Las prostitutas rumanas y búlgaras critican los robos a clientes y marcan distancia con las africanas

LA ÉLITE DE LAS CALLEJERAS

El grupo prohíbe trabajar por menos de 50 euros

DAVID PLACER
BARCELONA

Son la élite de la prostitución en la Rambla o, al menos, así se sienten. Critican la forma de trabajar de sus compañeras africanas, a quienes acusan de robar, hacer escándalo público y tener en plena vía pública, algo que ellas –aseguran– nunca harían porque están acostumbradas a hacerlo en habitaciones privadas y con discreción. «Solo lo hacía en la calle cuando estaba embarazada, porque no podía subir las escaleras para ir a la habitación», explica Karolina (nombre ficticio), una rumana de 21 años.
Karolina dice no mantener ningún tipo de relación con las africanas ni con las que tienen «novios o amigos raros». Su presencia –dice– casi siempre está acompañada de conflictos en la calle, una situación que confirman los vendedores ambulantes de cerveza. «He visto cómo se han juntado entre todas para pegarle a un turista con sus cinturones y casi siempre los dejan muy mal», explica.
Además de la violencia, para sobrevivir en el mundo hostil de la prostitución, las mujeres también se han visto obligadas a regular su propio mercado. Las rumanas han decidido impedir la llegada de mujeres que cobren menos de 50 euros. Les parece una agresión económica inaceptable. «Si llega una que ofrece un completo por 30 euros, la echamos entre todas y la obligamos a irse al barrio chino. Aquí todas cobramos lo mismo, 50 euros para nosotras y 10 euros para la habitación», agrega Karolina.
El pacto de tarifas suele mantener una buena convivencia. Y casi todas encuentran clientes, pese la fuerte presencia policial. La madrugada de ayer, a las tres, todas habían conseguido clientes, excepto una mujer embarazada. «No hay muchos clientes y no he tenido suerte», explicó.
Aunque niegan estar a las órdenes de un y dicen trabajar por su cuenta, todas pagan una comisión por mantener relaciones en las habitaciones.
La Guardia Urbana sostiene que el 90% de las prostitutas rumanas de Barcelona están controladas por redes de explotación . En todo caso, las rumanas trabajan muchas horas. Llegan a las ocho de la noche y allí se quedan hasta que abren las discotecas. Allí van de fiesta como cualquier joven de su edad a intentar conocer «buenos chicos».

Un trabajo en Madrid
Las rumanas se describen como más discretas, enemigas de los gritos y de cualquier actitud que pueda llamar la atención de la policía. También se sienten privilegiadas por ser europeas, una condición que las libra de pasar una noche en el centro para inmigrantes de La Verneda, donde se identifica a la extranjeras y se decide su expulsión del país.
Como casi todas sus colegas, Karolina dice que está a punto de dejar la prostitución. Quiere abandonar esta actividad en septiembre, cuando planifica comprarse un piso y comenzar a trabajar como traductora. También mantiene que un amigo policía ya le ha ofrecido un trabajo en una comisaría de Madrid. Ella confía en él. Ella confía en cambiar de oficio, repite.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idtipusrecurs_PK=7&idnoticia_PK=699255

L’ELIT DE LA CANTONADA

Les romaneses i búlgares critiquen els robatoris a clients i marquen distància amb les africanes

  1. • El grup prohibeix treballar per menys de 50 euros
DAVID PLACER
BARCELONA

Són l’elit de la prostitució a la Rambla o, almenys, així se senten. Critiquen la forma de treballar de les seves companyes africanes, a les quals acusen de robar, fer escàndol públic i practicar el sexe en plena via pública, cosa que elles –asseguren– no farien mai perquè estan acostumades a fer-ho en habitacions privades i amb discreció. «Només ho feia al carrer quan estava embarassada, perquè no podia pujar les escales per anar a l’habitació», explica Karolina (nom fictici), una romanesa de 21 anys.
Karolina diu que no manté cap tipus de relació amb les prostitutes africanes ni amb les que tenen «nòvios o amics estranys». La seva presència –diu– gairebé sempre està acompanyada de conflictes al carrer, una situació que confirmen els venedors ambulants de cervesa. «He vist com s’han ajuntat entre totes per pegar a un turista amb els seus cinturons i gairebé sempre els deixen molt malament», explica.
A més a més de la violència, per sobreviure en el món hostil de la prostitució, les dones també s’han vist obligades a regular el seu propi mercat. Les romaneses han decidit impedir l’arribada de dones que cobrin menys de 50 euros. Els sembla una agressió econòmica inacceptable. «Si arriba una noia que ofereix un complet per 30 euros, la fem fora entre totes i l’obliguem a anar-se’n al Barri Xino. Aquí totes cobrem el mateix, 50 euros per a nosaltres i 10 euros per a l’habitació», afegeix Karolina.
El pacte de tarifes sol mantenir una bona convivència. I gairebé totes troben clients, malgrat la forta presència policial. Ahir a la matinada, a les tres, totes havien aconseguit clients, excepte una dona embarassada. «No hi ha gaires clients i no he tingut sort», va explicar.
Encara que neguen estar a les ordres d’un proxeneta i diuen que treballen pel seu compte, totes paguen una comissió per mantenir relacions a les habitacions.
La Guàrdia Urbana sosté que el 90% de les prostitutes romaneses de Barcelona estan controlades per xarxes d’explotació sexual. En tot cas, les romaneses treballen moltes hores. Arriben a les vuit del vespre i s’hi queden fins que obren les discoteques. Allà van de festa com qualsevol jove de la seva edat a intentar conèixer «bons nois».

Una feina a Madrid
Les romaneses es descriuen com a més discretes, enemigues dels crits i de qualsevol actitud que pugui cridar l’atenció de la policia. També se senten privilegiades per ser europees, una condició que els evita passar una nit al centre per a immigrants de la Verneda, on s’identifica les estrangeres i es decideix la seva expulsió del país.
Com gairebé totes les seves col·legues, Karolina diu que està a punt de deixar la prostitució. Vol abandonar aquesta activitat al setembre, quan planifica comprar-se un pis i començar a treballar com a traductora. També manté que un amic policia ja li ha ofert una feina en una comissaria de Madrid. Ella confia en ell. Ella confia a canviar d’ofici, repeteix.

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2 respuestas a Las prostitutas rumanas y búlgaras critican los robos a clientes y marcan distancia con las africanas

  1. Manolo dijo:

    Que se sienten diferentes a las otras putas (africanas o no) tenia entendido que una puta es una puta en cualquier pais del mundo y de la raza que sea, ya puede ser Rumana, gitana, de Ghana, o de colombia…. ja,ja,ja por cobrar veinte euros mas no s¡dejaras de serlo… saludos a todas las trabajadoras del sexo….

  2. Cliente X dijo:

    Trabajan de manera diferente, es cierto que las africanas tiran los precios y tb que son mucho más solidarias: a la hora de pelear hacen piña, están muy unidas.

    Pero la info que dá este artículo está muy sesgada. Eso de que pagan una “comisión” por las habitaciones es media verdad. Pagan la habitación, cierto, como cualquiera. No una comisión. Si esto se quiere evitar el ayto podría habilitar habitaciones gratis.

    De todos modos esto no es incompatible con lo que dice la Guardia Urbana de que el 90% de ellas están controladas por redes de explotación sexual. Ellos lo saben muy bien… el 10% restante son las que hacen “prostitución deambulatoria” y no pagan la tasa por un sitio, o son travestis o españolas que tampoco.

    No sé cómo serán las cosas en Barna, pero se me hace raro que en la calle pidan 50. A los turistas que les ven la cara y tal pueden pedirles 30, o a uno que vean deseperado quizá sí esos 50 pero la tarifa estándar de calle es 20 mas habitación (sí, esa “comisión”). Y tampoco es del todo fija, hay algunas que bajan 5 pavos si las va mal o los suben si están muy solicitadas.

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