Lo que dicen las prostitutas

“A mí no me gusta ser . A nadie le gusta trabajar de esto, pero tengo que ganarme la vida”, dice Sara, rumana y de 39 años, mientras espera la llegada de algún cliente en la calle Iplacea. Como a ella, a ninguna le gusta ofrecer su cuerpo, pero todas cuentan vivir en circunstancias que se parecen. “Tengo tres hijos y estoy divorciada desde hace muchos años. Mi marido se portaba muy mal con nosotros. Antes he trabajado en muchas cosas: en Rumanía estuve en el ejército, aquí he trabajado de pescadera… Pero ahora no puedo encontrar otro trabajo, y no me voy a poner a robar para comer, ¿no?”. 

Como Sara, la mayoría son madres. Algunas, además, cuentan con otras cargas familiares, o tienen que enviar dinero a sus países. “Tengo un hijo y mi madre está enferma. Le mando dinero todos los meses, piensa que tengo un trabajo normal. Si empiezan a poner multas y no nos podemos dedicar a esto, creo que me iré a Italia, a buscar un trabajo de otro tipo”, dice Diana. “Les mando dinero todos los meses, 200 o 300 euros, cuando puedo enviarles tanto. Busco otro trabajo todos los días, pero no hay. Y si lo hay, no te pagan más de 700 euros. Y yo no puedo vivir y mandarles dinero ganando eso”, cuenta Mihaela. Lleva en España sólo diez meses, y dice que no sabe cuánto tiempo estará aquí, si tiene que dedicarse a otra cosa. 

Algunas mujeres, como Tatiana, una travesti ecuatoriana de 41 años, nunca se han dedicado a otra cosa más que a la prostitución. “Trabajo en esto porque tengo que enviarle dinero a mi madre. Es la obligación de cualquier hijo ayudar a su madre, ¿no?”. Otras, sobre todo las más jóvenes y las que menos tiempo llevan en España, no piensan dedicarse siempre a esto. Lo hacen como algo temporal, y porque, según afirman, no han podido encontrar otro trabajo y necesitan el dinero. “Empecé a trabajar en esto porque llegue a España hace siete meses, y no tengo papeles, ni tengo estudios, y cuando llegué no hablaba nada de español”, explica Alina, desnuda de cintura para arriba, esperando llamar la atención de algún conductor en la calle Iplacea.   

A veces sienten inseguridad, y alguna afirma haber sido víctima de agresiones. Trabajan en condiciones insalubres, sin apenas higiene y en polígonos y calles en los que habitualmente se acumula la basura que generan y clientes. Algunas tienen además, como reclamo, el sin protección. Dicen que esto no es vida, y muchas querrían cambiarla. Y algunas tendrán que hacerlo dentro de unos meses.

“Entiendo que haya vecinos en algunos sitios de Madrid que se molesten porque las prostitutas trabajan en mitad del barrio. Pero creo que aquí no molestamos a nadie, sólo hacemos nuestro trabajo”, dice Tatiana, mientras espera junto a una farola en un polígono industrial cercano a la rotonda de Arganda. Ella, profesional del sexo desde hace 25 años, desde que vivía en Ecuador, tiene como referencia el Barrio Rojo de Amsterdam, en el que las mujeres pueden exhibirse y ofrecer sus servicios previo pago de unas tasas, en función del espacio del que dispongan, y cuentan con atención sanitaria. Otras mujeres se quejan de la futura prohibición, pero si tienen que abandonar la calle no estarían dispuestas a trabajar en un club de : aseguran que cobrarían mucho menos y que existen otros inconvenientes. Eso, en lo que respecta a las que pueden decidir qué hacer con su vida, porque no trabajan para un que las obligue a y a entregarle el dinero que ganan. 

“En la calle muchas chicas tienen chulo, alrededor del 80%. En los clubes es al contrario, casi todas lo hacen porque quieren”, dice una de las mujeres que se exhiben a las afueras de Alcalá. Antes de trabajar en la calle ella probó suerte, como muchas otras de sus compañeras de profesión, en un local de alterne. Las condiciones son mucho más higiénicas, porque al menos tienen agua corriente. Pero afirma que uno de los peligros con que se encuentran en los locales es acabar con una adicción a la cocaína. “No te obligan a tomarla, pero la tienes siempre a mano, y muchas chicas acaban enganchadas. A mí ya me pasó, y no quiero volver ahí más”, cuenta. “Ganas mucho menos que en la calle, y tienes que pagar 70 euros al día por la cama”, afirma Alina. “Y muchos clientes van a tomarse una copa, hablan contigo y te tocan, pero al final no quieren nada”, añade su compañera Sara.     

Algunas ni tan siquiera conocen la situación legal de la prostitución en España. Bastantes han oído hablar de la futura ordenanza municipal, pero algunas no saben si ha sido ya aprobada o no, cuándo podría empezar a funcionar, el importe de las sanciones o quién las multaría.

La mayoría no entra a criticar la ordenanza, pero reclama   un espacio donde poder ejercer; argumentan que la prostitución va a seguir existiendo mientras los clientes continúen demandando sus servicios. “Si nos multan por estar trabajando en la calle, yo no tengo problema en buscar otro sitio. También ahora tengo clientes que me piden el teléfono para ir con ellos a su casa o a otro lugar”, asegura Tatiana.

http://www.diariodealcala.es/articulo/general/3667/lo-que-dicen-las-prostitutas

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4 respuestas a Lo que dicen las prostitutas

  1. icaro69 dijo:

    Lo que más miedo genera no es lo que dicen.

    Es lo que callan.

  2. Consejero dijo:

    No entiendo porque está mal visto que las mujeres sean putas o actrices porno.

    Con las prostitutas que he estado siempre es por el dinero rápido. No es por vocación.

    Aunque la que trabaja de basurera tampoco es por vocación.

    Yo pienso que es una oportunidad para ganar dinero rápido y salir de algún bache económico.

    Algunas cuando lo dejan se arrepienten de haberlo sido. Aunque peor es robar.

  3. Cliente X dijo:

    ¿Y qué crees que callan, Icaro?

  4. icaro69 dijo:

    Todos aquellos secretos, todas aquellas historias de los que desean que no digan que su boca es suya, y sólo… suya.

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