Lesbianas poderosas

Hoy voy a retomar un poco el cuore histórico. 

El pasado sábado, LOC publicó la consabida lista de los gays más influyentes. Pocas novedades: Jorge Javier Vázquez ha desbancado a Grande Marlaska y la más influyente sigue siendo la librera Mili Hernández.

Aunque puede que lo más destacable sea la inclusión de la excelente periodista, además de lesbiana, Sandra Barneda. Sin embargo, suele resultando interesante lo poco influyentes que son las lesbianas (solo hay tres en la lista), o mejor dicho: lo discretas que siguen siendo las mujeres homosexuales. 

Precisamente, hace unos meses acabé de leer Retrato de un matrimonio, el excelente relato de la relación a tres bandas de Vita Sackville-West, casada con Harold Nicolson, con Violet Trefusis (1894-1972).

Trefusis era hija de Violet Keppel, amante del rey Eduardo VII de Inglaterra, además de bisabuela de la duquesa de Cornualles, Camilla Parker Bowles. Vamos, que Trefusis era como Sofía, la hija de Bárbara Rey pero en una versión algo más pulida…

Sackville también tuvo un breve affaire con Virginia Wolf y sirvió de inspiración para Orlando, una de sus mejores novelas. Pero, pese al arte literario de Wolf, su amante más destacada fue Violet Trafusis. El idilio entre las dos mujeres se prolongó durante más de una década y terminó cuando Nicolson reclamó a Vita que retornara a casa junto a sus dos niños.

Por su parte, Violet Trefusis continuó sus andanzas y en París, tuvo un sonado romance con la americana Winaretta Singer, una de las herederas del riquísimo inventor de la máquina de coser. A los 29 años, Singer contrajo matrimonio con el príncipe Edmond de Polignac, homosexual además de 30 años mayor que su esposa. La relación nunca se consumó, sin embargo la princesa Winnie, como la llamaban sus amigos, tuvo notorios devaneos amorosos con féminas sin que estos perjudicasen su posición social ni su mecenazgo de artistas como Satie, Poulenc o el propio Manuel de Falla.

Otra de las lesbianas poderosas de la época fue Natalie Clifford Barney, también estadounidense y multimillonaria, que mantuvo un idilio sáfico con una de las , o recurriendo a un término más hermoso: demimondaine, más famosas de Paris Liane de Pougy quien a su vez, posteriormente sería también princesa por su matrimonio con el príncipe Ghica. Se separarón pero nunca se divorciaron y la pizpireta Liane de Pougy acabó sus días en un convento cuidando niños con enfermedades de nacimiento. Otras de las muchas conquistas de Natalie Clifford Barney fueron la genial Dolly Wilde o la pintora Romaine Brooks.

Pero sin duda la lesbiana más conocida de la Rive Gauche parisina sería la escritora Gertrude Stein, pareja durante más de 25 años de Alice B. Tocklas, y anfitriona de uno de los salones más concurridos de París. Al contrario que Barney, Trefusis o Singer, Stein no era precisamente una beldad. Es célebre su conversación con Picasso cuando vio terminado al retrato que éste le había pintado:

                    “Picasso, no me reconozco”. Y el genio malagueño replicó bífido: “Ya te irás pareciendo con los años”.

Fueron y son muchas las mujeres, que además de ricas, poderosas o artistas, se definen como lesbianas. Pero, ¿por qué ahora los derechos parecen haber menguado las libertades? Los tentáculos del estado son tan largos (ya sea mediante registros, impuestos, o exenciones fiscales) que penetran en esa esfera excluyente y privada que debería guarecer a las parejas de cualquier orientación. Como dice el liberal Ron Paul, ningún poder estatal debería definir lo que es un matrimonio.

En unos meses Oprah Winfrey dejará su exitoso programa en manos de Ellen DeGeneres.

Ellen, encabeza esa lista, tan oficialista como la española, de lesbianas poderosas en EEUU. No debió ser fácil para ella hacer pública su homosexualidad pero eso no le ha impedido disertar sobre los derechos de los gays a contraer matrimonio con las hijas de George W. Bush o con el propio candidato republicano McCain. La orientación debería ser una cuestión totalmente irrelevante. Por eso, cuando Mary Cheney y su novia Heather Poe anunciaron que esperaban su primer hijo, la vástaga del vicepresidente durante la Administración Bush, sólo afirmó: “Este niño es una bendición, no un acto político”

Mi enhorabuena a Sandra Barneda. Es una valiente pero sobre todo, una gran periodista.

Si mañana pierde España, hablaremos de la relación entre la crisis energética (Carbonero) y del pinchazo inmobiliario (Casillas).

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/pasorevista/2010/06/28/lesbianas-poderosas.html

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