La sexualidad se convierte en una adicción cuando interfiere en la vida cotidiana, se le dedica un tiempo excesivo, perjudica a las relaciones personales y se vive con sentimientos negativos como culpa o vergüenza, indicó Cabrera, que hoy presenta un caso clínico sobre “Adicción sexual: Masturbación compulsiva y visualización de películas pornográficas”.”En esos casos la persona entra en un bucle compulsivo, en el que se siente esclavizado por sus conductas sexuales, del que no puede salir” y donde al final la intención que se persigue es “no sentirse mal, más que sentirse bien”.Detrás de la mayoría de esas conductas se esconde la dificultad para manejar sentimientos de soledad, con sensaciones de aburrimiento, vacío o inadecuación sexual, considera Cabrera, especialista en psicología clínica y docente del Instituto de Psicología y Psicoterapia Post-Racionalista de Roma.
“No se trataría tanto de una hiperactividad sexual que busca la gratificación como de regular la relación con uno mismo. Se utilizan las conductas compulsivas para compensar emociones conflictivas y buscar una estabilidad interior”.
En ocasiones la excesiva importancia que se concede a la imagen exterior y a la opinión de los demás, así como la necesidad de reconocimiento de público o las expectativas ajenas puede disparar este tipo de comportamientos.
Alguien que para sentirse bien consigo mismo necesita un contacto personal continuo está, en principio, más predispuesto a la adicción sexual, que en ocasiones se combina con otras compulsiones, como el consumo de drogas o los trastornos de alimentación, según el psicólogo.
Algunas personas tienen miedo de iniciar relaciones afectivas por no dar la talla o “basan su comunicación en correos electrónicos y mensajes a los teléfonos móviles, lo que permite una puerta de escape, de forma que cuando algo no te gusta, te desconectas”.
El número de relaciones sexuales o de masturbaciones que una persona tiene en un mismo día no siempre es representativo de una adicción sexual, ya que para considerarse como tal ésta debe ser compulsiva y afectar negativamente a la vida cotidiana.
Muchos adolescentes, por ejemplo, se masturban unas dos veces al día, “algunos incluso hasta en cinco ocasiones diarias”, y no por ello debe considerarse una adicción, ya que es un momento especial en el desarrollo psicoafectivo de la persona.
Asimismo, cuando una pareja se enamora habitualmente tiene una actividad sexual muy intensa que no puede considerarse adicción, aclaró Cabrera.
Las adicciones sexuales están muy poco estudiadas y apenas se dispone de estudios al respecto pero, según algunos autores, como Patrick Carnes, afectan al 6 por ciento de los varones y al 3 por ciento de las mujeres.
La mayor prevalencia en hombres que en mujeres se debe a la diferente manera en la que los varones viven su sexualidad frente a las féminas, según Cabrera, de forma por ejemplo que más hombres recurren a la prostitución o existen más agresiones sexuales por su parte. EFE
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