Me encanta ver pijas. Por la tele. Últimamente me estoy poniendo las botas gracias al aluvión de programas que consisten en seguir las andanzas de todo tipo de personajes peculiares, especialmente si están forrados (o lo hacen ver). Una mina para las productoras, porque se ahorran una pasta en sueldos endosándole al “plumilla”, cámara, sonido, trípode y hasta los gastos más simples, como el ticket del metro, la verdad sea dicha. “Madrileños por el mundo” (jo, qué bien les ha ido a todos, no sé cómo la M-40 no está más descongestionada), “Pijos sin fronteras”, “Visas Oro echando humo” o “Deprímete en tu choza y mira qué chula es mi casa”, son algunos ejemplos reales o imaginarios de esta moda catódica. También tenemos la alternativa en plan lumpen, rollo “Las Barranquillas, parque temático”, o la constatación de cómo afectan las drogas al habla y al comportamiento de muchos jóvenes. Sin embargo, yo, con lo que me lo paso pipa y me río mucho, es con los reportajes del primer grupo. Más que con José Mota, la verdad. Aunque creamos que esta moda televisiva es producto de la imaginación de un sesudo creativo de la televisión (o de un productor sin demasiados escrúpulos), lo cierto es que por el extranjero ya hace años que la fórmula funciona a las mil maravillas. La MTV y otros canales pertenecientes al mismo grupo se han dedicado en cuerpo y alma desde hace tiempo a descubrir para el gran público cómo viven las estrellas más petardas del firmamento pop, en qué se gastan los dineros los raperos más dicharacheros o cómo son las ricas herederas de algunas familias pudientes. En este sentido, en mi vida hay un antes y un después al reportaje sobre la hija del multimillonario diseñador Tommy Hilfiger, que pude disfrutar por azares de la vida una tarde de esas tontas que no echan nada por la tele normal. En el reportaje se podía ver a la heredera del imperio de ropa casual, de sólo 15 años, acudir en limusina a su cita diaria con su estheticienne mientras afirmaba en plan profundo y mirando por la ventanilla de su vehículo que la ropa “debería ser gratis para todo el mundo”. No me digáis que no es bueno, viniendo de quien viene… El caso es que el centro de estética para niñatas ricas de Manhattan al que acude diariamente la pequeña Hilfiger ya os podéis imaginar cómo es. Un lujo asiático en el que pre-adolescentes se someten a tratamientos de belleza absurdos, sobre todo para la edad que tienen. Así tienen el cutis a los cuatro días, estropeado y grasiento como un ninot fallero.
Estoy seguro que la hija de Tommy, que ya debe ser una mocita rondando la veintena y enganchada a todo tipo de antidepresivos, será una clienta genial para este centro de spa que abrió recientemente sus puertas en la ciudad de Nueva York y que pasa por ser el primer centro específicamente dedicado a la gimnasia vaginal. No lo digo por nada. Al fin y al cabo, hacer ejercicios Kegel y ejercitar los músculos internos de la vagina es algo que cualquiera puede hacer en su casita, sin tantas alharacas. Sin embargo, no nos engañemos. Lo bien que tienes que quedar con tus amigas y soltarles, en plan madre coraje, que antes de mandar a la nanny a recoger a los niños al cole tienes cita con tu profe de gimnasia vaginal.
El local se llama “The perfect phit” y en ningún lado de su página web vienen indicadas sus tarifas. O sea, que seguro que vale un pastizal. En ciertos escaparates pasa lo mismo.
La gracia del asunto radica en que se trata de un centro dedicado al cuidado y fortalecimiento del suelo pélvico y las paredes vaginales. Ellos hablan del “Kegel Fitness”, que es una forma muy chachi de referirse a los ejercicios Kegel, algo que parece muy novedoso pero ya tiene unos añitos. El ginecólogo alemán Arnold Kegel ideó en la década de los 50 del siglo pasado una serie de ejercicios con la finalidad de crear un método para controlar la incontinencia urinaria que sufrían muchas mujeres después del parto. De manera colateral y consecuentemente, el fortalecimiento del músculo PC (pubo-coccígeo) lleva asociados otros beneficios de índole sexual, para hombres y mujeres. En el caso de ellas, el hecho de reforzar las paredes vaginales permite pequeños, pero efectistas, trucos durante el coito, que suelen ser muy valorados o celebrados por la pareja, como es el hecho de “atrapar” el pene en el interior de la vagina. Dicha operación de aprisionamiento puntual también puede realizarse durante el coito anal, generando comentarios elogiosos del tipo “¿pero qué tienes ahí dentro?”
En el caso de los hombres, los ejercicios de Kegel se consideran una de las formas más efectivas de solucionar algunos problemas de eyaculación precoz, ya que entrenando el músculo PC podemos reconocer la llegada del punto de “no-retorno” y de esta manera conseguir controlar la eyaculación. Como resultado final, y para los amantes del circo, las eyaculaciones suelen ser más explosivas e intensas.
¿Cómo se realizan estos ejercicios de Kegel? Pues de una manera sencilla y, sobre todo, discreta. En primer lugar, hay que localizar el dichoso músculo PC. Se le puede identificar fácilmente cuando hacemos fuerza para detener el flujo de la orina. Una vez situados geográficamente, y sin necesidad de miccionar, se recomienda realizar 30 contracciones (de cinco segundos cada una), tres veces al día durante unas tres semanas. Lo bueno de esta gimnasia pélvica es que no hace falta vestirse con un maillot de colores fosforito ni apuntarse a ningún gimnasio. Se puede realizar de pie, en el metro o el autobús, o sentado, en el trabajo o en un atasco circulatorio. Nadie se va a enterar, por muy expresivo que se sea cuando se hace algún esfuerzo. Ahora bien, si tenéis pasta de sobra y os apetece escaparos a Nueva York esta próxima Semana Santa, ya sabéis. Lo mismo os encontráis a alguna famosa.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/camaredonda/2010/03/17/un-spa-para-ejercitar-la-vagina.html








