Sexo en el Paleolítico

Fotograma de la película 'En busca del fuego'

Fotograma de la película 'En busca del fuego'

 

Los individuos prehistóricos han dejado pruebas patentes de sus apetencias

¿Pintaban o esculpían nuestro ancestros representaciones explícitas de los órganos sexuales?¿Se utilizaban consoladores en la Prehistoria?¿Se atrevían los artistas de la Edad de Piedra con ilustraciones pornográficas?¿Cómo eran las reinas del erotismo que atraían a los hombres de las cavernas? Preguntas como éstas tienen contestación en el trabajo de investigación del catedrático de Fisiología de la Unex José Enrique Campillo Álvarez, que el próximo sábado dará una conferencia sobre el tema en el Museo Arqueológico de Badajoz.
Hace dos años que el profesor Campillo se jubiló de dar clases pero nadie podrá decir que ha dejado de trabajar. Es inminente su conferencia sobre ‘La en el Paleolítico: de la Fisiología a la Arqueología’ y tiene dos libros más a punto de salir al mercado. Uno sobre nutrición y el otro -el más sorprendente de todos puesto que hasta ahora siempre ha escrito sobre cuestiones científicas- es una novela que le convertirá en un autor más a la búsqueda de lectores interesados en el género thriller.
Pase lo que pase con su nueva faceta de novelista, el profesor Campillo es ya un escritor exitoso gracias a dos de sus libros divulgativos que se han vendido muy bien. Se trata de ‘El mono obeso’, un estudio sobre la mejor manera de alimentarnos y de ‘La cadera de Eva’, de cuya investigación procede precisamente el material sobre el que el profesor disertará en Badajoz.
El estudio de los materiales del pasado relacionados con la sexualidad puede resultar sorprendente. El profesor Campillo explica que se han encontrado representaciones de penes cuyo delicado pulimento permite interpretar que su finalidad principal fuera la de ser utilizados como consoladores. Las pinturas de las cuevas también demuestran que aquella sociedad se interesaba por el . En Osuna apareció la representación en piedra de un beso. También hay representaciones de vulvas y de coitos y no falta la imagen de un hombre con el pene erecto que parece perseguir a una cabra.
Son imágenes de 35.000 años atrás que quizá podrían enseñarnos que los misterios del sexo no sólo acucian a los seres humanos de hoy. Comer y reproducirse siguen siendo dos impulsos básicos para la supervivencia de animales y humanos. «Son dos fuerzas poderosísimas, por eso la naturaleza ha garantizado que todos los animales y seres vivos se nutran y se reproduzcan proporcionando un placer al ejecutar ambas acciones».
«De forma secundaria a ese placer, -añade Campillo- los animales practican el sexo única y exclusivamente por motivos reproductores, entre otras cosas porque las hembras de todas las especies sólo aceptan que el macho las cubra en el periodo fértil. Las hembras de la especie humana son las únicas entre todos los animales capaces de aceptar al macho fuera de ese periodo fértil».
Los cambios en la fisiología femenina a consecuencia de la bipedestación hicieron definitivamente diferentes a lo humanos en la práctica del sexo. «Al cambiar la estructura de la cadera cambió la disposición de los órganos sexuales de la mujer. Se produjo entonces la aparición de la vagina ventral, abierta hacia delante, lo que permitió los coitos fronto-frontales. Hace 35.000 años nuestros antecesores tenían estas cosas bien claras y pintarrajeaban las paredes con grafittis igual que hacen ahora».
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