Prostitución callejera, polvorín vecinal

Prostitución callejera, polvorín vecinal

Vecinas del centro que apoyan a las discuten con Natividad Guerra. :: PABLO SÁNCHEZ / AGM

Los musulmanes dejan solos a dos vecinos en una concentración en la Serreta tras recoger firmas para echarlas del casco histórico

Una protesta contra las evidencia las múltiples divisiones ante un problema complejo
La prostitución callejera en la zona más degradada del casco histórico de Cartagena no sólo ha originado un desencuentro a nivel político entre el Ayuntamiento y la Delegación del Gobierno en la Región de Murcia a cuenta de si debe existir una ordenanza que regule esa actividad y quién debe convocar una Junta Local de Seguridad para coordinar a las policías local y nacional. También ha acentuado las divisiones entre los vecinos de la zona, donde los problemas derivados de la presencia de meretrices en la vía pública sigue causando sobresaltos en la convivencia. El último llegó ayer, durante una protesta contra las meretrices.
Cartagena ha saltado esta semana a los titulares de la prensa nacional por las denuncias de agresiones presentadas por prostitutas de la zona contra el imán de la mezquita del Monte Sacro, al que acusan de ahuyentarles a los clientes musulmanes por cuestiones religiosas.
A ello se han sumado las denuncias cruzadas por injurias y coacciones (al final han quedado en nada tras los fallos judiciales absolutorios) entre el imán y comerciantes musulmanes que tienen entre sus clientes a las meretrices. 
El nuevo problema es que ha rebrotado el choque entre otros vecinos. Unos exigen medidas para que las mujeres ofrezcan en lugares que no perturben la buena imagen y la tranquilidad del barrio, y otros que dicen que siempre han estado ahí y lo hacen por supervivencia. A su vez, hay comerciantes que no quieren perderlas como clientes de sus tiendas, y otros que las culpan de dañar el atractivo de la zona.
El final de una lucha
La escisión quedó evidenciada al mediodía de ayer, cuando los musulmanes que viven en el casco antiguo de Cartagena dejaron plantados a los representantes de la Asociación de vecinos Isaac Peral tras pedirles que convocasen hoy una concentración contra la prostitución en la zona.
Según informó Efe, los miembros de la mezquita Ennour, la más antigua de Cartagena, no asistieron a la concentración organizada muy cerca de las calles San Fernando y Las Beatas: junto a la iglesia de la Caridad, en la calle Serreta.
Después de recoger firmas contra las prostitutas callejeras, los musulmanes dejaron en la estacada al colectivo Isaac Peral, que ha tirado la toalla en su lucha por la dignificación del barrio.
La presidenta de esa asociación, Natividad Guerra, expresó su decepción por la ausencia de los musulmanes y porque el imán le dio como razón para no acudir que tenía un familiar enfermo. Decepcionada, Guerra lo vio como una excusa porque podían haber ido los numerosos fieles de la mezquita.
Patrullas en las esquinas
Guerra tampoco logró convencer a otros vecinos, porque sólo otro miembro de su asociación fue a la cita. Ella lo achacó al «miedo a las represalias» por parte del entorno de las prostitutas.
La protesta, sin pancartas, tuvo lugar en medio de un dispositivo de seguridad organizado por la Policía Nacional mediante varias patrullas. Algunas vecinas reprocharon a Guerra su apoyo a la comunidad musulmana. Le hicieron ver que «prostitutas ha habido siempre en el casco antiguo de Cartagena», y según Guerra le insultaron y amagaron con agredirle.
Las defensoras de las meretrices afirmaron que durante dos o tres semanas musulmanes han formado patrullas antiprostitutas en las esquinas de dos o tres calles, y eso intimidó a todos los residentes.
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One Response to Prostitución callejera, polvorín vecinal

  1. asturiano says:

    Por como van desarrollándose estas informaciónes a mí lo único que me parece es que los políticos de la administración o administraciones con competencia en la materia, son unos perfectos inútiles y unos caraduras que están delegando sus funciones en no se sabe quien [¿quizás en algún colectivo vecinal?]. Este problema tendría fácil solución si esos políticos se sentasen a hablar con las partes en conflictos y a partir de ahí, en virtud de la autoridad que tienen para adoptar medidas en relación al problema, tomaran unas pocas decisiones.

    El espacio público es de todos y las ‘mujeres oferentes en medio abierto’ tienen todo el derecho a estar en cualquier calle y en cualquier barrio de Cartagena cuando y como se les antoje a ellas; siempre y cuando no se salten alguna norma de convivencia fundamental (se me ocurre HIPOTÉTICAMENTE, a modo de ejemplo: armar ruido a altas horas de la noche o mostrar sus atributos físicos (pechos, nalgas…) a viandantes o a niñxs. Esta es una de las premisa de la que los políticos con competencia en este asunto deberían partir.

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