
Los que os hayáis molestado o interesado en leer el artículo de Nina Hartley del que hablamos en el anterior ‘post’, habréis comprobado como la veterana actriz porno recomienda el buen uso de las manos y las caricias para ser un buen ‘súper semental’. Ella lo explica de una manera muy gráfica y un tanto gruesa, con continuas referencias a su ‘pussy’ y demás zonas erógenas. No en vano, aunque tenga pinta de distribuidora Avon, esta señora siempre se ha dedicado al mundo del porno. O sea, que sutilezas las justas. En cualquier caso, resulta llamativo como una mujer tan acostumbrada al ‘pan, pan, vino, vino’ reclama el uso de las caricias para hacer de las relaciones sexuales algo explosivo. Si lo dice otro, la gente le llama de todo y le pone de flojo para arriba. Si lo recomienda Nina, es muy probable que más de uno se tome un poco en serio la cosa.
Está claro que con la vida que llevamos la mayoría, intentar convertir cada uno de nuestros encuentros sexuales en un cuento de las mil y una noches resulta cómico. Si no tienes dónde poder gozar del sexo de una manera tranquila (o sea, conformarse con un coche, un portal o la tapia de un cementerio), la economía de medios lleva consigo una merma del placer sensorial. Sí, ya sé que es muy probable que algunos de vosotros seáis unos genios a la hora de convertir vuestro Seat León en un templo de la lujuria (hay gente muy mañosa, qué duda cabe), sin embargo no es algo muy habitual. Por otro lado, el hecho de tener sitio no siempre garantiza una vida sexual especialmente desbocada. El estrés, los niños que no se duermen, tener que madrugar y otras desgracias domésticas conllevan una vida sexual tirando a rancia. Si a esto sumamos la excesiva atención que prestamos a nuestros genitales en detrimento de otras partes de nuestro cuerpo, sobre todo la piel, el panorama no es muy halagüeño que digamos. Sin embargo, todo tiene arreglo.
El sexólogo sevillano Manuel Lucas Matheu ha publicado el libro ‘Sed de piel’ (Ed. Psimática) en el que ha estudiado más de 66 culturas diferentes y ha llegado a la conclusión que deberíamos tocarnos más, no sólo para teñir de sensualidad nuestras relaciones sexuales sino con el objetivo de ser mejores personas. Según el profesor, aquellas sociedades que usan la caricia sin tapujos son menos agresivas que las que centran su sexualidad en los genitales y la represión. Experimentar con el cuerpo y estimular nuestro segundo órgano sexual más importante, después del cerebro, es una asignatura pendiente también en España. En principio, nuestra ascendencia latina y mediterránea siempre ha comportado que seamos un pueblo muy tocón y con la vista en los dedos, aunque la tradicional represión sexual y, en los últimos tiempos, cierta mimetización con otras culturas más austeras en las demostraciones de afecto o deseo, ha provocado que cada vez seamos más parcos en caricias, achuchones y alegrías epidérmicas.
Como sucede con (casi) todo, nadie nace enseñado y la única manera de aprender a obtener y dar placer usando nuestras manos es simplemente haciéndolo. De buenas a primeras, romper barreras psicológicas o tener la paciencia (o el tiempo) de no dejarse llevar por las prisas y recurrir a la penetración de manera inmediata comporta algo de esfuerzo. A lo largo de mi trayectoria sexual (trabajo de campo, vamos), me he encontrado de todo: gente que te acaricia como si fueras un perrito y le hubieras traído una pelota de tenis en la boca (moviendo el rabo, por supuesto); personas que aprietan y machacan las carnes como si fueras un lomo de cerdo; aprendices de masajista con más voluntad que maña; gente que te aparta las manos porque les haces cosquillas… En fin, que el repertorio es variado pero casi siempre insatisfactorio. Para ambas partes. En el libro de Manuel Lucas podemos aprender, al menos de manera teórica, cómo usar nuestra piel de una manera sexual sin necesidad de centrarnos única exclusivamente en nuestros órganos sexuales.
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/camaredonda/2010/08/25/caricias-y-sexo.html








