Cunnilingus, los más grandes errores

Se dice que las lesbianas son las maestras del cunnilingus porque no hay como otra mujer para saber lo ellas quieren. Bueno… ¿quién dice que los hombres no pueden hacer un buen cunnilingus?

Por lo general los hombres más se enfocan en el coito vaginal para provocar orgasmos en su pareja, pero el sexo oral es una experiencia fabulosa que no deben dejar pasar. Puede ser que a la primera no sea tan placentera, pero con la práctica vas a ver que ambos lo van a disfrutar.

Cunnilingus

Para que empieces con buen pie,  te digo que aconsejo evitar lo siguiente:

Lamer el clítoris como loco. Con esto no vas a hacer que toque el cielo de frente. Tómate tu tiempo para el juego previo, recorre con tus labios y tu lengua otras partes más alejadas de su cuerpo, llega a su zona genital, y deja el clítoris para el postre.

Ahora, no hagas de esto una rutina porque las rutinas se vuelven predecibles y por tanto, aburridas. Varía un poco tus movimientos y caricias. Recurre incluso a los juguetes sexuales o masajes eróticos para crear expectativa.

Y por último, tómate las cosas con calma.  Aunque los rapiditos pueden ser muy ricos, el hombre que se toma tu tiempo para explorar el cuerpo de su mujer será recompensado son efusivas y sinceras muestras de placer.

http://www.sexologia.net/03-04-2010/practicas-sexuales/sexo-oral-practicas-sexuales/cunnilingus-los-mas-grandes-errores

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Abecedario sexual

Hay que reconocerlo, este abecedario sexual es gracioso, ¿no? Además, ¿no te ha dado alguna que otra idea? Aunque claro, también es cierto que no es lo mismo verlo que hacerlo…

Pero ¿te animas a hacer las letras de tu nombre con tu pareja? Desde luego, las posturas son de lo más peculiares. Claro, que para algunas letras hacen falta más de dos… A lo mejor en algún caso prefieres introducir alguna que otra variante.

http://www.desexualidad.com/abecedario-sexual/

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Google Street View muestra a las prostitutas de las carreteras

  • La administración pide que se retiren por que ‘mancha la imagen del territorio’
  • Muchos de los rostros aparecen difuminados, pero algunos son identificables
  • El colectivo Hetaira pone en marcha una campaña para que Google las elimine
  • Las imágenes de prostitutas en la ribera de las carreteras gerundenses son habituales en vías como la N-II o la C-63. Ahora, Internet también las reproduce. El visor de imágenes del buscador Google, ‘Street View’, enseña múltiples instantáneas de mujeres ofreciendo servicios sexuales a pie de carreteras de la demarcación. Una de las comarcas donde se ven más es el Alt Empordà.

    La presidenta de su Consejo Comarcal, Consol Cantenys, reclama que se retiren porque eso «mancha la imagen del territorio» y es «ofensivo» para las chicas. El caso de las comarcas gerundenses, sin embargo, es sólo un ejemplo de lo que el software de Google ha captado por todo el territorio estatal.

    Google Street View es una función que incorpora el buscador más famoso de Internet a la hora de moverse por el territorio. Las imágenes que ofrece -tomadas con cámaras especiales desde un coche- permiten recorrer ciudades y carreteras interurbanas desde un ángulo de 360º, como si se estuviera caminando o circulando en vehículo. Incluso, desde un punto en concreto, se puede hacer un zoom para ver con detalle señales de tráfico o letreros indicadores.

    Pero esta herramienta, útil para orientarse, también se convierte en un arma de doble filo. Y es que, en ocasiones, las imágenes captadas han sido motivo de polémica porque han trascendido los límites de la privacidad. Por eso, sus responsables han recibido numerosas solicitudes para borrar las caras de la gente que aparece o, incluso, los números de las calles.

    En las carreteras gerundenses, una de las imágenes que suele ser recurrente son las prostitutas que ofrecen servicios sexuales a los conductores. Y las cámaras del Google Street View, tomando fotografías de la red viaria, también las han captado. Si mediante esta herramienta se recorren diversos kilómetros de la N-II al Alt Empordà o bien se circula virtualmente por la C-63 (en la comarca de la Selva), el buscador muestra las imágenes de las chicas en las riberas.

    Aunque si se acerca el zoom muchos de los rostros aparecen difuminadas, en algunos casos, sin embargo, se puede ver la cara de las jóvenes. El caso de las comarcas gerundenses, sin embargo, es sólo un ejemplo de las instantáneas de prostitutas que el software de Google ha captado por todo el territorio estatal.

    Sin autorización

    El colectivo Hetaira, con sede en Madrid y que defiende los derechos de las trabajadoras del sexo, critica que el Google Street View ha captado imágenes sin autorización de mujeres que ejercen «en calles, polígonos industriales y carreteras». Además, la entidad también critica que hay internautas que han difundido las instantáneas en foros de Internet para hacer se burla.

    Por eso, el colectivo ha puesto en marcha una campaña en toda España para que se retiren las fotografías del software. La portavoz de Hetaira, Mamen Briz, resalta que las fotografías «estigmatizan y marginan todavía más» a las jóvenes que se dedican a la prostitución. Por eso, recomienda que todas aquellas que se identifiquen envíen una solicitud a Google -con copia en la Agencia de Protección de Datos- para que se retire su imagen.

    «Socialmente, las prostitutas ya son un colectivo muy desprestigiado; y ahora, además, nos encontramos con el menosprecio de personas malintencionadas que se dedican a difundir las fotografías por los foros», dice la portavoz. Briz también lamenta, sin embargo, que el hecho de que la solicitud se tenga que hacer en persona limita el objetivo de la campaña.

    Y es que, en muchos casos, las jóvenes que ejercen a pie de carretera son víctimas de mafias de proxenetas. «Éste sí que es un gran problema para las jóvenes, que hay que denunciar ante la policía y los juzgados para evitar que las proxenetas continúen abusando», concluye.

    Mala imagen del territorio

    Las críticas a las imágenes de prostitutas captadas por Google Street View no sólo vienen de esta asociación. Desde el territorio mismo también se reclama la retirada. La presidenta del Consejo Comarcal del Alt Empordà, Consol Cantenys, indica que al lado de este problema social, hay también otro de imagen de la comarca. Precisamente, al Alt Empordà es donde se ven más de estas jóvenes, y la comarca hace tiempo que lucha por poner fin a la situación.

    «No se tendría que permitir nunca que estas imágenes, con el detalle de todas las mujeres que ejercen la prostitución de manera poco recomendable, salgan por Internet», resalta Cantenys. La presidenta del Consejo explica que eso «va en contra de cualquier principio», porque hiere la dignidad de las jóvenes, a más de estropear la imagen del Alt Empordà.

    «El problema es que, como la prostitución de carretera viene de lejos, ya forma parte del paisaje del Alt Empordà; pero quien hizo las fotografías debería caer en que eso no tiene que salir por Internet», resalta. En este sentido, Consol Cantenys concluye: «Sería deseable que eso se corrigiera».

    http://www.elmundo.es/elmundo/2010/04/03/barcelona/1270291678.html

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    Baños públicos, un lugar para el sexo

    Practicar sexo en los baños públicos es una práctica sexual que se está poniendo muy de moda. Dos desconocidos se encuentran en un baño público y practican sexo sin conocerse de nada. Ese es, más o menos, el resumen de esta práctica que practican algunos famosos, como es el caso de George Michael (posiblemente recordarás el revuelo que se formó cuando se supo)

    La verdad es que en este vídeo lo explican muy bien y además, está genial eso de escuchar el testimonio en primera persona de alguien que lo practica. No te lo pierdas.

    http://www.desexualidad.com/banos-publicos-un-lugar-para-el-sexo/

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    Marlene Mourreau explica que le han pagado una barbaridad para ir a cenar con un señor

    El viernes visitaba Sálvame Deluxe, la vedette francesa Marlene Mourreau para hablar sobre su relación con Pepe Navarro y con Ivonne Reyes, el “amigo” del presentador José Luis Sousa la mencionaba en su intervención en DEC como una de las muchas conquistas del comunicador.

    Sin embargo, más allá de haber tenido un rollo con Navarro, algo que visto el número de amantes de éste no supone ya una novedad, la francesa afirmaba haber tenido sexo con Ivonne Reyes, la venezolana que afirma que el presentador es el padre de su hijo Alejandro. Marlene lo contaba en los avances de Sálvame Deluxe.

    En el programa, la francesa se resistía a hablar sobre esto, algo que le recriminaban los colaboradores, pues había contado todo en la entrevista previa. “Ivonne es la única mujer que me ha gustado”, ha dicho la francesa. “Tiene mucho morbo”, añade. La entrevista ha sido confusa porque si bien Mourreau ha tenido relaciones sexuales con más mujeres, no se considera bisexual…

    “Si nos hemos acostado o no es una cosa mía, lo que dije por teléfono fue porque me preguntaron si ella era bisexual. Desde mi punto de vista no, porque yo tampoco. A mí me gustan los hombres y alguna vez he tenido alguna relación con mujeres“, ha explicado Marlene, enigmática y echándose atrás.

    Kiko Matamoros se levantó y leyó lo que dijo la francesa en la entrevista previa: “Nos hemos acostado en su momento. Es la única mujer que me ha gustado, es bisexual como yo, tiene un morbo especial y se parecía a mi ex novia. Fue sólo una vez hace muchos años y es la única mujer que me ha gustado de verdad”.

    En cuanto a las acusaciones que la relacionan con la prostitución de lujo ha comentado que nunca se ha acostado con un señor por dinero, sin embargo explica que le han pagado una barbaridad para ir a cenar con un señor. Terelu, presentadora sustituta de Jorge Javier Vázquez en Viernes Santo, afirma que Ivonne estaba alucinando “en colores” con lo que estaba diciendo Marlene.

    Página oficial | Telecinco

    http://www.lacosarosa.com/7404/marlene-mourreau-relacion-sexual-ivonne-reyes.html

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    El mal de los insaciables sexuales

    REPORTAJE: ADICTOS AL SEXO

    La sexoadicción puede destruir a quien la padece.-

    La sexoadicción puede destruir a quien la padece.-

    No son golfos, sino esclavos. Consumen sexo compulsivamente, pero disfrutan menos de lo que sufren. Puede que Tiger Woods lo sea, pero los sexoadictos reales no suelen ser ni ricos ni famosos. La insatisfacción, las carencias afectivas y las drogas están detrás de un síndrome capaz de destruir a quien lo padece.

    Todo empieza con una caña. Te animas y te pules otras cuatro. Y una copita, y otra, y otra. Y alguien saca su coca, o tú la tuya. Y te haces una raya, y otra. Y te llama un colega para ir a un club, o vas tú solo. Y otra caña y otra copa y otra raya. Y te subes con una tía, y otra, y dos a la vez. Y de repente son las seis de la tarde y te das cuenta de lo que has hecho. De que llevas 30 horas desaparecido. De que tienes 40 llamadas perdidas de casa y del curro. De que te has gastado 2.000 euros en follar no sabes con quién. De que te has ido a la mierda. Y te quieres morir. Juras no volver a hacerlo, pero vuelves. Siempre es así. Y empieza con una caña».

    Arturo se calla y apura el Trina. Antes, ni ha reparado en el rictus de extrañeza del barman de esta cervecería madrileña, un veterano que seguro esperaba un pedido más potente por parte de semejante cliente un viernes a las ocho de la tarde. Porque Arturo, este agente comercial de 36 años, impone lo suyo. Hace falta mucho aplomo para llevar ese traje príncipe de Gales y esa corbata de apabullante nudo Windsor como quien lleva un pijama. Arturo puede. Exuda seguridad en sí mismo. Cuando aparece, despliega un móvil, una blackberry y un miniportátil. Viene de negociar un pedido y le quedan flecos pendientes, explica mientras acribilla los teclados. Luego cierra sus chismes, mira a los ojos y suelta la anterior parrafada. Él solo. Sin esperar preguntas. Sabe a qué ha venido. A contar su vida. Y eso hace. Sin dramatismo. Sin autocompasión. Con pelos y señales.

    «Al principio eres el rey del mambo: te lo haces con tías alucinantes que te comen la oreja y vas tan ciego que te lo crees. Hasta que un día conoces el proceso, sabes que te estás destruyendo, y no puedes evitarlo. Yo mismo digo: ¿cómo he llegado a esto? No he perdido el trabajo de milagro, no me ha dejado mi novia de milagro, estoy vivo de puto milagro. Trabajo 16 horas, llevo una vida perra, el alcohol, la coca y el sexo son mis vías de escape, y bla, bla, bla, de acuerdo. Pero la culpa de lo mío es mía y el resto son excusas. Aquí donde me ves, soy un esclavo. Tengo todo controlado menos mi vida».

    Arturo es un adicto al sexo real, con un trabajo real y un problema tan real y acuciante como para pedir auxilio urgente. Hoy ha ido por primera vez a la consulta de Carlos Dulanto, un médico especializado en adicciones. Al despacho de Dulanto en la zona noble de Madrid acude más de un centenar de personas buscando ayuda para liberarse de su yugo particular. Cocainómanos. Alcohólicos. Ludópatas. Adictos a Internet. Compradores compulsivos. Y adictos al sexo. Algunos, a varias cosas o a todo a la vez. Jóvenes y maduros, profesionales y parados, gente lo bastante solvente para abonar los 80 euros de cada sesión semanal de una terapia que requiere un mínimo de un año. La mitad llegará a esa meta rehabilitada o en vías de rehabilitación. La otra abandonará el tratamiento. Todos serán adictos de por vida. La del sexo, como todas las adicciones, no se cura, dice Dulanto. Se controla o no se controla. O puedes con ella, o puede contigo.

    Esa es la batalla interior que ha emprendido Arturo. Está seguro de que él formará parte del 50% que sale del pozo. «He visto la luz», revela con la fe del converso recién caído del caballo. Por ahora tiene sólo una certeza: «No puedo permitirme coqueteos. Si pico, caigo». Así que se autoaplica una política de tolerancia cero: cero copas, cero rayas, cero cañas. Trina -y Aquarius y Nestea y Fanta- a discreción. Lleva todo el día alternando con clientes, ha trasegado litros de agua edulcorada y tiene el estómago como una lavadora. Ahora mismo se tomaría una cañita para empezar el fin de semana. Pero no. Este es «el nuevo Arturo». Ya lo ha dicho antes. El alcohol es el interruptor que pone en marcha su circuito vicioso. La primera medida para apagarlo es no encenderlo. Marchando otro Trina para el caballero.

    El problema de Pedro es que su circuito se enciende solo. No le hace falta ni una caña. Le basta ir por la calle y cruzarse con una chica con escote. O estar en casa y ver a Pilar Rubio mover las caderas en Mira quién baila. Entonces ocurre. Se produce el clic. «Yo no me conformo con decir vaya tía buena. Ni con masturbarme en la cama. Yo me subo por las paredes y tengo que salir a desahogarme». Pedro habla en presente, aunque lleva un año yendo al Centro de Tratamiento y Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras) de Valladolid para intentar superar su adicción al sexo. Blas Bombín, psiquiatra, fundador de esta entidad benéfica que cobra a sus pacientes una tarifa plana de 10 euros mensuales, cree que Pedro «va por buen camino, poco a poco». Pero el interesado es el primero en admitir la evidencia. «No estoy curado. Soy, si acaso, un adicto en rehabilitación. Llevo tres euros encima, pero si ahora me das 50, iría a fundírmelos a un puticlub».

    Pedro acaba de salir de trabajar. Un empleo de ocho a tres en una factoría automovilística de Palencia. Una sirena marca el fin de la jornada. Segundos después se materializa una legión de operarios al trote hacia el aparcamiento. Pedro, un hombretón moreno, viene caminando. Tenía coche, pero tuvo que venderlo. Acepta la invitación a comer, pero insiste en que sea en un modestísimo bar de menú del día. Aunque quisiera, no puede pagar. Lo de los tres euros no es una metáfora. Es la cuota diaria de los 20 que le da su madre cada semana para café y tabaco. Pedro tiene 35 años y vive con sus padres. Cobra 800 euros, pero cada mes le retiran de su cuenta 600 para amortizar las «decenas de miles» que debe por los «cuatro o cinco» créditos que ha pedido para costearse su adicción. Él mismo ha anulado sus tarjetas. Ha ordenado al banco que no le deje sacar dinero. Ha clausurado su línea ADSL para no pasarse las horas muertas merodeando por páginas porno. Pedro está en la ruina, admite, y no sólo económica.

    Antes de intentar explicar qué es la adicción al sexo -si es que existe, no hay unanimidad entre los especialistas-, quizá sea mejor decir qué no lo es. Todos sabemos de personas que dicen necesitar dos, tres, cuatro descargas sexuales al día para sentirse en forma. Hombres que frecuentan prostíbulos a espaldas de sus parejas. Mujeres tan promiscuas como el más lúbrico de los varones. Salidos de ambos géneros. Pues bien, probablemente ninguno sea adicto al sexo. Puede ser, sin embargo, que a su lado en su oficina, cubierto por el manto de respetabilidad de un matrimonio y dos niños o el halo de liberalidad de un soltero sin pareja, trabaje un sexoadicto. Alguien para quien el sexo es a la vez el cielo y el infierno. Un afectado por el mal de los insaciables.

    «Una cosa son las conductas sexuales no convencionales y otra la adicción al sexo», ilustra Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología de la Universidad del País Vasco. «Consideramos convencional la práctica del sexo basada en la afectividad con una pareja única o sucesiva. Pero eso no significa que otro tipo de conductas, como la promiscuidad sin afecto o una alta actividad sexual, sean anormales o patológicas. Tampoco lo es la abstinencia. La sexualidad humana es muy diversa. Algunas prácticas nos pueden producir rechazo o juicios de valor negativos. Pero lo aberrante es mezclar criterios morales con criterios médicos: ser un golfo no es ser un adicto. Para poder hablar de una conducta psicopatológica se tiene que traspasar la línea roja».

    El adicto al sexo, según los expertos, es el que pasa varias fronteras con peajes muy concretos. Los enumera Echeburúa. Uno: que sus prácticas sexuales se conviertan en su prioridad hasta el punto de interferir negativamente en su vida cotidiana, le perjudiquen en sus relaciones personales, le creen conflictos internos y externos. Dos: que el afectado tenga la sensación de falta de control sobre sus impulsos sexuales, que se sienta dominado por ellos, que una vez llevados a cabo sienta culpa y vergüenza y aun así se sienta impelido a repetir el proceso. Y tres: que el sexo sea para él una forma de superar o aliviar una carencia, de tal forma que lo practica compulsivamente no para estar bien, sino para no estar mal.

    Según esa fórmula, Arturo y Pedro son dos sexoadictos de libro. La cuestión es que esa adicción no figura en ninguno. Al menos no en la biblia mundial de psiquiatras y psicólogos. El vigente Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) no dice una palabra al respecto. Habla por una parte de los «abusos de sustancias químicas» o drogodependencias, y por otra, de los «trastornos del control de impulsos», entre los que incluye la ludopatía. Del sexo compulsivo, nada. Parece que el borrador de la próxima edición, el DSM-V, prevista para 2011, incluirá el síndrome, al que denomina «hipersexualidad», bajo la calificación de «trastorno obsesivo-compulsivo».

    Nomenclatura oficial aparte, el término adicción es el más utilizado por los profesionales que tratan a los afectados. Les parece el más descriptivo para definir el problema al que se enfrentan. El primero en acuñar la expresión fue el norteamericano Patrick Carnes en su libro Out of the shadows: understanding sexual addiction (1992). «Como un alcohólico incapaz de parar de beber, los adictos al sexo son incapaces de parar su conducta sexual autodestructiva, a pesar de las rupturas familiares, los desastres financieros, la pérdida del empleo y otros riesgos que su conducta pueda acarrear», escribe Carnes, autor de varios ensayos sobre el asunto y de un test, el SAST, que aplican los terapeutas estadounidenses para diagnosticar a los sexoadictos. Está disponible en www. sexhelp.com/sast.cfm.

    Se supone que Tiger Woods cumple los requisitos, porque Carnes es el alma de la clínica Pine Grove, en Misisipi, donde el astro del golf ha invertido dos meses -y 40.000 euros- en emprender el Gentle Path (sendero progresivo), el programa de rehabilitación diseñado por él para desenganchar a sus pacientes. La abstinencia temporal de toda práctica sexual -autosatisfacción incluida-, la confesión de las infidelidades y la entonación de una oración de la serenidad cuando se sienta un «impulso inapropiado» forman parte del tratamiento. «He sido infiel. He engañado. Me confundí con el dinero y la fama. Pasé las fronteras. Creí que sería impune y podría disfrutar de las tentaciones», musitaba hace unas semanas un cariacontecido Woods en su acto de contrición televisado a todo el planeta. Las tentaciones, que se sepa, son sus relaciones extramaritales con una docena de mujeres de bandera. Los patrocinadores que le habían retirado su confianza -y sus contratos- tomaban nota del propósito de enmienda. Quince días después, el ídolo hecho carne anunciaba su vuelta al redil. El doméstico y el deportivo.

    El caso de Woods ha devuelto a la actualidad un asunto que nunca dejó de estarlo. Michael Douglas, David Duchovny, el futbolista británico George Best, el mítico Magic Johnson -cuando informó al mundo de que era seropositivo, dijo también que había copulado con miles de mujeres, 500 de ellas en el ascensor-, Colin Farrell, los presidentes Kennedy y Clinton y sus respectivas aventuras. La lista de presuntos sexoadictos célebres es larga. Guapos, ricos, poderosos, con fácil acceso a mujeres y? casados. De qué estamos hablando: ¿adicción o coartada? ¿Patología o excusa? ¿Golfos o enfermos? Esa es la difusa línea roja.

    Según Carnes, el 6% de los varones y el 3% de las mujeres padecen adicción sexual. Una cifra considerada «excesiva» por los especialistas españoles. Hagamos cuentas. Tomemos el censo electoral -34 millones redondos de varones y mujeres mayores de 18 años- y dividámoslo por la mitad. Según la teoría de Carnes, alrededor de un millón de españoles y medio millón de españolas son adictos al sexo. Suelte la cifra ante sus conocidos: «Ahora se llaman adictos, ya tienen la disculpa perfecta», es el comentario de muchas mujeres. «Me parecen pocos tíos y demasiadas tías, que me presenten a una sola», el chiste de muchos varones. La recién publicada Encuesta Nacional de Salud Sexual es ilustrativa. Un 32% de hombres admiten haber pagado por sexo, frente a un 0,3% de mujeres. Al 45% de los varones les gustaría practicar sexo con más frecuencia, frente al 23% de las mujeres. Ni una línea acerca de la adicción sexual. De hecho, el problema que más preocupa -52%- a los encuestados en el último Informe Pfizer es la falta de deseo sexual.

    Independientemente del número de afectados, el ansia de sexo provoca sufrimiento. Lo constatan cada día los psiquiatras y psicólogos que le ven la cara. Dulanto, en Madrid; Bombín, en Valladolid; Echeburúa, en Bilbao; José María Vázquez Roel (clínica Capistrano, en Mallorca) y Josep Maria Farré (Instituto Dexeus de Barcelona) son algunos de los más reputados. Sus pacientes, sumados al goteo de terapeutas en otros lugares, arrojan un total de medio millar de adictos al sexo en rehabilitación hoy en España, tirando muy por lo alto. La masturbación compulsiva, el uso incontrolado de pornografía en Internet, la contratación sistemática de servicios sexuales o la búsqueda continua e indiscriminada de contactos son sólo algunas de las formas en las que se concreta la adicción. Cada adicto es un mundo. Lo único que les une es que les gusta el sexo. Mucho. Lo que más. Como a todo el mundo, puede. «Pero la clave es la libertad», acota Blas Bombín. «No es cuestión de tener más impulso sexual, sino de la libertad de gestionarlo. El adicto es el que ha perdido esa libertad. El esclavo del deseo».

    Pedro se ve en el retrato. «Soy un yonqui de mí mismo. Un ludópata puede huir de las tragaperras, pero yo no puedo alejarme de mí. Tengo un deseo exacerbado, quiero hacerlo dos o tres veces al día, lo necesito. Si no puedo estar con una mujer, lo hago solo. Pero tengo mono. Estoy agresivo, borde, de mala hostia, no dejo de pensar en lo otro, me lo pide la cabeza». Se lo lleva pidiendo desde adolescente. Pedro salía a ligar y no ligaba. Los rollos ocasionales no le bastaban y sus escarceos con las chicas casi nunca duraban lo suficiente como para pasar a mayores. Un día, «a los 22 o 23 años», se plantó en la Casa de Campo de Madrid y pagó a una prostituta un servicio completo. Con todos los extras. «Ahí caí. Flipé. Vi que quien paga, elige, y quien paga, manda».

    Empezó a tirar de efectivo y tarjeta. Así durante más de 10 años. Hasta llegar a la ruina -no sólo económica- que le llevó a la consulta de Bombín. No aspira a que se le entienda -«y menos una mujer»-, pero intenta explicarlo con un símil automovilístico. «Hay Seat León y Audi A-6. Los dos te llevan donde quieres. Pero no disfrutas igual conduciendo. Yo usaba el León a diario, pero alguna vez me daba el gustazo de alquilar un A-6 y cogía a una scort [prostituta de lujo] en Madrid».

    -A costa de endeudarse hasta las cejas, ¿por qué?

    -Por evolucionar.

    -¿Qué es el sexo para usted?

    -La forma de desfogarme.

    -¿Las mujeres?

    -Lo que más me gusta del mundo; pero, por lo que se ve, yo no les gusto a ellas.

    -¿Y las prostitutas?

    -Profesionales que cumplen una labor social: satisfacer y consolar a tíos como yo. Pero no sólo, ¿eh? Las tías alucinarían en un club. El 90% son casados a los que su mujer no les da lo que quieren. En cantidad o en calidad, o las dos cosas.

    Arturo, el agente comercial, tampoco se considera un ave rara. «En mi ambiente, lo mío es lo normal. Muchos de mis colegas, solteros y casados, con o sin novia, beben, esnifan, intentan hacérselo con quien pueden y, si no lo logran, van de putas a follar a tiro hecho. Yo era el tuerto en el país de los ciegos. Lo que pasa es que ellos controlan. Yo he caído, y ellos no». Arturo vincula su adicción al sexo con su afición a las drogas. «Es causa-efecto», dice. «Yo no sé si soy alcohólico, cocainómano o sexoadicto». «Pero la caña lleva a la raya, y la raya, al polvo. Quiero a mi novia. Y ella a mí. Algo tendré, sabe que soy un putero y sigue ahí. El sexo con ella es sano y cariñoso. Pero la coca me vuelve loco. Te cambia el chip. Es un tema de morbo. El cuerpo te pide un nivel de excitación altísimo, no tienes fin. Y muchas veces para no tener lo que se entiende por gratificación sexual. Vamos, que ni siquiera te corres».

    A Carlos Dulanto le suenan ese tipo de relatos. Historias como la de Rodrigo de Santos, el ex concejal del PP en Mallorca procesado por gastar 50.000 euros de fondos públicos en prostíbulos masculinos. «Soy adicto a la cocaína y no al sexo», dijo en su descargo el edil. Dulanto constata la «cantidad de profesionales de alto nivel» con parecido estilo de vida. Alguno ha visto en consulta. Un 30% de sus pacientes cocainómanos son sexoadictos. Él opina que las dos dependencias van de la mano. «El adicto al sexo fetén es el que se toma un chocolate con churros y luego va a un club, pero lo normal es ir de putas puesto hasta la bola de algo. A mí me vienen pidiendo ayuda por la coca, y sólo después me cuentan su problema con el sexo. Un tío que se toma cuatro whiskys y dos gramos no va a tener una erección. Entonces toma Viagra. Y empieza un crescendo que no tiene fin: cuatro o cinco chicas, sado-maso, horas y horas para nada, sólo para cargar con la losa de la culpa».

    -¿Y las cocainómanas?

    -En mi experiencia, la mujer cocainómana no tiene un uso patológico del sexo. Se liberan de inhibiciones y tienden a practicar más, pero no lo relatan como un problema. Quizá porque ellas no necesitan recurrir a la prostitución. Si una mujer quiere sexo, muy mal tiene que irle para no tenerlo gratis.

    Emilio Ambrosio confirma la relación coca-sexo y la desproporción -el psiquiatra Josep Maria Farré, del Instituto Dexeus, estima una incidencia de un 85% de varones y un 15% de mujeres- entre sexoadictos y sexoadictas. Catedrático de Psicobiología de la UNED, Ambrosio investiga el mecanismo de la drogodependencia. En su laboratorio, ratas cocainómanas -se autodispensan libremente su dosis en la jaula- conviven con otras que -igual de libremente- no sienten el impulso de engancharse. La cocaína dispara la dopamina, el mismo neurotransmisor que libera el deseo sexual. Cuando se administran coca, las ratas se ponen a mil.

    Según Ambrosio, el sexo compulsivo es una adicción en toda regla. «Tiene que ver con los circuitos del placer y recompensa», explica. «Las actividades necesarias para la continuidad de la especie -sexo, comida, sueño- van acompañadas de sensaciones placenteras para garantizar la supervivencia. Los adictos potenciales son especialmente sensibles a esa sensación de refuerzo. Prueban el sexo, les gusta muchísimo y quieren más y más. A fuerza de practicarlo de forma compulsiva, sufren el mismo daño cerebral que produce el consumo crónico de drogas: las neuronas de la corteza prefrontal trabajan a medio gas, necesitan de su combustible: sexo o droga para funcionar. Es cuando el adicto dice que precisa su dosis para ser persona. Tiene su razón: el daño afecta a la zona que regula la voluntad, la actividad neuronal en esa área está reducida. Desaparece el control que ejerce la corteza cerebral sobre el comportamiento y aparece la compulsión. Quieren sexo y lo van a buscar caiga quien caiga, aunque sean ellos mismos».

    -¿Y eso no les sucede a las mujeres?

    -Sí, a algunas. Pero olvidamos que somos mamíferos. Los machos persiguen copular cuanto puedan para dejar sus genes en la siguiente generación. Las hembras son más conservadoras: ellas eligen, no suelen hacerlo con cualquiera. No es lo mismo ser hombre que mujer: nuestro sistema nervioso no funciona igual, el interés en tener más o menos contactos sexuales es diferente. Las mujeres, además, disfrutan más las relaciones. Ellas, normalmente, se sacian. A ellos les queda un puntito de insatisfacción, por eso suelen querer más.

    Parece que eso de que ellos siempre dicen no es sólo una leyenda urbana. El problema es traspasar la línea roja. Josep Maria Farré ha dibujado un retrato robot del sexoadicto a través de sus pacientes. «Suelen ser buscadores de sensaciones. Ansiosos. Con un bajo control de sus impulsos y emociones y baja tolerancia a la frustración. El 30% son adictos a tóxicos. Otros, adictos en cadena: al juego, a la comida, al ejercicio. Un 21% están también deprimidos. Son personas con carencias graves, y el sexo es su forma de compensarlas. Usan su cuerpo y el de los demás como un objeto».

    Los tratamientos son diversos. «Cada maestrillo tiene su librillo», dice Dulanto. Pero, en líneas generales, pasan por meses o años de psicoterapia para indagar en los problemas de fondo del sujeto y una reeducación psicológica para intentar controlar los impulsos y ligar la actividad sexual a la afectividad, los sentimientos y la pasión.

    En eso están Pedro y Arturo. El palentino tuvo una recaída el pasado otoño. «Me desfasé, cambié la nómina de banco y me gasté la bonificación en chicas». Ahora está mejor. «Tengo más autoestima. Salgo a correr, intento abrirme a la gente y a las mujeres. Yo no he tenido una educación sentimental, he ido siempre a saco. Soy como un niño pequeño con tres euros en el bolsillo aprendiendo a vivir. Tengo que expulsar al Pedro que he llevado 35 años dentro. Imagino que saldré de esto cuando encuentre a alguien que me quiera y a quien quiera. No es fácil, pero lo estoy intentando».

    Arturo no contesta los correos electrónicos, ni los SMS, ni las llamadas perdidas. Imposible pensar que un tipo permanentemente conectado como él no los haya visto. El día del Trina estaba caliente, recién salido de su primera terapia. Animado por la euforia del principiante, se abrió en canal. Quizá ahora se arrepienta. Dulanto da fe de que sigue acudiendo a consulta. Su batalla continúa. Progresa adecuadamente. «A veces hace falta tocar fondo para empezar a emerger. Este chico tiene buen pronóstico, recursos y apoyo familiar. Saldrá de esto».

    http://www.elpais.com/articulo/portada/mal/insaciables/elpepusoceps/20100404elpepspor_8/Tes

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    San Salvador tierra fértil para la prostitución

    Algunas calles de San Salvador por las noches se convierten en mercados sexuales muy visitados.

    Algunas calles de San Salvador por las noches se convierten en mercados sexuales muy visitados.

    En los últimos años varias calles de la capital se han convertido en verdaderos escaparates para mujeres y hombres que ofrecen servicios sexuales. La Alameda Roosevelt, Calle Arce y 27 Calle Poniente son algunos de los puntos donde mujeres y homosexuales venden, además de sus servicios, todo tipo de drogas. Vecinos claman por más orden

    Cerca de las 7:00 de la noche, la apariencia comercial o residencial de algunas calles de la capital cambia. A esa hora aparecen una a una, figuras muy estilizadas y con diminutas ropas que intentan atraer la atención de sus potenciales clientes. Se trata de las y los trabajadores del sexo que ocupan las vías públicas para ofrecer sus servicios sexuales, para ganarse la vida.

    Aunque realmente no se sabe si es una manera de ganársela o realmente quitarse la vida, la verdad es que ofertan sus servicios porque cuentan con una abundante clientela.

    Muchos ciudadanos se sorprenden por el aumento de este tipo de actividad, ante la cual las autoridades parecen no hacer nada.

    «Ahora se encuentran muchachas, bueno y también muchachos, vestidos de mujer por todas partes. Esto a las autoridades se les salió de control y aunque dicen que lo van a regular, ahí las sigue viendo en las calles», recalcó Máximo Iraheta, un ciudadano de 62 años que recuerda que antes este tipo de actividad era regulada.

    «Prostitución siempre ha habido en esta ciudad, pero yo recuerdo que antes las muchachas estaban en locales, así como allá en la Avenida y no se las encontraba uno en la calle ofreciendo sus servicios», recuerda.

    Esta situación es percibida por muchos ciudadanos como falta de voluntad de las autoridades por regular o mantener vigilados a quienes ofrecen servicios sexuales en las calles, pese a las incomodidades que generan a quienes viven cerca de donde ofrecen sus servicios o transitan por esas zonas.

    El comisionado Gersan Pérez, jefe de la unidad del 911 de la Policía Nacional civil (PNC), aseguró «nosotros como policía no podemos hacer nada, el tema del ordenamiento le corresponde a la alcaldía municipal de San Salvador».

    Pérez detalló que como Policía tienen identificados algunos puntos donde se concentra una buena cantidad de trabajadores del sexo, que es donde se generan algunas denuncias relacionadas con ilícitos que son cometidos por estas personas en contra de sus clientes o viceversa.

    «Tenemos identificados puntos de la capital como la prolongación de la Calle Arce y 49 Av. Norte, sobre la 5a. Av. Norte y 27a. Calle Poniente, Alameda Roosevelt a la altura de La Joya y en los alrededores del Café de Don Pedro», detalló.

    «Tenemos información que a menudo son agredidas y también se convierten en agresores de sus cliente. Muchas veces estas personas se dedican a la venta de drogas y también se da el caso que algunos extorsionan a la gente que busca sus servicios», explicó el jefe policial.

    Según el comisionado, se estima que en días como viernes y sábado, se concentra en la capital salvadoreña un promedio de mil trabajadores y trabajadoras del sexo.

    «Pero esto no es solo en las calles, también en barras show, cervecerías, prostíbulos y otros lugares», detalla.

    Pérez considera que esta cifra no es alarmante o significativa si se compara con naciones como «Colombia, donde se habla de 250 mil prostitutas; y México, donde la cifra ronda las 500 mil».

    Según datos extraídos de la página web del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, la capital salvadoreña tiene un alto índice de violencia, maras, drogadicción y promiscuidad; y en ella se encuentran establecidos: 20 night clubs, 20 barras show, 390 bares, 15 billares, 165 abarroterías, 45 distribuidores de licor. La información señala «que los night club y barras show operan bajo licencias de venta de cerveza y licor, no están registrados bajo el rol que les corresponde; en la misma situación se encuentran los prostíbulos, ya que son registrados como cervecerías».

    La situación hace recordar a los capitalinos, que en 2009, Norman Quijano, entonces candidato a alcalde por el partido ARENA, prometió durante su campaña sacar de las calles a quienes ofrecen servicios sexuales.

    «Quijano prometió muchas cosas cuando era candidato pero si usted se fija, de eso poco se ha hecho. Esto de la prostitución en las calles cada día sigue creciendo y no se hace nada por sancionarlo o evitarlo», enfatizó Mirna Carballo, ciudadana.

    «Aquí en la calle uno se encuentra de todo, mujeres y hombres casi chulones y pasan patrullas policiales y no hacen nada por sacarlos de las calles», recalcó.

    Para algunos padres de familia la situación se vuelve intolerable, sobre todo cuando no encuentran las palabras para explicar a sus pequeños las razones por las cuales los trabajadores del sexo se encuentran con ropas provocativas en plena vía pública.

    «Es feo que los hijos le pregunten a uno que ‘por qué esa gente anda así en la calle’ cuando ven a mujeres y hombres casi desnudos prostituyéndose y usted no les puede decir que andan en la playa porque los niños de hoy no son tontos», reconoce Elena Morales, madre de familia.

    «Las autoridades deberían hacer algo para evitar que estén en la calle y sobre todo con ropas que dejan ver casi todo», exhortó.

    Sobre el tema de la regulación del comercio sexual en la vía pública, se consultó con Gilbert Cáceres, director del cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) de la alcaldía de San Salvador.

    El director aseguró que como ente regulador del espacio público, la única facultad que tiene la comuna es la imposición de multas a quienes ofrecen servicios sexuales en la calle, esto en base a la «Ordenanza Contravencional del Municipio de San Salvador».

    «En base al artículo 36 de la Ordenanza Contravencional el señor alcalde y su concejo hicieron la promesa de sacar de las calles a las prostitutas», reconoció Cáceres.

    Dicho artículo reza de la siguiente manera: «El que en la vía pública ofreciere o solicitare servicios sexuales y de manera notoria o con escándalo perturbe el orden público, lesione la moral y las buenas costumbres u ofenda el pudor con sus desnudeces o por medio de palabras obscenas, gestos, actitudes o exhibiciones indecorosas será sancionado con una multa de 300 a 1000 colones».

    «Como le digo, la ley solo nos faculta a poner infracciones o esquelas. Eso es parte del trabajo ordinario que a diario realiza el CAM», explicó Cáceres.

    El funcionario detalló que en lo que va del año se han impuesto entre 800 y 900 esquelas en promedio al mes, de las cuales un 10 ó 20 por ciento está relacionado con el tema del trabajo sexual en la vía pública.

    «Si se les pone la esquela, se tiene que pagar en los ocho días siguientes; si no lo hace, se declara en rebeldía», detalló el director.

    Quienes reciben una multa por ofrecer sus servicios sexuales en la vía pública y no quieren pagarla, pueden solicitar una audiencia ante un delegado municipal para argumentar las razones por las que no quieren hacer el pago correspondiente.

    «Es un procedimiento bastante administrativo, la ley no nos faculta para sacarlos de las calles», reconoció Gilbert Cáceres.

    Según la ordenanza contravencional, la cantidad a pagar oscilará entre los $34.28 y los $114.28, la cifra dependerá de la reincidencia del trabajador sexual.

    Cáceres dio a conocer además que las autoridades de la comuna se encuentran trabajando para buscar una solución a este vacío de ley que les impide regular de manera eficiente el comercio sexual en las calles de la capital salvadoreña.

    «Las alternativas tienen que encontrarse para poder sacar a esta gente de calles de la capital», dice.

    Durante un recorrido por la zona de la prolongación de la Calle Arce, un grupo de agentes de la PNC fue consultado sobre la situación de las personas que ofertan servicios sexuales en el lugar.

    Los policías reforzaron la posición del comisionado Pérez, al asegurar que ellos no pueden hacer mayor cosa para sacar de las calles a los trabajadores del sexo.

    «Lo que uno hace seguido son registros, porque a veces cometen ilícitos con sus mismos clientes», señaló un agente.

    El policía, que prefirió el anonimato, indicó que muchas veces los mismos clientes les hacen denuncias verbales cuando han sido víctimas de sus servidores sexuales. «Cuando uno les pide que hagan la denuncia directa en una delegación, eso no les gusta porque entra en juego su reputación».

    Otro agente policial que se encontraba en el lugar, manifestó que él fue miembro de la Policía de Hacienda y que antes no se andaba con paños tibios para tratar a estas personas. «Antes lo que se hacían eran barridas de maricones y prostitutas, los llevaban a barrer o a hacer cualquier servicio social, pero ahora los derechos humanos no lo permiten».

    Según los policías, el negocio de los trabajadores sexuales va en aumento porque sus clientes no son personas de escasos recursos, sino gente que por lo menos aparenta tener un buen estatus social.

    «La mayoría de los clientes viene en grandes carros y ya saben a quién vienen a traer», detalló otro policía.

    Por otra parte, los agentes señalaron que los miembros del CAM por lo general hacen sus rondas en horas del día, cosa que no rinde frutos porque los trabajadores sexuales solo están en la zona por las noches. «En la noche es que esta gentes se convierten en los señores de la calle», reconoció.

    Los encargados de garantizar el orden en la vía pública, señalaron que eventualmente se dan enfrentamientos entre homosexuales y trabajadoras del sexo que se pelean por el territorio y por los clientes.

    http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=6375&idArt=4661456

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    Cubana, qué es y como hacerla

    Ni es una tortita, ni una mujer de Cuba, ni un cubata, ni un plato de arroz con tomate… Y no penséis que me burlo de vosotr@s, pero es de las primeras webs que aparecen en Google al escribir «cubana». Entre tantas respuestas absurdas hay un par de ellas acertadas. Y no querría que alguna de nuestras lectoras, cuando les propongan hacer una cubana, saquen la sartén y el aceite, así que…

    Cubana, resumiendo, es la masturbacion del pene entre las tetas. En el mundo hispano también es conocida como «chaqueta rusa»,»francesa», «turca”, y puede encontrarse definida también como “mazophallate”, “coito intermamario” o “coitus a mammilla”.

    Es una práctica sexual consistente en que el varón introduce el pene erecto entre los senos de la mujer, ella o él los junta –comprimiendo el pene entre los mismos– y simula los movimientos de la penetración, frotando su pene entre los senos. Muchas veces, y como consecuencia del acto, el hombre llega a eyacular.

    Visto de qué se trata, está claro que cuanto mayor sea el pecho, más fácil será llevarlo a cabo. Pero, sea cual sea el tamaño de los pechos y del pene, se puede hacer perfectamente ya que la gracia de esta práctica es poner en contacto estas partes del cuerpo. Ya sea con caricias, roces… lo único indispensable es tener ganas de experimentar.

    Una vez explicado el tema, vamos al pezón, digo… al grano!

    Técnica básica

    Pongámonos en situación. La postura más cómoda es estando la chica tumbada sobre su espalda y el chico de rodillas a la altura de su pecho.

    Aún así, también se pueden probar otras posturas:

    • el chico sentado y la chica frente a él de rodillas colocando sus pechos a la altura del pene.

    • la misma postura, pero el chico mirando hacia los pies (lo que facilita la estimulación oral en la zona testicular-anal).

    Hablando en plata, el objetivo sería hacer una paja con las tetas, atrapando la polla entre ellas haciendo presión desde los laterales. Así que aquí es donde entra en juego vuestra imaginación y vuestra habilidad como pajeadores mamarios.

    Consejos

    • Lubricante: me supongo que a estas alturas os habréis imaginado que va a haber mucha fricción, así que un buen lubricante nunca está de más. También puedes derramar algo (nata, algún líquido, lubricante, saliva… etc) entre tus pechos o en el pene de tu pareja para que resbale más y sea más placentero para él (y para ti)

    • En caso de que los pechos fueran pequeños: nos podemos ayudar de la mano para cubrir el hueco que falte y hacer presión para lograr más estimulación, estirar los dedos y así encajar entre el canalillo, tus dedos, tus pechos y su pene. Como esta lubricado, no hay ningún problema.

    • Puedes aumentar la excitación combinando otras prácticas: agarrar el pene masculino y frotarlo con sus pezones para aumentar la excitación es una de ellas.

    En otros casos la mujer puede masturbar al hombre con sus senos mientras también practica la felación simultáneamente, utilizando una técnica usualmente llamada «la chupada mamaria».

    Cuando el hombre eyacula en el pecho o en el cuello de la mujer usualmente se llama a eso «el collar de perlas» por el parecido del semen con dicho objeto. El resultado es, según algunos,como un collar de perlas debido a las fibrosas gotas blancas traslúcidas de semen que se depositan allí.

    • Comparte placer: ya que es una práctica destinada al placer masculino, no estaría mal utilizar nuestras manos para devolver un poco del placer que estamos recibiendo, ¿no crees?

    Fuente: piensaenverde69.blogspot.com, wikipedia

    http://www.sexomail.com/boletin/articulo.php?id=182

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    Consejos para colocar un condon

    Hoy no se trata de hablar sobre cómo colocar un condon, doy por hecho que ya sabes y sino mirate las instrucciones de la caja, así nos centramos en algunos consejos para colocar un condon de manera que no sea un momento incómodo o que rompa con el morbo del momento.

    Para algunas personas usar el condón resulta un poco fastidioso, y sin embargo es uno de los métodos más cómodos para el hombre si no contamos con la vasectomía, lo puedes transportar fácilmente, colocarlo en pocos segundos y estar seguro de que usas un método muy seguro para evitar muchas enfermedades de transmisión sexual, así como para prevenir embarazos no deseados.

    Colocar el condón usando la boca

    La solución para que el hecho de colocar el condon deje de ser un momento kit-kat sería convertirlo en parte del juego sexual o de los preliminares, una idea podría ser el dejar que tu pareja te coloque el condon, ya sea con las manos o incluso con la boca en cualquier momento de los juegos sexuales, así cuando llegue el momento de pasar a la penetración ya lo tienes puesto.

    En el caso de usar la boca hay que practicar un poco, pero en un par de intentos verás que te sale, puedes tener el condón en tu boca, o directamente lo colocas en la punta del pene, y con ayuda de los labios lo vas deslizando a todo lo largo del pene, y si no te quieres atragantar el último tramo lo haces con ayuda de tus dedos.

    Colocar el condon con lubricante

    Para que el uso del condon sea más placentero o provoque nuevas sensaciones puedes probar a aplicar un poco de lubricante dentro antes de colocarlo. O bien podemos aplicar el lubricante sobre el pene y aprovechar para masturbarlo un rato hasta que alcance una buena erección, y por qué no, emplear lubricantes efecto calor o escalofrío.

    Usa condones con lubricantes de sabores

    Por si no lo sabes, te recuerdo que hoy en día podemos encontrar una gran variedad de tipos de preservativos, muchos de ellos aparte de venir lubricados y con espermicida también ofrecen aromas y sabores que los hacen más divertidos y estimulantes. Este tipo de condones son los más recomendables sobre todo a la hora de disfrutar del sexo oral, ya que chupar un condón normal sin aroma ni sabor a nada resulta un poco desagradable… Por tanto si utilizas condones normales, al menos usa lubricantes de sabores.

    Prueba condones diferentes

    A pesar de todos estos consejos para colocar un condon, hay quien seguirá pensando que al usar el condon para el sexo oral se pierden sensaciones, en tal caso la solución podría ser utilizar condones ultrafinos que apenas disminuyen los placeres del contacto piel con piel.

    Prueba también diferentes tipos de condones, no te quedes anclado en el modelo simple o en el de estrías, hay muchas más texturas, formas, sabores, y espesores. Atrévete a probar también diferentes marcas y verás que algunos se adaptan mucho mejor que otros a tu pene y te hacen sentir sensaciones mucho más placenteras.

    http://blog.coompra.com/2010/04/consejos-para-colocar-un-condon/

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