Juzgan a una banda por explotación sexual a extranjeras en un prostíbulo

Los acusados negaron las coacciones y amenazas a las jóvenes así como que las obligaran a en s´Arenal

Los tres acusados, sentados en el primer banco, ayer en la Audiencia Provincial de Palma.

Los tres acusados, sentados en el primer banco, ayer en la Audiencia Provincial de Palma.  Foto: B. P
 La Audiencia de Palma inició ayer el juicio contra una banda que presuntamente se dedicó en el año 2006 a la explotación de jóvenes extranjeras de Europa del Este que eran captadas en sus países de origen con falsas promesas de trabajo para luego prostituirse prácticamente las 24 horas del día en un en s´Arenal y en otro local de la ciudad. Los acusados, un hombre y dos mujeres, negaron de forma tajante los cargos ante la sala. Todos ellos descartaron haber coaccionado, amenazado y obligado a las chicas a ejercer la prostitución bajo una condiciones laborales muy precarias. Según su versión, en el establecimiento de s´Arenal, conocido como Casa Nikita, situada en la calle Juan Llabrés, las mujeres se prostituían libremente, ya que disponían de una llave y podían entrar y salir de la vivienda cuando ellas quisieran.
La organización se enfrenta a una petición total de condena por parte de la fiscalía de 41 años de prisión. Los procesados están acusados de un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros y otro relativo a la prostitución. Además, uno de los sospechosos también está imputado por un delito de detención ilegal, ya que presuntamente retuvo en su piso de Palma durante tres días a una de las víctimas que procedía de Rusia. El hombre alegó que nunca le privó de la libertad y que la dejó quedarse a vivir en su casa, en la calle Manacor, durante una semana.
La fiscal también reclama la clausura definitiva del establecimiento Casa Nikita, en s´Arenal, en el que la Policía Nacional realizó una redada en el verano de 2006. Según la tesis de la acusación, los tres procesados se lucraban con el ejercicio de la prostitución que desempeñaban las chicas. Los sospechosos presuntamente controlaban, vigilaban e incluso llegaron a intimidar a las chicas. Una de ellas fue captada en Rusia y luego la trasladaron a Palma en barco estando narcotizada, según la fiscalía. Una vez en la isla, estuvo retenida tres días en un piso, se le retiró el pasaporte y fue obligada a prostituirse.

Con una acompañante

Todos los acusados negaron esta versión y explicaron que la chica acudió a la en compañía de otra joven. Una de las imputadas dijo que la mujer en un principio explicó que era lituana, si bien en la Policía se enteró de que era rusa o ucraniana.
La encargada de la casa de citas Nikita recordó que la víctima le había entregado una fotocopia de su pasaporte porque tenía miedo que la otra joven le robara su documentación. La sospechosa indicó que estuvo trabajando en el establecimiento cuatro años. Su horario laboral era de lunes a viernes de once de la mañana a nueve de la noche, la misma franja en la que el prostíbulo estaba abierto al público. La mujer manifestó que en la vivienda residían entre tres y cinco chicas, ya que disponía de tres habitaciones, dos de ellas dobles. Según su versión, las jóvenes únicamente pagaban entre 30 y 50 euros al día por el alquiler de la casa y así poder vivir allí.
La encargada de Casa Nikita destacó que no recibía ninguna cantidad ni comisión por los servicios de las mujeres. Según relató la responsable de la casa de citas, el precio por un servicio básico de media hora era de 60 euros y los clientes pagaban a las chicas directamente. La empleada, que fue detenida a finales de septiembre de 2006, mantuvo que su sueldo era de 1.200 euros al mes y que ella siempre estaba en la casa trabajando. La mujer negó controlar a las chicas, impedirles salir de la vivienda y acompañarlas a otro bar de Palma para que siguieran prostituyéndose. Según su versión, “todas eran libres, tenían su llave y entraban y salían cuando querían”.
Otra encausada, que dijo que trabajaba para Casa Nikita contratando la publicidad en los periódicos, actualizando una página web y contestando a las llamadas de teléfono de clientes alemanes e ingleses, explicó que las chicas también hacían salidas a través de una agencia “ Services”. A través de esta sociedad, sí concertaba citas con los clientes. Esta mujer también coincidió con la encargada del prostíbulo al destacar que no se privó de la libertad a ninguna joven. Por último, el hombre acusado negó haberse lucrado con el negocio de la prostitución. Según su versión, acogió en su domicilio en el verano de 2006 a una chica rusa que buscaba trabajo y cuando le dio problemas, la echó de casa y esta le amenazó.

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