necesarias para que yo sola recorriese el camino.

      Creo que, esa es la manera de poder salir de situaciones complicadas.
      Me sorprende, por ejemplo, que alguien se sienta excluído, hoy en día, por ser gay.
      Y que, por ese motivo, se recluya en sí mismo, y quiera formar parte de un colectivo, aunque sea a costa de su propia salud, sólo por pertenecer a algo, a un grupo.

      Afortunadamente, las almas errantes (centrándonos en el tema de los transtornos que puedan afectar a los hombres que, supuestamente juegan a esta particular ruleta rusa) ya no tienen que esperar a que alguien de su entorno les tienda su mano.

      Existen asociaciones, teléfonos donde se te atiende de manera gratuita y anónima, y puedes decidir si dar la cara o mantenerte en el sofá de tu salón, pero siempre hay quién te escucha y puede guiarte. La seguridad en uno mismo es importante, y a menudo, la perdemos. Somos humanos, es natural.

      Un abrazo

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